Cursed

II. La función

Las luces, que habían permanecido apagadas durante los últimos minutos, se encendieron de pronto y en la tarima aparecieron dos hombres. Reconocí al chico de hace un rato. Llevaba el mismo traje, pero su máscara era diferente. Ahora, la mitad izquierda estaba pintada de dorado y la derecha de rojo. El otro hombre, que tenía la misma contextura física que él, llevaba la misma máscara, sólo que los colores estaban al revés; el lado izquierdo rojo y el derecho dorado.

—Con ustedes, directo desde Rusia ¡Los gemelos!

Bueno, eso tenía sentido.

En medio de ambos hombres había algunas pesas. Según el número que tenían grabado los discos, todas pesaban más de cien kilos.

—No puede ser —oí a Ashley murmurar cuando ambos comenzaron a levantar las pesas sin ningún tipo de esfuerzo, como si estuvieran levantando un dulce del suelo.

Lo primero que pensé fue que las pesas no pesaban realmente lo que decían. Era lo único que tenía sentido, porque no había manera de que esos hombres incluso siendo tan grandes, pudieran levantar tanto peso sin ningún esfuerzo.

Continuaron su demostración por algunos breves minutos antes de que la voz se oyera de nuevo.

—Ahora necesitaremos algunos voluntarios, para demostrar a todos que las habilidades de los gemelos son completamente verídicas. ¡Vamos, las manos arriba quienes quieran participar!

Un montón de manos se alzaron. Los gemelos eligieron a varias personas de las primeras filas. Hombres y mujeres de diferentes complexiones.

Todos los elegidos subieron al escenario y uno a uno, fueron alzados en el aire. Sin ningún tipo de dificultad, como si fueran tan ligeros cómo una pluma. No sólo se limitaron a eso, sino también trajeron varios objetos de distintos pesos para demostrar que no era un truco. Las personas en el escenario intentaron levantar las pesas y los objetos pesados, pero nadie lo logró. Sólo los gemelos podían hacerlo.

Para cuando su espectáculo acabó, nadie dudaba de la veracidad de sus habilidades y el público gritaba de emoción mientras yo me preguntaba cómo demonios era posible.

Después de unos minutos la música relajada y divertida cambió por una más tensa y las luces se apagaron nuevamente, alejando mis pensamientos curiosos.

Pasaron unos segundos antes de que una luz enfocara algo en la altura.

Trapecistas. Mi estomago se revolvió.

No me gustaban las alturas. Y la carpa era muy alta. Ni siquiera era yo quien estaba en los trapecios, pero aun así sentí las náuseas en mi organismo.

Miré hacía arriba atenta a las personas colgando en la altura. Era un hombre y una mujer, cada uno en extremos contrarios de la carpa.

El traje del chico era negro y su mascara de un color rojo brillante. La chica, todo lo contrario; su máscara negra y su traje rojo.

—¡No puede haber un buen show sin este dúo! —la voz del animador se oyó otra vez.

La pareja hizo una especie de reverencia y entonces comenzó su espectáculo.

Saltaron de un trapecio a otro con una facilidad increíble, haciendo piruetas que parecían imposible en el aire, moviéndose con gracia y elegancia en el proceso. No parecían tener miedo, no parecían ser capaces de caer. Me pregunté cuánto tiempo tuvieron que practicar para estar así de seguros a tantos metros de altura. Sin red de seguridad abajo.

Sentía temor por ellos. Aguantaba la respiración cada vez que se soltaban del trapecio. Mi corazón latía descontrolado, pero no podía dejar de mirarlos. Eran completamente hipnotizantes. Se movían con tanta delicadeza y precisión, cómo si la gravedad no existiera para ellos, cómo si tuvieran absoluto control.

La luz se apagó de repente y el público contuvo el aliento durante unos segundos, hasta que un destello anaranjado se iluminó en la altura. Pero no eran luces, era un aro de fuego.

Las luces, ahora más tenues, volvieron a enfocar al dúo que colgaba de los trapecios.

El anillo de fuego estaba en medio de ambos. De inmediato supe que iban a pasar a través de él y cuando ambos comenzaron a balancearse en sus respectivos trapecios, mis nervios gritaron; ambos iban atravesar el anillo de fuego al mismo tiempo. Pero no era posible, apenas había espacio suficiente. El margen de error era enorme, no había manera de que eso saliera bien.

Sentí el impulso de cerrar los ojos o cubrirlos con mi mano, pero lo resistí. Una parte de mí no quería perderse ningún segundo de lo que estaba por suceder.

Se hizo un silencio tenso en la carpa, todos estábamos atentos, conteniendo el aliento con preocupación por los trapecistas, que aun seguían balanceándose.

Cuando finalmente tuvieron el impulso suficiente, ambos se soltaron al mismo tiempo. Ahogué un grito cuando los vi atravesar el anillo de fuego al mismo tiempo sin siquiera tocarse.

Ambos llegaron al trapecio contrario y sólo entonces el público estalló en una ovación ensordecedora.

Aun con los nervios de punta, me uní a ellos con aplausos y gritos.

(…)

El espectáculo continuó con otras presentaciones. Desde contorsionistas, hasta payasos. Ashley cerró los ojos y apretó mi mano durante los quince minutos que el payaso estuvo en el escenario haciendo un espectáculo para los más pequeños en el público.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 31.08.2026

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