Culpa al Corazón

Capitulo 7

Era cierto. Mazie era la dueña y directora del negocio. Además de Gina, había dos empleadas a tiempo completo y tres a tiempo parcial.

–Entonces, vámonos. He aparcado en una zona de carga y descarga.

–Ve tú delante. Mándame un mensaje con la dirección y estaré allí en quince minutos. Tengo que recoger el abrigo y el bolso.

–Puedo esperar –replicó frunciendo el ceño.

–Prefiero ir en mi coche, J.B.

Se quedó mirándola con los ojos entornados y se cruzó de brazos.

–¿Por qué?

–Porque quiero, por eso. ¿Temes que no vaya? Te he dicho que iría y lo haré. No le des más importancia de la que tiene.

Apretó la mandíbula. Parecía a punto de decir algo, pero no dijo nada.

–¿Qué? –susurró ella.

J.B. sacudió la cabeza con gesto sombrío.

–Nada, Mazie, no pasa nada –dijo sacando el teléfono del bolsillo–. Te mandaré la dirección y allí nos veremos –añadió escribiendo con impaciencia un mensaje.

J.B. debería sentirse eufórico.

Había superado el primer obstáculo. Por fin había convencido a Mazie Tarleton para que echara un vistazo a otro local para su joyería. Había dado un gran paso, mucho más de lo que la agente inmobiliaria había conseguido en doce semanas. Aun así, estaba impaciente. Estar cerca de Mazie era como estar manipulando una granada.

Nunca nada había sido fácil con Mazie. Se entretuvo paseando por Queen Street, frente al local, rezando para que apareciera. Cuando vio aparecer su Mazda Miata, sintió alivio.

Después de aparcar, se bajó y cerró el coche con el mando. Estaba acostumbrado a verla con ropa informal, pero en aquel momento llevaba una falda ajustada y una blusa de seda blanca, lo que le daba el aspecto de la rica heredera que era.

Tenía las piernas largas y caminaba con seguridad. La tarde estaba ventosa y se había puesto un abrigo negro que le llegaba a medio muslo. Parecía dispuesta a comerse el mundo.

Se quedó observándola mientras guardaba las llaves en el bolso y caminaba hacia él. Se puso una mano a modo de visera sobre los ojos y levantó la mirada. Él dirigió la vista en la misma dirección. Arriba, sobre la fachada de piedra, se leía el año en el que se había levantado el edificio: 1822.

–Ha estado alquilado hasta hace tres meses a una compañía de seguros –dijo él sin esperar a que le preguntara–. Si crees que puede servirte, mandaré que lo limpien y organizaremos rápidamente la mudanza.

–Quisiera ver el interior.

–Claro.

Se había asegurado de no hubiera inconvenientes, nada de olores extraños ni pintura descascarillada. Lo cierto era que el edificio era una joya. Se lo habría quedado para él si no fuera porque necesitaba desesperadamente algo con lo que tentarla.

Durante años había intentado enmendar sus errores de juventud. Llegar a ser un respetado empresario en Charleston había sido muy importante para él. El hecho de tener que tratar con Mazie y con aquella atracción tan inoportuna lo complicaba todo. Había aprendido por las malas que la atracción sexual podía cegar a un hombre.

–Fíjate en los techos –dijo él–. Este sitio fue un banco. Aquí estaban los cajeros.

Mazie puso los brazos en jarras. Lentamente se volvió, estudiando cada rincón, e hizo alguna foto con su teléfono.

–Es precioso.

Era evidente que hacía aquel comentario a regañadientes, pero al menos estaba siendo sincera.

–Gracias. Por suerte pude comprarlo. Tuve que ahuyentar a un tipo que estaba interesado en montar un minigolf de interior.

–Estás de broma, ¿no?

–No. Creo que nunca habría obtenido los permisos, pero ¿quién sabe?

–¿Decías que había zona de almacenaje?

–Ah, sí. Hay un sótano pequeño abajo, pequeño, pero agradable. También hay espacio en el piso de arriba, y lo mejor de todo es que hay una cámara acorazada. Tendrá que venir un experto para ponerla operativa de nuevo. Lo importante es que tendrás donde guardar las piezas más valiosas cuando cierres la tienda.

Cuando le enseñó la cámara acorazada, haciéndose a un lado para que entrara, Mazie arqueó una ceja.

–Un poco exagerado, ¿no te parece? No necesito tanto espacio para mis joyas.

Él la siguió al interior.

–No por cómo lo estás haciendo. Has estado metiendo y sacando las piezas una a una cada mañana. Si usas las estanterías de esta cámara, podrás traer bandejas enteras cada noche y ahorrarte mucho lío.

–Cierto.



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En el texto hay: pasion, romance, drama

Editado: 14.03.2026

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