Curva al corazón

CAPITULO FINAL El Home Run de sus vidas

El estadio "Coloso de Hierro" estaba a reventar. Era el último juego de la serie y Gael Black había lanzado el partido de su carrera. Cuando cayó el último out, el rugido de cincuenta mil personas hizo vibrar los cimientos que la propia Valeria había supervisado semanas atrás.

Gael, empapado en sudor y con la adrenalina a tope, no corrió hacia los vestidores. En lugar de eso, buscó a Valeria con la mirada entre la multitud. Ella estaba al borde del campo, con el corazón en la garganta. Él le hizo una seña para que bajara al diamante.

Frente a las cámaras de televisión y bajo la lluvia de confeti, Gael se detuvo. El silencio se apoderó gradualmente de las gradas cuando el "Lanzafuego" se quitó la gorra y, ante la sorpresa de todos, puso una rodilla en la tierra roja del montículo.

—Valeria Luna —dijo Gael, su voz proyectada por los altavoces del estadio—. Pasé años creyendo que el éxito era ganar campeonatos solo. Pero tú me enseñaste que no importa cuántas bases robe si no tengo a quién encontrar al llegar a casa. Eres la arquitecta de mi nueva vida. ¿Quieres casarte conmigo?

Gael abrió una pequeña caja con un diamante que brillaba más que los reflectores del estadio. Valeria, con los ojos empañados, se arrodilló frente a él para estar a su altura, rompiendo todo protocolo.

—Sí, Gael. Mil veces sí —susurró ella, abrazándolo mientras el estadio estallaba en júbilo.

Pero antes de que él pudiera levantarla en el aire, Valeria lo sujetó por los hombros y le susurró al oído, con una sonrisa que mezclaba travesura y ternura:

—Pero vas a tener que aprender a lanzar curvas mucho más suaves a partir de ahora, Black.

Gael la miró confundido por un segundo.
—¿De qué hablas?

Valeria tomó la mano de Gael y la llevó lentamente hacia su vientre, presionándola contra la tela de su vestido.
—Hablo de que nuestro equipo acaba de recibir a un nuevo jugador. Estoy embarazada.

El tiempo se detuvo para Gael. Sus ojos pasaron de la sorpresa al asombro total, y luego a una alegría que ninguna victoria deportiva podría igualar. Ignorando las cámaras, la prensa y los miles de espectadores, Gael la besó con una devoción absoluta, sabiendo que su mayor trofeo no era el que le entregarían esa noche, sino la familia que apenas comenzaba a construirse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.