Después de mandar a Ethan a su cama, se tumbó en el sofá. Usó un cojín como almohada y una manta para taparse. No hacía demasiado frío, por lo que con eso le sería más que suficiente. Debido a lo cansada que estaba, se durmió enseguida.
***
En su sueño, primero empezó oyendo voces y viendo todo blanco... Poco a poco la imagen se volvió más nítida y frente a ella, aparecieron varios jóvenes de uniforme amarillo jugando fútbol. Un chico de pelo castaño liso, también con uniforme amarillo, se acercó a ella. Atenea estaba sentada en un banco a la sombra.
—Toma— dijo el chico mientras le ofrecía una lata. El clima se sentía cálido, era verano.
—¿Es para mí?— preguntó Atenea sorprendida.
—Para quién sino... Vamos, tómala. Si no bebes algo con este calor, hasta un Demonio como tú moriría— dijo el chico. Atenea tomó la lata.
—Gracias— respondió.
—¡Chicos vamos a descansar!¡Traje bebidas!— gritó el joven.
El resto de chicos dejaron de jugar y se acercaron a él. Emocionados y felices, tomaron una bebida y se sentaron bajo la sombra que estaba Atenea a descansar.
—¿Qué opinas Atenea? ¿Crees que podremos ganar el partido?— preguntó un chico con gafas.
—Con esa velocidad lo dudo— respondió tajante y sinceramente Atenea.
—Eres cruel— dijo el chico mientras suspiraba. El resto se rio.
—Solo digo la verdad... Pero tampoco me hagas demasiado caso, apenas sé de fútbol— dijo Atenea.
—Pero estuviste jugando hace algunos años, ¿no?— preguntó el chico de gafas.
—Cuando era más pequeña, sí. Pero solo un par de años. Hasta que me cansé de que el entrenador nunca me sacara al campo y lo dejé— dijo Atenea. Abrió la lata y tomó un sorbo—. Por eso digo que no soy la más indicada para hablar.
—Ese entrenador seguro era idiota. Con lo rápida y ágil que eres, los equipos deberían estar peleándose por ti— dijo otro joven de cabello negro.
—Bueno, no es algo que me interese ya. Tengo asuntos más importantes que un partido local— dijo Atenea.
—Cierto, ¿a qué viniste? Si estás aquí es porque pasó algo— dijo el chico que le ofreció la bebida.
—Quería hablar con su capitán— dijo Atenea.
—Matt esta fuera de la ciudad hoy, pero yo puedo darle tu mensaje. A fin de cuentas soy el subcapitan— dijo el chico castaño.
—Está bien Paul. Supongo que no importa que lo sepáis todos. A fin de cuentas sois de la misma banda— dijo Atenea—. Les entregaré la calle del nuevo distrito comercial, para equilibrar un poco la repartición de territorio.
Los chicos le miraron sorprendidos y luego se pusieron a gritar emocionados.
—Gracias Atenea. Eres todo un ángel— dijo Paul—. Algo así nos viene de perlas.
—¡Son noticias geniales!— exclamó el chico de gafas. Entre gritos de alegría y jolgorios, la joven se levantó del banco.
—Bueno, eso es todo. Les dejo ya— dijo Atenea.
—Espera, no te vayas aún. Si no tienes nada que hacer, ¿por qué no juegas con nosotros?— preguntó Pablo.
—Eso, juguemos juntos. Lo pasaremos bien— añadió el moreno.
Los chicos empezaron a insistir y finalmente terminó cediendo. En el momento en que Atenea iba al campo con ellos, el sueño cambió... Todo se volvió oscuro, el paisaje más frío. Miró sus manos: estaban ensangrentadas. A su alrededor, los cuerpos de varias bandas yacían inconscientes. Frente a ella, en posición de pelea, estaban esos mismos chicos.
—Vosotros... ¿Por qué...?— murmuró Atenea con rabia— ¿¡Por qué me traicionaron!?
Justo cuando estaba a punto de golpearles, despertó. Su mano estaba a escasos centímetros del rostro de Ethan. La retiró rápido y fingió que no pasaba nada, intentando desviar su atención para que no preguntara.
***
Pobre Ethan, le di un buen susto antes. Las pesadillas sobre mi pasado se han vuelto más frecuentes desde que tengo este problema con Emily y Lucy. A fin de cuentas, ellas también me usaron a conveniencia y traicionaron cuando les dejé de ser útil. Pero no sabía que reaccionaba inconscientemente. Si lo llego a saber, se lo habría dicho. Un golpe mío le habría mandado al hospital.
Después de que Ethan se marchara, Atenea se preparó el desayuno y charló con su compañera, Carla. Ya que esta mañana le vio durmiendo en el sofá y no sabía por qué estaba allí. Posteriormente, se puso a hacer cosas para ocupar su tiempo y no pensar demasiado en las pesadillas.