Pronto se acerca mi cumpleaños. Al principio estaba contenta por ello, ya que acepté y comprendí que no son tan malos como los veía; pero, viendo la edad que cumpliré, ya no me emociona tanto, más bien no quisiera festejarlo. Tengo miedo porque no he hecho nada con mi vida, no he avanzado y lo poco que he progresado siento, más bien, que he retrocedido. Me siento inútil, que no sirvo para nada, que no tengo la responsabilidad de por lo menos levantarme más temprano.
Mi familia piensa si algún día maduraré, porque para esta edad ya lo debería haber hecho. No puedo ni ser de ayuda en casa ni aportar en lo económico, o eso dicen los demás. Y no es que no lo desee, pero por más que quiera no lo encuentro y prácticamente estoy a disposición de otros. “Si trabajaras serías de utilidad, estás siendo una carga innecesaria para los demás” son algunos de mis pensamientos que llegan a mi mente, y como ellos dicen: “no tienes responsabilidades”, uno termina cayendo en un dilema y el cargo de conciencia es muy grande volviéndose algo vislumbrar.
Siempre actúas de manera infantil como alguien que no tiene sentido de la vida y que no va a lograr absolutamente nada. ¿Qué has hecho por tu vida? ¿Ha mejorado? ¿Cambiaste para bien o para mal? ¿Qué será de ti en un futuro? ¿Por qué eres así? ¿No puedes ser alguien más servicial? Ni para ayudar a las personas eres de utilidad. ¿Realmente aporto algo en esta vida? ¿Soy una piedra de tropiezo para los demás? ¿Así como sigues crees que vas a lograr algo?
Tantas preguntas y muchas posibles respuestas, pero ninguna es la correcta. ¿Será que he logrado algo hasta el día de hoy? Porque me veo y me siento igual, hasta peor creo. Prácticamente soy invisible, eso me dijeron y tal vez es verdad, porque ni para existir soy buena. Sé que la vida no es fácil y hay que esforzarse para obtener lo que deseas, pero mientras más lo hago y me esfuerzo nada cambia y no obtengo nada bueno de todo eso. Quizás tengan razón: nada hago bien y siempre me equivoco; y aun si no fuese así, no puedo refutar nada porque los demás siempre tienen la razón.
Qué desdicha ser como soy. Es normal que me den sermones, me lo merezco porque ni para cosas simples sirvo. Pero al final, ¿qué es la vida? ¿Qué es servir en realidad? A mi edad siento que tengo que estar realizada en muchas cosas: ser exitosa, haber obtenido muchos logros, tener un trabajo estable; pero, lamentablemente, no tengo nada. Ni para el amor sirvo.
¿Cuál es mi propósito en realidad? ¿Realmente le seré útil a alguien? Sinceramente, solo sirvo para darle estrés a las personas. En esta sociedad tan asfixiante siento que mi aporte es mínimo, casi inexistente. Y pensar que en unos meses cumplo 22 años no me agrada la idea. Mientras pasan los años, ese número crece más y más, aumentando el peso de las cargas y responsabilidades que recaen sobre mi ser. Sé que es normal aquello para quien se dirige a la vida adulta, pero realmente ¿hemos madurado totalmente? ¿Estamos listos para todo lo que vendrá después? No se sabe, porque todo es muy sorpresivo e incierto.
Hoy en día la vida es más difícil y retorcida, siendo un espiral de espinas que te ahogan y te aprietan más sin escapatoria. A veces pienso que antes era más fácil el solo hecho de VIVIR, pero hoy por hoy no es así, es más doloroso. En toda nuestra vida aparecen muchas personas con capacidades y cualidades increíbles, y después estás tú existiendo prácticamente sin tener ningún talento o algo llamativo que sea de utilidad a los demás.
¿Qué será de todo esto en un futuro? No quiero imaginarlo porque es muy asfixiante y da mucho miedo. El no llegar a lograr nada y fracasar como persona es agobiante, porque lo único que hice fue vivir sin un propósito o una meta trazada que me llevaría a una vida cómoda y feliz.
Cuando llegue ese día donde todos dicen “feliz cumpleaños”, no lo esperaré mucho porque de feliz no tendrá nada. Quisiera que no desperdiciaran su dinero en mí; no lo merezco, no soy tan importante, o tal vez al final en algún momento sí lo fui para alguien. Qué vida más efímera. La verdad, todo es muy cansado; es mejor irse a dormir con el hecho de que este ciclo se volverá a repetir como un baile interminable con la soledad.