Cupido Tiene Mal Genio

6. Cócteles y ladridos

Con los chicos lejos, el ambiente se relajó. Empezó a sonar una canción muy animada y las tres chicas comenzaron a bailar juntas, olvidándose de los problemas por un rato. Pasada una hora, Alina y Helena se abrieron paso hasta la barra para pedir unos cócteles.

Alina recogió su vaso de la barra y, al girarse apresuradamente para volver a la pista de baile, chocó de frente contra alguien. El líquido oscuro de su bebida se derramó por completo sobre la camisa de Jungwon, quien acababa de llegar a la barra.

—¡Fíjate por dónde vas! ¡Me has manchado todo! —exclamó Jungwon, mirando su ropa con furia.

Alina, lejos de ponerse a gritar, lo miró con calma, suspiró y dijo con total sinceridad:

—Lo siento mucho. Ha sido un accidente.

Su tono calmado y la disculpa directa dejaron a Jungwon completamente desarmado y sin palabras. Chris, que venía detrás de él, decidió intervenir para evitar otro drama. Pidió dos bebidas nuevas al camarero. Cuando el chico las puso sobre la barra, Chris cogió una y empujó la otra suavemente hacia Helena.

—Toma esto. Es para ti —dijo Chris con un tono extrañamente suave, antes de darse la vuelta y llevarse a Jungwon para que se cambiara de ropa.

Helena se quedó mirando el vaso de forma desconfiada.

—¿Qué? ¿De qué va este ahora? ¿Pretende que me tome esto? Qué estúpido... —murmuró para sí misma. Sin embargo, miró el cóctel, se encogió de hombros y añadió—: Bueno, si no lo quiere nadie, no lo voy a tirar.

Se lo bebió de un solo trago.

Mientras tanto, Eira había salido al jardín exterior de la residencia buscando un poco de aire fresco. Caminaba tranquilamente por el césped cuando, de la oscuridad, apareció un perro grande corriendo hacia ella. A Eira le aterrorizaban los animales, por lo que entró en pánico de inmediato. Comenzó a retroceder a trompicones, sin mirar atrás, hasta que chocó firmemente contra la espalda de alguien.

Se giró asustada y se encontró con los ojos oscuros de Ares. En ese mismo instante, el perro soltó un fuerte ladrido. Presa del miedo, Eira buscó protección instintiva y se intentó esconder detrás de Ares, agarrándolo de la chaqueta. Sin embargo, él se zafó de su agarre con brusquedad y la apartó de un empujón.

—No me toques —le dijo con una frialdad cortante.

Eira lo miró con los ojos llenos de rabia y humillación, como si quisiera fulminarlo allí mismo.

—Tranquilo, idiota, que el perro no te iba a morder a ti —escupió Eira, con la voz temblando de coraje.

Ares se dio la vuelta por completo, encarándola con superioridad.

—¿Qué has dicho? Repítelo si te atreves.

Eira dio un paso adelante, acortando la distancia entre los dos, y se lo deletreó mirándolo directamente a los ojos:

—¡Que eres un idiota! I-di-o-ta. ¿O es que no lo entiendes?

Ares apretó los dientes, clavándole una mirada gélida.

—Idiota tú, maleducada.



#1628 en Otros
#531 en Humor
#5018 en Novela romántica

En el texto hay: #academia#enemiestolovers

Editado: 03.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.