Hay cenas que se planean con semanas de antelación y cenas que se planean con veintidós horas de pánico, y Persefoni Sprouse descubrió esa tarde que la segunda categoría tiene la ventaja de no dejar tiempo para arrepentirse, aunque sí para cambiarse de ropa una cantidad de veces que en cualquier otro contexto habría sido motivo de preocupación clínica.
Había vuelto de la casa de la colina en el mismo taxi de bigote cano, que ya "estaba pagado", y durante todo el trayecto había mantenido la cara pegada a la ventanilla, observando cómo los cipreses daban paso a las avenidas y las avenidas a los edificios, mientras en su cabeza se repetía, como un disco rayado, la frase de Eugenia: dale unas semanas, deja que se enamore del problema antes de enterarse de que es un problema. Era una frase hermosa. También era una frase profundamente inmoral, y Persefoni, que tenía una relación complicada pero sincera con la moral, llevaba diez kilómetros intentando decidir en qué categoría archivarla.
—Es un consejo de una mujer mayor y sabia —se dijo en voz baja.
—¿Perdone? —preguntó el conductor.
—Nada, hablaba sola. Es un hábito.
—Mi mujer también. Dice que así se escucha mejor.
—Tiene razón.
—Siempre la tiene. Es lo más fastidioso del matrimonio.
Persefoni sonrió contra el cristal. Era la segunda persona en dos días que le hablaba del matrimonio con aquel tono de resignación feliz, y empezó a sospechar que el universo, a falta de ideas, le estaba soltando indirectas con la sutileza de un martillo.
Al llegar al apartamento encontró a Daliah y a Marnie sentadas en el suelo del salón, con las piernas cruzadas y una tabla de quesos entre las dos, mirándola con la intensidad de dos tribunales. Sobre la mesita había una cartulina enorme en la que alguien había escrito, con rotuladores de colores, la palabra OPERACIÓN SOPA, subrayada tres veces y adornada con un dibujo que quizá fuese un cuenco o quizá un sombrero.
—Siéntate —ordenó Daliah.
—Acabo de llegar.
—Siéntate y cuéntalo todo. Con detalles. Sin censura.
—Tengo que ducharme.
—Después.
—Tengo que decidir qué ponerme.
—Eso es parte de la operación. Siéntate.
Persefoni se sentó. Marnie le puso en las manos un trozo de queso, y ella lo mordió con aire ausente mientras contaba, en orden más o menos cronológico, lo del invernadero, las orquídeas, las preguntas de Eugenia, el reloj, el espía llamado Orson, el consejo inmoral y la llamada. Cuando llegó a la parte del restaurante con el camarero poeta, Marnie soltó un chillido de entusiasmo y se tapó la boca con las manos.
—¡Una cita!
—No es una cita.
—Una cena con sopa. A las ocho. Con un hombre guapo.
—Una cena de negociación. Con sopa.
—Con velas.
—No ha dicho nada de velas.
—Siempre hay velas. Es una ley de la física.
—Marnie, concéntrate —cortó Daliah, que tenía los ojos puestos en la cartulina—. Lo importante es la estrategia. Tú has recibido una instrucción de una anciana con dinero, poder y un historial de espionaje doméstico. Una instrucción que consiste en ocultar a un hombre que va a ser padre el hecho de que va a ser padre.
—Dicho así suena horrible.
—Dicho de cualquier manera suena horrible. Y sin embargo...
—Y sin embargo —repitió Persefoni, con un suspiro.
—Y sin embargo, tiene cierta lógica perversa.
Persefoni la miró con alivio y con horror a la vez.
—¿Tú también lo crees?
—Creo que Eugenia Lugo es un genio del mal. Y creo que un genio del mal con buenas intenciones es lo más peligroso que existe, pero también lo más útil. —Daliah se frotó la barbilla—. Escucha. El tipo te ofreció un cheque. Tu primera reacción al decirle que estás embarazada, con él en modo corporativo, habría sido un contrato. Con cláusulas. Y con visitas supervisadas.
—Ya lo sé.
—Si lo conoces un poco más, si ves cómo es cuando no lleva el traje de acero, tendrás un panorama más claro. Tú misma lo has dicho: ayer se rió. De verdad. No esa sonrisa de portada.
—Se rió con ganas.
—Entonces hay alguien dentro. Y mejor averiguar cuánto de ese alguien hay antes de anunciarle que se va a convertir en padre.
—Pero no quiero mentirle.
—No mientas. Omite. Hay una diferencia.
—Eso mismo dijo Eugenia.
—Es que tenemos la misma mente criminal.
Marnie levantó la mano con timidez.
—Yo opino que tiene que contarle lo del bebé en la primera cita y que él se emocione muchísimo, y que se arrodille con un anillo, y que lloren los dos, y que los camareros aplaudan.
—No hay anillo.
—Siempre hay un anillo.
—Marnie.
—Perdón.
Se pasaron la siguiente hora elaborando lo que Daliah llamó "el protocolo de la sopa", una lista de normas que Persefoni anotó con diligencia en la libreta mostaza bajo el título "REGLAS DE LA CENA". Regla uno: no beber nada que contuviera alcohol, ni siquiera por cortesía. Regla dos: no mencionar la palabra "lenteja", bajo ninguna circunstancia, ni como verdura ni como apelativo. Regla tres: no discutir de política, de cine ni de piña en la pizza, por motivos históricos. Regla cuatro: si las náuseas llegaban, retirarse con elegancia al baño y no volver a salir hasta que hubiese pasado el peligro. Regla cinco, añadida por Marnie con una sonrisa radiante: no enamorarse.
—Eso no es una regla —protestó Persefoni.
—Es la más importante.
—No se puede aplicar una regla sobre algo que no se controla.
—Ahí está la gracia.
Persefoni la tachó. Después, con aire grave, volvió a escribirla debajo, más pequeña, como quien reincorpora a un empleado despedido por falta de alternativas.
A las siete menos cuarto, cuando estaba plantada delante del armario con las manos en las caderas y la mirada de un general que contempla una batalla perdida, descubrió que el vestido color vino ya no le parecía adecuado, que el negro le apretaba en la cintura de un modo que antes no existía, y que la blusa verde, la que siempre había considerado su mejor prenda, de pronto tenía un cuello que le molestaba, aunque no sabía exactamente por qué. Probó, desechó, probó otra vez. A las siete y diez, Daliah entró en el cuarto con un montón de ropa entre los brazos.
#870 en Novela contemporánea
#782 en Otros
#338 en Humor
comedia romántica. romance ardiente., comedia romance dulce, romancebebecomedia
Editado: 29.10.2026