Curva al corazón

CAPITULO 9 El precio del escándalo

El silencio en la terraza era ensordecedor. Victoria Wood no apartaba la vista de Valeria, mientras el fotógrafo seguía revisando las capturas con una sonrisa ambiciosa.

—Victoria, esto no es lo que parece —intentó decir Valeria, recuperando su máscara de arquitecta, aunque sus labios todavía ardían por el beso.

—Parece el fin de tu carrera en mi firma, Valeria —sentenció Victoria—. Mañana a primera hora quiero tu renuncia. No voy a permitir que un lío de faldas con un jugador de mala fama hunda mi licitación del estadio.

Gael dio un paso al frente, interponiéndose entre Valeria y su jefa. Su mandíbula estaba tan tensa que parecía que se iba a romper.

—No se atreva a tocar su carrera por esto —dijo Gael con esa voz de mando que usaba frente a los árbitros—. Si necesita un culpable, soy yo. Haré una llamada al comité del estadio. Mi equipo es el principal patrocinador de la obra; si yo digo que Valeria Luna es la única arquitecta capaz de diseñarlo, ella tendrá ese contrato, esté o no en su firma.

Victoria vaciló. La influencia de Gael era masiva. Valeria lo miró, entre agradecida y aterrada por el nivel de poder que él estaba moviendo por ella.

—¿Y qué vas a hacer con el escándalo, Gael? —preguntó Victoria con una sonrisa amarga—. Porque no estás solo en esto.

En ese momento, la puerta de la terraza se abrió de par en par. No era más seguridad, sino una mujer que Valeria reconoció de inmediato por las revistas de moda: Vanessa Rossi, una modelo internacional y, según los medios, la "eterna prometida" de Gael que estaba de gira en Europa.

—¿Gael? Cariño, ¿qué está pasando aquí? —Vanessa entró con un vestido rojo sangre, fingiendo una sorpresa perfecta frente a las cámaras que ya empezaban a amontonarse en la entrada—. Los periodistas abajo están diciendo locuras sobre una supuesta infidelidad con una… ¿trabajadora de la construcción?

Gael se quedó lívido.
—Vanessa, nosotros terminamos hace meses. Sabes perfectamente que lo nuestro fue un contrato publicitario que expiró.

—Eso no es lo que dice el comunicado que mi agente acaba de enviar a la prensa —respondió Vanessa, acercándose a Gael y rodeando su brazo con una posesión posesiva, ignorando olímpicamente a Valeria—. Seguimos juntos, Gael. Por el bien de tu contrato con la liga y mis contratos de marca. No vas a dejar que una "aventura de verano" arruine nuestros negocios, ¿verdad?

Los flashes estallaron. Valeria se sintió de pronto pequeña, fuera de lugar y, sobre todo, traicionada por un mundo que no comprendía. Miró a Gael, esperando que la soltara, que gritara la verdad. Pero él estaba paralizado; sabía que si desmentía a Vanessa en ese momento, la liga lo sancionaría por conducta moral y Valeria quedaría como "la otra", destruyendo su reputación profesional para siempre.

—Valeria, yo… —comenzó Gael, con los ojos suplicantes.

—No digas nada, Black —Valeria retrocedió, sintiendo el peso de la humillación—. Tenías razón. Esto fue un error estratégico. Solo que yo calculé mal el peso de tus mentiras.

Valeria se dio la vuelta y caminó entre la multitud de fotógrafos, ignorando los gritos de Gael. Mientras bajaba las escaleras, se arrancó el pase de la gala. Había perdido su trabajo, su sueño del estadio estaba pendiendo de un hilo y acababa de descubrir que, en el juego de Gael Black, ella ni siquiera estaba en la alineación oficial.




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