CUPIDO
━━━━━━━━❪♥❫━━━━━━━━
En definitiva, recuperar mi trabajo será más difícil de lo que aparentaba.
Aún siento el corazón palpitar rápido por la carrera que me aventé, Vienna camina demasiado rápido y yo aun no me acostumbro a las piernas, pero debo de admitir que es genial.
Pero regresando a Vienna, esa chica es peor que cualquier otro humano con el que he tenido que trabajar, la frialdad es más intensa en persona que en la fotografía y los datos que me dio Eros en los papeles no mencionaron nada que pudiera ayudarme realmente.
Y hablando de eso, saco el folder y lo abro, leyendo de nuevo la escasa información: Vive con su madre y la pareja de su madre, no hay mención de su padre, ni de amigos más allá de la señora Martha, la bibliotecaria y el señor Joel, dueño de la tienda de antigüedades donde trabaja...
Espera ¿Tienda de antigüedades? Esta chica sí que es muy, pero muy diferente a todas las demás adolescentes, ¿o debería llamarla aburrida? Yo ni de loco estaría trabajando en una tienda así, por mucho que los objetos cuenten historias, no sería mi primera opción.
¿Y cuál sería mi opción? Porque algo me dice que tendré que buscar algo en donde trabajar como un simple mortal ya que la humana gótica no me lo pondrá fácil.
Suelto un suspiro y miro a la gente que pasa frente a mi, algunos me miran de reojo, otros ni siquiera miran a mi dirección y eso me hace fruncir el ceño ¿Por qué algunos si me ven y otros no? ¿Será parte del castigo de Eros?
Bueno, si me ven o no, no importa, tengo que conseguir que Vienna se enamore y regresar al Olimpo.
¡Ya sé! Tengo que planear bien cómo hacerlo, sin un plan, las cosas pueden salir... como con la bibliotecaria, y no quiero un error que me deje en este mundo.
Junto mis manos y espero a que aparezca un pergamino y pluma, pero no siento mi magia del todo, es apenas una ligera resonancia que me deja un cosquilleo en la punta de los dedos.
Genial.
«Un buen Cupido no necesita magia, ni alas. Demuestra que puedes hacerlo sin eso y ya verás tu recompensa»
Bien, Eros si que se lo tomó muy enserio y me pregunto cuánta parte de mi magia quedó en mi. Ya lo iré descubriendo, ahora tengo que alcanzar a Vienna y convencerla de que todo lo que dije es verdad y sobre todo, ver como puedo hacer que se enamore...
Un momento ¿Aun tengo mis flechas? Cuando caí en la biblioteca, no recuerdo haberlas visto.
Miro de nuevo a la gente y me pregunto que tan normal sería para aquellos que sí me ven, ver que hago aparecer un arco y flechas de la nada, así que mejor me pongo de pie y me meto a la cabina que está a un lado, está llena de telaraña y polvo, pero los vidrios pintados me da esa privacidad.
—Por favor, que eso sí lo siga teniendo —murmuro y me concentro en hacerlos aparecer, cierro los ojos con fuerza, pero las palabras de mi jefe se repiten una y otra vez, así como su expresión de decepción y los casos que tuve antes, aquellos que terminaron en un caos.
¿Y si este no será una excepción? ¿Y si no consigo que Vienna se enamore de verdad y jamás recupero mi trabajo y termino atrapado con los mortales? Abro los ojos y me quedo mirando a la nada, pensando en que no tengo nada, no tengo donde pasar las noches, ni que comer, eso significa que terminaré durmiendo en la calle y buscando comida en la basura...
Abro la puerta de la cabina con desesperación y salgo corriendo en la misma dirección que Vienna se fue, no tengo ni idea de a donde...
—Carajo.
Deje los papeles con la información en la banca. Me detengo y regreso a tomarlos antes de continuar con mi marcha, solo que al pasar el árbol grande, va saliendo una chica en patines y ninguno de los dos nos dio tiempo de frenar y por un momento espero que sea de aquello que no me ven y, no sé, traspasarlo, pero no, chocamos y caemos al suelo entre quejidos de dolor.
—Auch —exclama la chica y se soba el codo mientras se sienta. Yo también me siento y la rodilla me arde—, ¿Por qué no te fijas por donde corres?
Mi cuerpo se tensa y alzo la mirada para encontrarme la mirada de esta chica fija en mi. No estoy acostumbrado a que los humanos me vean y menos que hablen conmigo, creo que voy a tener que comenzar a acostumbrarme.
—Lo siento, aun no me acostumbro a estar aquí —digo mientras me pongo de pie, tomo el folder y le extiendo una mano para ayudarla a ponerse de pie.
—¿Vienes de algún lugar donde casi no hay gente o qué? —pregunta con el ceño fruncido y acepta mi mano, aun se siente raro que puedan tocarme— Es sentido común mirar antes de doblar una esquina o cruzar la calle.
—Si, de donde vengo no tenemos esos problemas —contesto recordando que, aunque hay carruajes jalados por pegasos, no suelen resultar un problema.
Miro a la chica que se sacude el polvo de la ropa y me hace creer que los humanos sí son demasiado raros. Mientras Vienna es una persona a blanco y negro, esta chica es una explosión de colores, desde el cabello naranja a la ropa que va de rojos, azules y verdes.
—Pues deberías de acostumbrarte —me dice la chica colores—, aquí la gente suele ir muy rápido en su día a día, y si cruzas las calles, deberías de fijarte bien o te terminarán atropellando.
Editado: 31.08.2026