–Mazie… Hola, Mazie.
La voz de Gina la devolvió al presente.
–Lo siento, estaba sumida en mis pensamientos.
–En J.B., ¿verdad? Estabas a punto de contarme por qué detestas a ese hombre después de tantos años y por qué no quieres venderle este edificio a pesar de que te ofrece tres veces su valor.
Mazie tragó saliva, olvidándose del pasado.
–Me rompió el corazón cuando éramos adolescentes y se portó muy mal. Así que sí, no quiero ponérselo fácil.
–No estás siendo razonable. Olvídate del dinero. ¿Acaso no te ha ofrecido también otros dos locales en una ubicación privilegiada para nuestra tienda? ¡Está dispuesto a hacer un intercambio! ¿A qué estás esperando, Mazie?
–Quiero hacer que se arrastre.
J.B. había comprado todos los metros cuadrados en una franja de dos manzanas cerca de Battery. Tenía planeada una impresionante rehabilitación en aquella zona de la ciudad, respetando las normas de conservación del patrimonio histórico de Charleston. A nivel de calle estarían los comercios, siguiendo el típico estilo sureño. Sobre ellos, la idea de J.B. incluía lujosos condominios y apartamentos, algunos de ellos con vistas al puerto. Lo único que se interponía en los planes de J.B. eran Mazie y su local.
Gina agitó la mano ante la cara de Mazie.
–Baja ya de la nube. Puedo entender que quieras vengarte del tormento de tu juventud, pero ¿de veras te vas a cerrar en banda?
–No estoy segura de querer vendérsela. Necesito tiempo para pensar.
–¿Y si la agente inmobiliaria no te vuelve a llamar?
–Lo hará. J.B. nunca se da por vencido. Es una de sus virtudes y también la más detestable.
–Espero que tengas razón.