Cœurs Blessés: el corazón es el campo de batalla.

LAURENT DE SIMMONS

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Laurent de Simmons, o sea yo,

una mujer hermosa y el que piense lo contrario,

no merece aparecer en mi historia.

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Cada persona en el auditorio se estremeció porque un fuerte golpe en la puerta se propinó.

La puerta de doble hoja se abrió, después, ella se reveló:

Laurent de Simmons.

Razón suficiente por la que nadie se asombró.

Típico de ella: entrar como una reina, como la futura reina de Chevalier que era.

Nadie se privó de mirarla cuando entró con esa postura determinada, las manos entrelazadas sobre su vientre mientras no removía su mirada del frente.

Dio pasos hundidos en confianza hacia los escalones que daban paso a la tribuna, donde daría su clásico discurso de bienvenida a un nuevo ciclo académico.

Se permitió separar sus muñecas solo con la finalidad de acomodar su cabellera, resplandeciente como el azúcar moreno caramelizado, que caía sobre sus hombros de manera perfecta. El brillo en ella, aparte de un tono encendido que resaltaba en algunas partes, la hacía ver tan única como lo era Laurent de Simmons.

Procedió a contemplar a su público de Border Limfis con sus ojos, fríos e inexpresivos.

Con aquellas perlas castañas, algunas veces oscuras en su rostro.

Y, a continuación, entreabrió sus labios, que relucían en un rosa carmesí, para empezar:

—Bienvenidos sean todos a un nuevo año llenó de riquezas en sabiduría. Esperamos que este año sea igual de beneficioso para todos como lo fue el anterior. Que el caos no se instalé entre nosotros y que la rebeldía se manifieste fuera, pero no dentro de las instalaciones. Esperamos que todos disfruten de cada clase así como nuestros maestros son felices enzañandonos y, que perduré el orden para que las consecuencias no se vean reflejadas en sus próximas acciones.

Finalizó, transmitiéndole pánico al alumnado —que empezó a murmurar entre sí— con el brillo de desquiciada ahora instalado en su mirada por sus últimas palabras y, aún así, los aplausos no se hicieron esperar para sonar como un eco por todo el lugar.

Tampoco faltó la mirada de fascinación. Las que la rodeaban cada que podían.

Bajo de la tribuna, cediéndole el espacio a la líder de la academia.

Una mujer de una compleción delgada que lucía una cabellera luminosa y perfectamente acomodada. Nadie más que la propietaria y directora de Border Limfis.

Laurent era la mejor de la academia y eso, por supuesto, le otorgaba el privilegio de dar un breve discurso de bienvenida.

También era razón suficiente para olvidar el hecho de que esas palabras le correspondían a Hannes Bennett:

La presidenta del consejo estudiantil de la academia.

Pese a eso, a Hannes parecía resultarle una situación sin relevancia porque al costado de Laurent, ella solo lucía a la perfección el uniforme de la academia con su infalible silueta mientras se relamía los labios por el dulce que dejaba la paleta —entre sus dedos— en ellos.

Era una acción que captó miradas. En especial de un joven entre el alumnado que, no le había quitado la mirada de encima desde que la aprendiz entró al auditorio.

El próximo movimiento que ambas proporcionaron fue hacia la primera hilera del auditorio para tomar asiento.

Laurent, cruzó sus piernas, ubicó las manos sobre ellas y depositó toda su atención en la directora. Cada acción realizada en orden, de forma impecable.

Siempre siendo la modelo perfecta. Bueno, al final del día eso era.

¿Pero un hada podía ser tan perfecta… incluso estando a solas sin nadie que la viera?

Por supuesto. Era perfecta… todo en mí lo era.

...

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