Cumandra

Capitulo 3. El inicio de una amistad

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Lunes. 9 de octubre

Era por la tarde de nuevo, habían pasado un par de semanas desde que vio a Atenea. Como un buen caballero, sabía que mínimamente le debía un café por compartirle su comida. Las últimas semanas había estado bastante atareado con los asuntos de Cumandra. Hoy se podía permitir descansar y decidió aprovechar. Tayler se quedó esperando fuera de su aula, por si la veía salir. Y así fue.

Atenea salía de clase ese día la última. En su mundo personal, sus "amigos" se habían ido en el intercambio de antes sin decirle nada. Ella fue de las pocas personas que se quedó a dar clase de química. En el grupo que estaba también había algunos chicos, solo que no tenía demasiado relación y no hablaba apenas con ellos. Por lo que los chicos salieron delante sin percatarse de su presencia. Algo totalmente comprensible. Como solía hacer, echó una mirada al rellano. Sus ojos se detuvieron al ver a ese chico. Tayler la saludó con la mano. Ella se acercó.

—Buenas tardes Tayler— dijo Atenea.

—Buenas, al fin sales. Llevaba un buen rato esperando— dijo Tayler. Tenía un bolso de universidad en el lado izquierdo, color negro, donde guardaba sus apuntes.

—¿Esperabas por mí?— preguntó confusa Atenea.

—Si. Siento que te debo una comida completa por lo del otro día, pero si aceptaras un café, me sentiría menos culpable por haberte dejado con hambre en clase— dijo Tayler.

—Oh, no hace falta de verdad. No lo hice para obtener nada a cambio— dijo Atenea.

—Lo sé. Pero aun así, insisto— dijo Tayler—. Podríamos ir ahora si estás libre.

—Si, sin problema— dijo Atenea.

Tayler y Atenea caminaron hacia una cafetería que había frente a la universidad. Donde, además de un buen café, también tenían ricas tartas y dulces.

—Aquí tienen jóvenes, el latte Machiato y el café con leche— dijo el camarero mientras ponía ambas tazas sobre la mesa. Dejó también un par de trozos de tarta, una de zanahoria y una tres chocolates.

—Gracias— dijo Atenea. Ella tomó el café con leche y la tarta tres chocolates.

—Muchas gracias— dijo Tayler. Para él era el Latte Machiato y la tarta de zanahoria—. Bueno, de lo que estábamos hablando, dijiste que no eras de Jorvik, entonces ¿cómo acabaste aquí?

—Bueno, esta fue la primera universidad que me aceptó. Y también sabía que me vendría bien un cambio de aires— dijo Atenea— ¿Qué hay de tí?

—Yo soy de aquí. Jorvik es mi ciudad natal— dijo Tayler—. Vivo casi a las afueras.

—Entiendo. Yo vivo cerca del centro. En un piso compartido con 3 chicas más— dijo Atenea.

—¿Y qué tal te va conviviendo con ellas?— preguntó Tayler.

—Bueno, no son malas chicas, aunque con la limpieza solemos tener algún que otro conflicto. Una de ellas no suele limpiar mucho— dijo Atenea.

—Valla, que mal entonces. Oí que la mayoría de caseros no quieren chicos porque no suelen limpiar, pero ya veo que es cosa de chicas también— dijo Tayler.

—Sí, yo creo que depende de la persona, no del género. Pero sí, es un comentario muy extendido— dijo Atenea— ¿Qué tal está tu tarta?

—Está buena. Sabía que era una buena cafetería— dijo Tayler.

—¿Nunca has estado?— preguntó Atenea.

—No. Si tengo un hueco libre entre clases, mis amigos y yo solemos ir a la cafetería de la universidad— dijo Tayler.

—Entonces como yo. Pero no está nada mal el sitio. La verdad es que siempre quise venir aquí... Gracias por traerme— dijo Atenea

—Está bien. No fue nada— dijo Tayler—. Bueno, y además de los gatos, ¿que más te gusta?

—Pues el anime, y los videojuegos. Creo que era evidente la verdad— dijo Atenea y rio un poco mientras señalaba su sudadera.

—Ahora que lo mencionas, creo que sí lo es. También me gustan los videojuegos, aunque de anime entiendo poco. He visto alguno que otro en mis ratos libres, pero nada más— dijo Tayler—. Me gusta más jugar.

—Entiendo. A mí me encantan las dos cosas. ¿Cuál es tu videojuego favorito?— preguntó Atenea.

—Bueno, tengo muchos que me encantan la verdad. Es difícil elegir uno— Tayler lo medito por unos segundos—. Creó que es Call Of Duty III. Fue el primer videojuego que jugué, en casa de mi padrino. Todo lo que se de videojuegos es gracias a él, así que por eso diría que es mi favorito.

—Qué bonito. Yo no tuve la suerte de tener gente así en mi familia, por eso me ven como la rara, pero bueno, me alegro de que tú sí— dijo Atenea.

—¿Y el tuyo cuál es?— preguntó Tayler.

—Sonará algo básico, pero es el fornite. Fue el primero que jugué en mi portátil cuando tenía 11 años y es lo que siempre ha estado ahí para mí— dijo Atenea.

—No es básico. Está bien. Cada uno tiene sus gustos— dijo Tayler. Atenea sonrió.

—Me caíste bien Tayler. No esperaba encontrar a alguien más con quién tuviera cosas en común— dijo Atenea—. En mi grupo de la universidad sólo hay un chico al que le gusta esto... Y bueno, ahora, anda ocupado con su nueva novia y apenas habla conmigo de ello.

Ella suspiró un poco. En realidad no pasó así, pero sería más fácil de entender para Tayler. Él le miró algo triste.

—Son cosas que pasan a veces. La gente por desgracia es así... Tú también me caíste bien. Si te apetece podrías venir algún día a mi casa a jugar videojuegos— dijo Tayler.

—¿Enserio? Me encantaría la verdad— dijo Atenea algo emocionada—. Entonces, si no te importa, será mejor intercambiar números.

—Sí. Iba a decir lo mismo— dijo Tayler. Atenea le dio su teléfono con la agenda de contactos abierta para que se agregara. Lo mismo hizo Tayler.

—Listo— dijo Tayler—. Yo te avisaré. Con el trabajo a veces se me complica tener hueco, pero lo haré.

—Oh, no sabía que trabajabas también. Si no puedes no pasa nada, lo entiendo— dijo Atenea.

—No te preocupes. A mí también me gustaría quedar contigo más veces... Respondiendo a tu pregunta, si, trabajo, en turno de mañana. Solo que a veces me llaman también para ir por la tarde— dijo Tayler—. Urgencias que pasan.




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