Cupido Otra Vez

Capítulo 14

Esa mañana dudé si realmente quería poner a prueba el plan de Peter. No sabía qué idea rondaba por su cabeza y no estaba de ánimos para meterme en más enredos. 

Sin embargo, mi amigo me conocía, y se adelantó. Fue el primero en levantarse, preparó el desayuno, llamó a su tigre para desearle los buenos ideas y en menos de una hora, estuvo duchado y vestido, mientras yo todavía me preguntaba cómo era que usaba el cepillo de dientes. 

—Tenemos suerte, logré conseguir una cámara para hoy —dijo. 

De modo que, sin comprender absolutamente nada, lo acompañé a retirar la cámara y el micrófono en casa de uno de sus amigos y luego nos dirigimos a la plaza, donde me pidió que lo grabara mientras entrevistaba a algunas personas al azar.

—Buenos días, señora. Somos estudiantes de periodismo realizando una entrevista aleatoria a la ciudadanía. ¿Le importaría responder una sencilla pregunta? —preguntó, acercándose a una mujer que rondaba los cuarenta.

Si antes tenía dudas sobre su plan, ahora simplemente no sabía qué pensar.

La aludida dudó unos instantes antes de responder, hasta que echó una mirada de reojo a un niño que jugaba no muy lejos.

—Yo creo que es darlo todo y más por quien amas —contestó con una convicción que me logró conmover, un poco.

Peter hizo algunos comentarios adicionales antes de ir en busca de su siguiente víctima. Por algún motivo, no cuestioné sus actos y le seguí el juego, curiosa ante las reacciones de la gente. 

Recibimos respuestas de todo tipo, algunas más elaboradas que otras, algunas muy básicas, como si hubieran sido sacadas de un manual, un par de opiniones pesimistas y otras demasiado alegres, a tal punto que fui capaz de reconocer quien estaba soltero, en pareja e incluso, los que habían pasado una buena noche y los que se quedaron con las ganas. 

—Es compartir tu felicidad con la otra persona. 

—Es apoyarse mutuamente y tener siempre a alguien en quien confiar. 

—Es como escribir un libro de aventuras juntos, sin final. 

—Es estar siempre en un limbo entre la felicidad extrema y la tristeza.

—Es preocuparte por los sentimientos de alguien más, antes que los tuyos. 

Cuando recibimos suficientes opiniones, nos sentamos en una banca, y compramos un par de helados para refrescarnos. 

—¿Desde cuándo somos estudiantes de periodismo y tienes un trabajo que hacer? —interrogué. 

—Creí que podía ser una buena excusa —contestó. 

Moví mi cabeza en señal de reprimenda. 

—¿Y qué se supone que debía aprender con esta experiencia? —pregunté. 

Peter se encogió de hombros. 

—En realidad, quería abrir un canal en YouTube para saber lo que la calle opina de ciertos temas, quien sabe, en una de esas genera ingresos y nos ayuda con el alquiler. 

—Entonces me trajiste aquí por capricho —acusé. 

Estaba a punto de golpearlo, cuando una mujer mayor se sentó a mi lado. 

—Pero si es la linda jovencita que cuida de mi Cannabis —dijo, al verme. 

Definitivamente, esta anciana tenía un trato con algún dios del Olimpo. 

—Señora, no creo... 

—¡Mi gato! —exclamó, interrumpiéndome. 

Me quedé perpleja. 

—El nombre de su gato, ¿es Cannabis? —pregunté. 

—Pues claro, así nadie sospecha. Ya sabes lo que dicen, el diablo sabe más por viejo que por diablo —explicó con orgullo—. Creí que lo sabías, después de tanto tiempo tratándolo. 

Todavía no sabía qué decir. Todo este tiempo escribiendo: Gato de Afrodita en la papeleta, a falta de un nombre mejor. 

—Usted no... 

—¡Claro que lo dije! Seré vieja, pero no estoy loca. 

Sinceramente, tenía mis dudas. 

—Señora, ¿le importaría participar en una pequeña e inofensiva encuesta? —propuso Peter. 

—Que lindo muchacho, ¿es tu novio? —cuestionó la anciana. Mi amigo y yo nos miramos con asco. ¿Cuál era esta fascinación de la gente adulta por armar parejas que jamás iban a ser?—. Es una lástima, necesitas un novio, pequeña, o vas a acabar como yo, sola, vieja, con un gato dormilón y escondiéndote de la justicia. 

—¿No tiene nietos? —inquirí—. ¿O hijos? 

—Sí, tengo a un par de malagradecidos. A veces llegan a pedir comida —contestó. 

—¿Y su marido? —preguntó el falso reportero.

—Lleva tres años bajo tierra.

Le di un codazo a mi amigo para que se dejara de preguntar estupideces.

—Pero tiene a su gato para hacerle compañía —dije.

Ella esbozó una arrugada sonrisa.

—Sí, y el otro día me encontré con mi mejor amigo, ¿te enteraste? —cuestionó entusiasmada.



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En el texto hay: mitologia, amor, cupido

Editado: 30.05.2019

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