Cupido

Cupido 2/2

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Dos horas después, de regreso a la sala de juntas, estamos el viejo Arthur y yo esperando a que el rey de la publicidad se digne a dar la cara, lo dejé en su oficina hace veinte minutos y al parecer está haciendo un berrinche.

—Seguro ya no tarda. —Le sonrío apenada, rompiendo con el silencio incómodo, recibiendo una mirada irónica de sus ojos azules.

—Sí, seguro. —Su sarcasmo me avergüenza. Arthur suspira cansado y se levanta del asiento con su bastón en mano, lo observo acercarse al ventanal desde la enorme mesa de cristal; donde me encargue de acomodar los mejores tabacos y tragos para él.

—¿No quieres un trago? Traje las botellas por ti. —Se da la vuelta al escucharme y se encoge de hombros, acercándose nuevamente a la mesa de juntas. Eso es un sí para mí. —Vamos, anímate, las robé de la oficina de Eliot.

Suelta una risa y se sienta mientras le sirvo un whiskey en uno de los vasos de cristal bajo su mirada expectante.

—Luces mucho más hermosa que de costumbre, ¿Qué te hiciste? —Su comentario me hace sonreír y dejo su whiskey en sus manos para después volver a sentarme junto a él. —Como siempre he dicho, tu belleza me encandila Elizabeth.

Río escandalosamente, moviendo mi mano para que pare; es un caballero en la extensión de la palabra.

Si tan solo tuviera cuarenta años menos...

—Basta o me obligarás a enamorarme de ti y yo sí adoro tu dinero. —Suelto haciendo que ambos soltemos unas cuantas carcajadas. Extrañaba ver a Arthur, tener con quien descansar de tanto desorden por tan solo unos minutos.

Un ruido seco en la puerta nos obliga a guardar silencio, volteo para mirar quién nos ha interrumpido y solo para encontrarme con la razón de las lágrimas de muchas mujeres entrando por la puerta con el cabello negro despeinado y la camisa arrugada.

Alguien obtuvo un "masaje" por parte de la chica de recursos humanos.

Giro la cabeza para ignorarlo y vuelvo a ver al tierno Arthur con una falsa sonrisa, quien no despega sus ojos de Eliot. Escucho los pasos de sus zapatos lustrados y una pequeña brisa acaricia mi nuca al sentirlo detrás mío.

—No te ilusiones Arthur, a mi asistente no le van los de setenta y dos. —Su ronca y traviesa voz resuena por el salón de juntas y sus manos se recargan sobre el respaldo de mi silla giratoria haciendo que me incline un poco hacia atrás.

Trago saliva y levanto la cabeza al sentir su presencia sobre mí, nuestros ojos se encuentran y vuelven a batallar una vez más en lo que resta del día.

—Por favor, tú harías que funcionara hasta con una de setenta y dos. —Suelto en un tono sarcástico ocasionando una risa en Arthur que me devuelve a la realidad, rompiendo con cualquier burbuja alrededor mío y de mi jefe.

Eliot sonríe descarado y suelta mi silla abruptamente, alejándose de mí mientras camina por la sala de juntas, sacudiendo su camisa con arrogancia.

Suelto el aire que había estado conteniendo sin darme cuenta, luego me sirvo un trago de whiskey en uno de los vasos de cristal y tomo con tanta sed al verlo sentarse justo frente a mí con aquella sonrisa cínica, su mirada burlesca me devora y yo sigo bebiendo hasta dejar el vaso medio vacío.

Él se recarga en la silla giratoria con tal confianza que me regala un guiño, para después estirarse y tomar del vaso que dejé en la mesa y acabarse mi trago, bebiendo justo donde está la marca de mi labial.

Es impresionante lo odioso que logra ser.

—Siempre tan impuntual, Eliot. —La voz sarcástica de Arthur resuena por la sala de juntas.

—La puntualidad nunca ha sido lo mío, sobre todo cuando sé que tengo que verte. —Mi jefe se encoge de hombros mientras juega con el vaso entre sus dedos, haciendo lucir al vaso aún más pequeño de lo que es entre sus manos.

—¿Sabes cuánto tiempo llevo esperándote? —El anciano pregunta con molestia y yo solo observo la hostilidad que hay entre ambos, mientras juego con mis dedos con nerviosismo.

—Ni idea, no llevo reloj Arthur. —Eliot contesta con burla.

Para nadie es una sorpresa la complicada relación que hay entre ambos, un viejo y retirado ex jefe que ha visto crecer su empresa desde que era un jovencito no tiene nada en común con un playboy que juega a ser un CEO y gasta dinero en excentricidades.

—¿Ahora soy Arthur? ¿Ya no soy tu abuelo? —Lo enfrenta con su dura mirada y la sala de juntas se inunda por el silencio.

Hasta que mi jefe decide contestar.

—No lo sé, ¿Seguimos siendo familia? —El tono sarcástico es evidente para cualquiera.

—Es suficiente, caballeros. —Decido interrumpir antes de que Arthur quiera contestar algo aún más hiriente contra su nieto. Soy foco de la mirada azulada de ambos, quienes se notan tensos. —Estamos aquí por una justa razón y es para entregar el informe mensual de Bruke Enterprise al único dueño de la empresa, si no es más, ¿Podemos comenzar con la reunión?

Eliot toma el documento dentro de la carpeta y se lo pasa a su abuelo sin lanzarle siquiera una mirada; en cambio, Arthur niega con la cabeza, divertido por su inmadurez y lo toma.

Suspiro y observo al anciano con nervios, solo Arthur es capaz de ver por el camino al que va su empresa y estoy segura que no le gustará nada de lo que se encontrará en ese informe. Sin embargo, mi jefe, el señor B se encuentra relajado sobre su asiento con los brazos detrás de su cabeza, viendo con una flamante travesura en sus ojos a su abuelo; es como si lo retara, como si le dijera que esta ya no es su empresa, que a pesar de venir cada mes a evaluar los avances, él ya no está a cargo y eso se nota, se nota desde los caprichos de su nieto en cada proyecto importante.

Arthur pasa hoja por hoja de manera delicada con sus finos dedos arrugados, trae puestos sus lentes de lectura, los mismos que se colocaba al leer un libro antes de dormir. Minutos después me doy cuenta que cada página leída del informe es un ceño fruncido en su rostro.




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