Cœurs Blessés: el corazón es el campo de batalla.

❥︎ VANDALIA II

🦋

A veces es bueno dejarse llevar de la curiosidad

siempre y cuando aún puedas respirar

🦋

Cada pisada de Neftalí resonaba contra el mármol con una precisión increíble. A Galen le daba la impresión de que, en cualquier momento, la punta de ese tacón terminaría por perforar el suelo.

Había sido un salvaje, se había arriesgado por abrir la boca, pero el silencio lo quemaba por dentro. Era imposible quedarse callado, no con ella ahí. Tenerla en la misma habitación se sentía increíble, casi irreal; una presencia eléctrica que le despertaba un revoloteo salvaje en el estómago, algo que no lograba dominar.

Observó a la señora Mazor dar una última vuelta antes de acortar la distancia. Cuando volvió a sentarse a su lado, Galen sintió su mirada recorriéndole el rostro, lenta y minuciosa, de un extremo al otro.

Tragó, un poco acongojado.

Ya se había topado con esos ojos ámbar antes, no en el mejor momento de su vida, pero tampoco en el peor. Aun así, tenerlos ahora clavados en él no ayudaba a que su pulso recuperara el ritmo normal.

Sabía que debía calmarse, se repetía que ella no iba a lastimarlo. Podía percibir una grieta de nerviosismo en la postura de la mujer, pero no emanaba de ella ninguna amenaza, solo una inquietud que él, a pesar de su fachada despreocupada, no podía ignorar.

—Entonces, cuéntame... ¿qué fue exactamente lo que viste? —quiso saber la señora Mazor, sin apartar la vista de él ni un segundo.

Él sabía que esa pregunta llegaría; la había estado esperando. Estaba dispuesto a responderla, aunque en el fondo todavía le costaba asimilar que aquello no hubiera sido un truco de su gran imaginación.

​—Bueno... —comenzó, rascándose la nuca con esa ligereza suya—. Un día estaba jugando con unos amigos. Queríamos recorrer los campos de Cordelios y creo que nos alejamos un poco más de la cuenta —río—. Ahí fue donde encontramos la cascada que conecta con el río.

Mientras hablaba, Galen se perdió por un segundo en el recuerdo, reviviendo la escena con una nitidez que sus acompañantes, en su emoción, habían pasado por alto.

Él se había quedado atrás, observando desde una distancia prudente: era una caída majestuosa que se despeñaba desde un acantilado tapizado de musgo, hundiéndose en un lago de una serenidad absoluta, rodeado de unas vibrantes flores silvestres.

El cielo era un caos de nubes teñidas en tonos dorados, rosados y violetas, bañaba el lugar con una luz espléndida. Recordaba el vuelo libre de las aves y cómo el sol del atardecer golpeaba la superficie del agua, arrancándole reflejos tan intensos que casi le obligaban a entrecerrar los ojos.

Él no lo sabía con certeza, pero por lo que decían algunos que habían visitado el lugar, ella nunca dejaba de resplandecer.

—¡Wow! Es fabulosa —expresó con entusiasmo una de sus compañeras.

Los otros tres niños que estaban allí asintieron al unísono, casi sincronizados. Era una cascada espectacular; nunca en toda su infancia habían sido testigos de tanta majestuosidad.

—Maravillosa —susurró uno de ellos.

Bajo la mirada atenta de Galen, el chico tomó asiento a la orilla, absorto en el paisaje.

Galen se dedicó a observar desde un árbol cómo sus amigos corrían de un lado a otro. Su atención estaba centrada especialmente en una: Marión. Vigilar cada uno de sus movimientos se había vuelto su único objetivo.

—Marión, se más cuidadosa —le soltó, con los brazos cruzados, justo cuando ella por poco termina cayendo al lago.

Ella le lanzó una sonrisa radiante y, en cuanto Galen se la devolvió, ella continuó jugando como si nada.

Él los siguió contemplando desde la distancia. Observó a Orión, su amigo más cercano, recostarse sobre el pasto y cerrar los ojos, entregándose por completo al entorno.

Cada uno de ellos estaba en su propio mundo, totalmente distraído.

Él, en cambio, aunque se sentía conforme con el paisaje, no terminaba de encontrar nada que despertara su emoción. Sin embargo, al girar la mirada hacia un punto que se extendía más allá de la cascada, su curiosidad se encendió de golpe.

Sin decir nada, dejó a sus amigos atrás. Rodeó la caída de agua hasta toparse con una pared conformada por rocas sólidas.

Se detuvo en seco; le había parecido escuchar un sonido del otro lado.

Galen comenzó a tantear la muralla de rocas, deslizando los dedos con una seguridad extraña hasta llegar a una densa cortina de plantas. A simple vista, parecía una barrera imposible de franquear, pero si te detenías a contemplar cada detalle e ignorabas el estruendo del agua, se podía percibir un sonido distinto proveniente del lado opuesto.

Quizá se necesitaba un sentido del oído extremadamente agudizado para estar seguro, pero Galen no se detuvo a dudar..

Con un ápice de aversión, sumergió el brazo entre la vegetación. Después, casi sin darse cuenta de cómo lo había logrado, ya estaba del otro lado.

Recorrió con inquietud el espacio que lo acababa de recibir, siempre le pasaba lo mismo: primero se aventuraba a lo arriesgado y solo después se detenía a observar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.