Culpa al Corazón

Capitulo 9

Mazie reparó en que J.B. parecía tenso.

–¿Estás bien? –preguntó, acercándose para ponerle una mano en la frente.

Esperaba sentir que tenía fiebre, pero estaba gélido. Para su sorpresa, no se apartó al sentir su roce ni protestó.

–Estoy bien.

–No, no estás bien –dijo tomando su rostro entre las manos–. Dime qué te pasa. Me estás asustando.

–Soy claustrofóbico. Tal vez necesite que me abraces.

Ni pensarlo. El pulso se le paró. Entonces, recordó. Cuando J.B. tenía ocho años, se había metido en una vieja nevera mientras jugaba al escondite en un vertedero y había estado a punto de morir. Aquel episodio lo había traumatizado. Sus padres le llevaron a un psicólogo pero algunas heridas eran difíciles de sanar.

Le acarició el pelo mientras trataba de convencerse de que estaba siendo amable con él y no deleitándose con su contacto.

–Ya verás como todo sale bien. Estoy contigo, J.B. Quítate la chaqueta y sentémonos.

En un principio pensó que no había procesado lo que le había dicho. Pero después de unos instantes, él asintió con la cabeza, se quitó la chaqueta y se deslizó por la pared hasta quedarse sentado con las piernas estiradas. Luego, suspiró.

–No voy a desmayarme –murmuró.

–No pensaba que fueras a hacerlo.

Se sentó junto a él. Su falda era un obstáculo, pero se la subió hasta los muslos y consiguió que no dejara demasiado al descubierto.

Por lo que pareció una eternidad no se dijeron nada. J.B. tenía las manos sobre los muslos, con los puños apretados. Respiraba agitadamente.

Mazie decidió distraerle.

–¿Cómo están tus padres? –le preguntó.

J.B. resopló y la miró de soslayo.

–¿De veras, Mazie? ¿Estoy al borde de un síncope y eso es lo único que se te ocurre?

–No te has desmayado –dijo ella–. Estás bien.

Tal vez si lo hubiera dicho con más convicción habría logrado que la creyera. Estaban sentados rozándose los hombros y las caderas, separados por apenas unos centímetros. Hacía siglos que no tenía a J.B. tan cerca. Estaban lo suficientemente próximos como para percibir el aroma de su colonia mezclado con su propio olor. El estómago le dio un vuelco. J.B. era peligroso. Por eso era por lo que solía guardar las distancias.

Cuando alzó la vista al techo, vio unas pequeñas rejillas de ventilación. No había peligro de asfixia. Aun así, la reacción de J.B. era comprensible. Se le puso la piel de gallina ante la idea de quedarse allí encerrados por horas.

J.B. estaba concentrado en no dejarse llevar por su fobia, así que cualquier intento de conversar debía iniciarlo ella. El problema era que conocía a J.B. demasiado bien, aunque no lo suficiente.

Charleston no era tan grande. En cualquier acto benéfico, estreno o exposición, toda la élite de Charleston se reunía. A lo largo de los años, Mazie había visto a J.B. elegantemente vestido en muchas ocasiones y, por lo general, con una atractiva mujer del brazo. Nunca era la misma mujer, pero aun así…

Dado que era muy amigo de Jonathan, también lo había visto medio desnudo en un velero, en la cancha de baloncesto y en la playa. Si se esmeraba, sería capaz de recordar las muchas veces que había estado cerca de J.B. sin intercambiar dos palabras con él.

Era por su propia elección y, seguramente, por la de él también. Había sido inexplicablemente cruel con ella en un momento muy delicado de su vida y desde entonces lo había odiado.

Allí estaban, encerrados sin saber hasta cuándo.

El suelo de baldosas estaba duro y frío. Dobló las rodillas y se las acercó al pecho para abrazarlas. J.B. estaba justo a su lado y probablemente no se fijaría en su falda...



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En el texto hay: pasion, romance, drama

Editado: 14.03.2026

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