Cœurs Blessés: el corazón es el campo de batalla.

❥︎ VANDALIA

🦋2 de Julen, año 894 — 44 años después del reconocimiento oficial de la ciudad de Nexos

Se ajustó el saco con dedos meticulosos y sacudió los pantalones que le cubrían hasta las rodillas.

Tenía que verse impecable. La voz de su madre siempre resonaba en su cabeza como una orden: "Nunca des una mala impresión, porque lo que vean en ti, lo dirán de mí".

Él lo sabía bien. Y como el hijo educado y considerado que era, cumplía con su misión, convencido de que cada gesto suyo hablaba también por ella.

Exhaló.

La gigantesca puerta se abrió ante él y, de pronto, un mundo entero se desplegó frente a sus ojos: la mansión Mazor.

Por fuera, parecía detenida en el tiempo. Sus torres y cúpulas se alzaban como coronas sobre un palacio que no se dejaba descifrar. El jardín con sus setos tallados y la fuente de estatuas silenciosas, era tan perfecto que parecía ocultar secretos bajo su simetría. Y el cielo, oscuro y cargado hacía que todo se sintiera más solemne, más secreto.
Nada en ella se parecía a Nexos, esa ciudad que—según algunos—acabaría arrasando con toda la antigüedad.

Dentro, la mansión lo envolvió con una calidez inesperada. Los techos altos, decorados con molduras doradas, parecían observarlo desde arriba con una especie de juicio silencioso. Las alfombras elegantes y el piano negro junto a las ventanas le dieron la sensación de estar en un lugar donde cada objeto tenía voz.

Era similar a la casa de su padre, solo que más majestuoso. Más vivo.

Las estructuras clásicas se mantenían como en todas las casas de Bornelly, pero allí había un tono distinto, más cálido, casi acogedor, que lo hizo detenerse y mirar con una mezcla de asombro y curiosidad.

—¿Joven Galen?

Los pasos se acercaron por detrás, arrancándolo de su ensoñación. Se giró con un impulso nervioso, sorprendido por la repentina compañía.

Era Mareen, aquella hada de perfectos cabellos negros que cuidaba de los niños de la mansión: Veker y Marión, los hijos del matrimonio entre la bestia humana Neftalí y el vampiro Chesterton.

Galen, dejó salir el aire que contuvo por unos segundos.

La presencia de Mareen irradiaba una calma luminosa y él entendía el porqué.

Cada movimiento de Mareen estaba pensado para suavizar la tensión del lugar. Las alas, apenas visibles bajo la penumbra, destellaban con un brillo discreto que contrastaba con la solemnidad de la mansión.

Galen la miró con una mezcla de alivio y curiosidad. No esperaba encontrarla allí, y sin embargo, su voz lo hizo sentir menos solo en aquel espacio que lo abrumaba.

—¿Vienes por Veker? —insistió Mareen, observando al niño de cabellera dorada, como la arena del desierto al mediodía del Clorosis.

Lo había visto jugar un par de veces con Veker en el mercado siempre en silencio, siempre con esa mirada que parecía guardar más de lo que mostraba.

Galen despacio bajo y alzó la cabeza.

—Bueno... —Mareen dejó la frase suspendida en el aire, buscando la respuesta en su propio gesto y en el silencio de la mansión.

—No se encuentra, ¿cierto? —aventuró Galen con un hilo de voz que apenas se atrevía a romper el silencio de la sala.

—Claro que se encuentra. —La respuesta llegó con una voz firme y melodiosa, tan inesperada que el pecho de Galen se contrajo de golpe.

El sonido no solo llenó el espacio, sino que lo atravesó, como si cada palabra llevara consigo un peso imposible de ignorar.

Era la cabeza de la familia.

La señora Mazor.

La voz descendía desde las escaleras del vestíbulo, firme y envolvente. Galen dudó en darse vuelta. No sabía por qué, pero un estremecimiento recorrió su cuerpo, como si algo en él quisiera advertirle de un peligro invisible.

Giró, al fin. Por él mismo. Y por educación.

Cada músculo se relajó al verla.

La espléndida mujer avanzaba con una gracia que parecía dominar el espacio entero, y sus ojos—esos orbes intensos y luminosos—se encontraron con los suyos. En ese instante, Galen sintió que lo observaban más allá de la superficie, siendo envuelto por la sensación de que la señora Mazor podía leer lo que escondía en su interior.

El silencio del vestíbulo se volvió pesado, expectante. Mareen bajó la mirada, casi reverente, mientras la señora Mazor descendía un peldaño más, cada paso marcando la diferencia entre lo común y lo extraordinario.

Era una bestia humana imponente. La mayoría lo eran. Pero ella… ella era una majestuosidad en vida.

Su cabellera, luminosa al igual que, la primera luz de la mañana al abrir la ventana, le otorgaba calma. En cambio, el rojo de su vestido—tan vivo como la sangre—lo obligaba a retroceder en sus pensamientos.

Sí. Esa era Neftalí Floren Mazor, la poseedora de Vandalia.

...

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