Cumandra

Capitulo 9. mentiras que se tambalean

Miércoles . 25 de octubre

Atenea apretaba sus puños mientras su rostro permanecía con una mirada seria y fría. Trataba de contener sus ganas de atacar a la perra número uno, Lucy, quién estaba copiándose totalmente de su examen de física. Había pasado casi un mes desde que empezaron a dejarle de lado. Aún no había tenido ocasión de hablar el asunto con ellas y su ira por lo que le estaban haciendo día tras día había ido escalando.

En cuanto terminó, entregó la prueba de física a su profesor y salió del aula. Ni Ethan, ni Dylan salieron aún, por lo que sólo estaban ellas tres.

—Lucy, Emily, ¿tienen algo que hacer después de clase?— preguntó Atenea.

—Pues no, ¿por?— preguntó Lucy.

—Necesitaría hablar algo con vosotras, a solas. Si no les importa quedarse unos minutos después de clase— dijo Atenea

—No, está bien— dijo Lucy.

Después de eso salieron Ethan y Dylan. Todos continuaron hablaron animadamente. Bueno, ellos lo hicieron. Atenea no estaba de humor. Tomó dinero y bajó a comprarse algo de comer, la comida siempre le animaba. Ethan bajó con ella.

—Atenea, ¿estás bien?— preguntó Ethan.

—Si— respondió ella, fría y seco.

—No lo parece— rebatió Ethan.

—Sí te lo dijera, acabaría enfadándome más de lo que ya estoy. Cuando pase, te contaré— dijo Atenea. Metió dos euros en la máquina y sacó un sándwich— Para no pagarlo con nadie, me voy a comer esto.

—Haces bien entonces... Perdón si te molestó mi pregunta— dijo Ethan.

—No importa. Gracias por preocuparte por mí... Y por ser mi amigo— dijo Atenea.

—No hay porque darlas. Me caes bien y es divertido estar contigo. No habría razón para no hacerlo— dijo Ethan.

Espero que sigas manteniendo tu promesa después de hablarlo porque existe la posibilidad de que acabe mal.

***

Atenea, Lucy y Emily estaban a las afueras del edificio, en un lugar tranquilo, lejos de miradas ajenas.

—Bueno, ¿de qué querías hablar?— preguntó Lucy.

—¿Por qué me están dejando de lado?— dijo Atenea, la voz calma, casi medida.

—No te estamos dejando de lado— mintió Lucy.

—Sí lo están haciendo. No solo en clase dejaron de hablarme, tampoco me invitan a nada. Ethan me escribió la otra noche, jugamos y me lo dijo. La paciencia no es lo mío, así que mejor díganlo claro— Atenea los miró fijamente, sin un titubeo.

—Fue solo porque invitamos a su novio, para que estuvieran juntos— dijo Lucy.

La mirada de Atenea se volvió más fría, más afilada.

—Mentira. También invitaron a Dylan, y no fue porque estuviera con sus amigos. Nunca me interesaron realmente. Solo fui útil para acercarse a ellos— Hizo una pausa, dejando que las palabras calaran—. Ahora que no les sirvo, me quieren fuera.

Los ojos de Lucy y Emily se abrieron, sorprendidas. Había leído su plan como si hubiera estado allí desde el principio.

—Por lo que veo, mi teoría es correcta— dijo Atenea, con una tranquilidad que helaba el aire—. Ethan y Dylan siguen siendo mis amigos. No voy a desaparecer por ustedes.

—Maldita perra— escupió Emily.

—¿Perdona?— dijo Atenea, apenas un matiz de sorpresa en su voz.

—Lo mejor es que te alejes— dijo Lucy—. Estorbas. Ellos ya están saliendo.

—Nadie se está metiendo en su relación. Solo soy su amiga. Quedamos para hacer cosas de amigos— respondió Atenea, serena—. Además, yo estoy con alguien.

Eso último era mentira, solo quería intentar relajar la situación.

—Mentira. Solo mírate. ¿Qué clase de persona querría salir con alguien tan fea como tú?— dijo Lucy, señalándola.

—Por tu propio bien, será mejor que no te metas —añadió Emily.

Atenea respiró hondo. Su rostro permanecía serio, pero la tensión que emanaba era palpable.

—Adelante— dijo, firme—. Veamos qué harán.

Cegadas por su propio enojo, Lucy intentó golpearla. Pero antes de que su mano siquiera se levantara, Atenea ya la sujetaba por el rostro y, con un empujón preciso, la lanzó contra Emily. Ambas cayeron al suelo varios metros atrás, como si una fuerza invisible las hubiera arrollado.

—¡Auch!— se quejó Lucy, sus ojos reflejaban puro miedo. La presencia de Atenea era opresiva, imposible de ignorar.

—No les conviene ser mis enemigas— dijo Atenea, la voz baja y gélida—. Esto no es un juego.

Hizo una pausa.

—Seguiremos siendo amigos, estén ustedes o no. Por su propia seguridad, abandonen sus planes... Porque la próxima vez, no me contendré.

Atenea se dio la vuelta y se marchó. Solo entonces Lucy y Emily pudieron respirar. Ese día tomó un camino más largo y tranquilo para ir a casa, dejando que su mente se despejara.

Lo siento abuelo, lo estaba intentando. Con todas mis fuerzas... Pero ellas no lo pusieron fácil. Sé que querías que tuviera una vida normal, que hiciera amigas, que saliera con ellas, que viviera todo eso que nunca pude vivir en Gratanova... Pero no puedo. No lo logro por mucho que lo intente. Da igual si estoy aquí o allí. No sirvo para eso. Parece que lo único para lo que sirvo... es para pelear. Llevo tiempo intentando negarlo, pero en realidad, cuando peleo, es la única manera en que me siento yo.

Cuando me enfrentaba a todos esos matones. Me sentía útil. Tenía una ciudad que salvar; gente que proteger. Era un camino solitario. Era el camino que llevaban los más fuertes. Pero no me desagradaba si con ello podía ayudar a los débiles... Y ahora, ¿qué diferencia hay con ese camino? Ninguna. Estoy igual de sola. Pero es peor porque ni siquiera puedo ser yo.

Atenea oyó voces que la sacaron de sus pensamientos. A unos metros, en la puerta de un famoso hotel, había un grupo de personas trajeadas discutiendo. Había una furgoneta negra aparcada delante. Atenea no alcanzaba a oir lo que decían. Vio que cada sujeto tenía algo brillante en sus manos. Un momento, ¿eso son armas? Wow, parece que presencio un secuestro o un ajuste de cuentas. No debería meterme. No deberías hacerlo, Atenea. Apretó sus puños. Iba a darse la vuelta y caminar por otro sitio. Los tipos trajeados golpearon a dos personas, que cayeron al suelo, ahogando un grito.




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