Culpables de un amor prohibido

1. Evelyn Ross

con ocho años Mis padres había muerto en un acidente automovilístico que lo había provocando un padre de la iglesia . Desde ese día mi vida cambio por completo igual que mi manera de ser . Mis abuelos maternos y paternos me cuidaron

11 años después

En la academia de medicina empezaba a las cinco de la mañana para prepararme y salir a las seis. las condiciones de tráfico están entre las peores del mundo, así que si salía después de las seis no llegaba a tiempo a mi clase . Por lo general . Mi profesora Betina cott me enseñaba a como poner un inyección Agarre el músculo en el área con los dedos pulgar e índice. Con firmeza, coloque la aguja en el músculo recto hacia arriba y abajo en un ángulo de 90 grados. Empuje el medicamento en el músculo. Retire la aguja en línea recta. La profesora Betina cott me felicitó por mi gran esfuerzo al terminar las clases .

Llegó a mi casa me baño y me pongo a pensar quien será el desgraciado que quería asesinar a mis padres entre tantos pensamientos caotico y misterioso . Salgo del Baño me pongo la pijama me ciento en la cama con mi computadora buscado algo que se relacione con el causante de la muerte de mis padres no hay rastro de las muerte de mis padres rencorosa y entristecida me acuesto sin comer

Al día siguiente me levanto muy mal con dolores de cabeza agarro mi teléfono llamo a mi abuela para que venga a cuidarme cuando termino la llamada pienso que talvez estuviera así llaque me avía acostado sin comer entre tantos pensamientos decido llamar a la profesora Betina cott

Betina .

Buenos días algún problema o dudas

Evelyn .

Si profesora Betina cott me levanté enferma no podré asistir hoy a la academia de medicina

Betina

Entiendo espero que te recuperes pronto avísanos si no es nada grave

Evelyn .

los mantendré informados chao profesora Betina

En la casa tocan el timbre me acerco a ver quién es recibo a mi abuela le confesé que talvez me sentía mal por qué la otra noche me acosté recorosa , entristecida y sin comer me responde mi abuela Debería de tan siquiera comer un poco le respondo hay abuela quisiera encontrar a desgraciado que mato a mis padres

Mi abuela no dice nada por un mini segundo me responde no hablemos de esto ahora para no entristecer mi día recordado esa tragedia que guardo en mi corazón le respondo abuela tengo que salir un momento a comprar varias cosas me responde entiendo mi niña yo viene para saber cómo te sentías Cuando se va mi abuela decido pararme de la cama me sentía un poco mejor pero me baño y me alistó para ir un momento a la tienda .

Romina 🍀🫂💗

Una vez sola, Evelyn se siente un poco mejor, se levanta, se baña y se alista para ir a la tienda. En el camino, recibe una llamada de su amiga Romina. Romina le confiesa que le mostró fotos escuela y que este se ha "enamorado" de ella, por lo que quiere presentarlos. Evelyn se molesta y reclama a Romina por haber hecho eso sin su consentimiento, mencionando que hay un "problema causante de todo esto". A pesar de que Romina insiste en que le dé una oportunidad, Evelyn se niega rotundamente y le ordena que le invente una excusa al chico y que no vuelva a hacer esas cosas sin consultarle. Romina se disculpa y Evelyn la perdona, pero le deja claro que no deben repetirse estos malentendidos. La llamada terminan

Justo después de terminar la llamada con Romina, soy interceptada por un grupo de mafiosos que intentan asaltarla. El intento de asalto es un fogonazo de violencia. No hay tiempo para reaccionar, solo para el instinto de supervivencia. Las palabras de los mafiosos, ásperas y cargadas de peligro, exigen mi bolso, y pertenencias, y mi tranquilidad. Pero en mis ojos , aún húmedos quizás por la conversación con Romina, se enciende una chispa diferente. No es miedo lo que siento, sino una furia fría y contenida, una rebeldía nacida de la impotencia de otros frentes de su vida No es suficiente el drama emocional que ya cargo, para que ahora me quieran arrebatar hasta lo material? La tensión es un puño apretado. El grupo la rodea, confiado en su superioridad numérica. Pero me . Subestiman el coraje de una mujer que viene de una conversación difícil, de una pelea que ya estaba librando en silencio.Los tipos me rodean, cada vez más cerca. Puedo sentir su aliento, su seguridad de que voy a doblegarme. Pero algo en mí se rompe y se recompone al mismo tiempo. No voy a ser víctima otra vez. No hoy.

Cuando uno de ellos estira la mano para arrancarme el bolso, mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza. Le clave las uñas en el brazo con toda la fuerza que tengo. El tipo grita, más por sorpresa que por dolor. Los otros se quedan paralizados un segundo, y en ese segundo me zafo. No sé si soy valiente o simplemente estoy harta. Harta de todo. Corro sin mirar atrás. Las calles pasan borrosas, los edificios son manchas grises. Mis tacones golpean el pavimento como disparos. Detrás escucho los pasos de ellos, los insultos, las amenazas. Pero algo me empuja a seguir, a no rendirme.

Doblo en una esquina y veo un edificio con la puerta entreabierta. Me lanzo sin pensar. Adentro está oscuro, huele a humedad. Me acurruco contra la pared, tapándome la boca para que no escuchen mi respiración agitada. Los pasos pasan de largo, sus voces se pierden a lo lejos. Y ahí, en esa oscuridad que me traga entera, caigo en cuenta de lo que acaba de pasar. Las piernas me tiemblan, las manos no me dejan de temblar. El corazón quiere salírseme del pecho. Pero sobrevivo. Una vez más, sobrevivo.Permanezco un largo rato en la oscuridad, inmóvil,

conteniendo hasta la respiración. Cuando estoy segura de que se han ido, salgo del edificio con las piernas aún temblorosas. La calle está desierta, iluminada apenas por farolas que parpadean. Cada sombra me parece una amenaza, cada ruido me hace acelerar el paso. Camino rápido, pegada a las paredes, mirando hacia atrás cada pocos segundos. El bolso lo aprieto contra mi pecho como si fuera lo único que me queda en el mundo. Las uñas las tengo rotas, llenas de sangre seca del brazo de aquel tipo. Me duele la mano, pero el dolor me recuerda que estoy viva, que luché. Doblo en mi calle y el corazón me da un vuelco al ver la puerta de mi edificio tan cerca. Rebusco las llaves con desesperación, se me caen al suelo una vez, dos veces. Las recojo mirando a todos lados. Finalmente logro abrir y entro como un disparo, cerrando detrás de mí con un golpe seco. Apoyo la espalda contra la puerta ya cerrada, con seguro puesto. El silencio del pasillo me envuelve, tan distinto al caos de hace minutos. Subo las escaleras porque no confío en esperar el ascensor. Cada escalón me pesa, pero necesito llegar. Cuando por fin abro la puerta de mi departamento y entro, todo el aire se me escapa de golpe. Estoy en casa. Estoy a salvo. Dejo caer el bolso al piso y resbalo por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Y ahí, en la seguridad de mi hogar, por fin me permito llorar.




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