Domingo. Día de la carrera.
Era lo único en lo que pensaba desde la noche anterior y en lo que había estado pensando desde que abrió los ojos esa mañana. No había conseguido la pole, pero al menos tenía la cuerda en la primera vuelta.
Despertó a las cinco am, nervioso y harto de dar vueltas en la cama sin poder dormir. Las carreras jamás lo habían puesto tan ansioso como esa en particular, no entendía porque, pero estaba impaciente por correr. Sabía que algunos miembros del equipo ya debían de estar despiertos y trabajando, él mismo lo había comprobado algunas veces, pero en ese momento no estaba de ánimo para buscar a nadie.
Durante una hora se entretuvo mirando televisión y usando el teléfono, cuando dieron las seis de la mañana comenzó a prepararse para ir al gimnasio del hotel, le gustaba hacer ejercicio antes de correr. Desde que tenía uso de memoria había hecho la misma rutina antes de cualquier carrera.
Haría una rutina más relajada de lo habitual en el gimnasio, se ducharía y bajaría a desayunar con Ciro como siempre.
El gimnasio estaba vacío cuando él llegó y se mantuvo solo un rato de esa forma, pues Ciro llegó tan solo quince minutos después de él. Ambos eran callados por la mañana por lo que apenas hablaron mientras hacían sus ejercicios, ambos enfrascados en sí mismos.
-¿Te apetece ir a nadar después de salir de aquí?-preguntó Ciro cuando ya llevaba un rato allí.
-Claro, yo ya he terminado, pero subo para ponerme el bañador y te espero ahí-respondió Niccolo.
Se acercó hasta el banco donde había dejado sus pertenencias, una pequeña toalla blanca y una botella de agua ya vacía. Se desvió para saludar a Ciro y luego abandonó el lugar.
Se cambiaría de ropa y luego esperaría a Ciro en la piscina del hotel. El día estaba terriblemente caluroso y pesado, por lo que decidió darse un chapuzón apenas llegó al área de la piscina. Iba a ser un día muy largo.
Mientras nadaba lo único en lo que podía pensar era en una despampanante y bonita rubia que lo estaba volviendo loco hacía ya varios días y de la que no sabía nada desde que había llegado al hotel el lunes por la noche. Había terminado de confirmar donde se hospedaba el equipo de Wexford este año en una conversación forzadamente casual con uno de los mecánicos, claro que, de igual forma, Wexford Motors siempre se hospedaban en el mismo hotel.
No había hablado con nadie más que con Patrick sobre el tema y es que tampoco le había contado a él sobre lo sucedido en Mónaco luego de que el francés se hubiera ido, sabía que cualquier rumor tal vez podría traerle problemas a Sira y esa no era su intención.
Aún seguía sin comprender porque, después de tantos años estando en el mismo ámbito tan chico y selectivo no la había conocido hasta hacia unas semanas atrás.
¡Pero si era la hija de la directora ejecutiva del equipo líder durante ocho malditos años!. ¿Como diablos no se había enterado de que Anne Clark tenía una hija?¿Acaso era un tema tabú en el paddock?¿O es que él era demasiado despistado?.
¿Y que era esa maldita regla?¿"No salir con nadie del ámbito"?¿Qué diablos significaba eso?.
No recordaba haber escuchado nada parecido durante todos sus años corriendo para equipos realmente importantes o destacados, de hecho, no recordaba haber escuchado algo así en todos los años que llevaba en la fórmula uno.
Le parecía de muy mal gusto que un contrato te prohibiera con quien salir. Sobre todo porque esa maldita clausula estaba interponiéndose entre una bella rubia y él.
Ciro le interrumpió los pensamientos con un chapoteo de agua que fue directo a su cara, seguido de una carcajada.
-¿Has esperado mucho?.
-No, en realidad-respondió echándole agua él también.
-Pase por la habitación de Freddie y Marty, ya estaban despiertos, dicen que el asfalto hoy tendrá la temperatura mucho más alta que la última vez al parecer-informó Ciro, parecía especialmente tenso.
-¿Estas nervioso?-preguntó con sumo interés. Ciro era su compañero, pero también era su peor competidor.
-Pues no, la verdad-respondió el español-¿Y tú?.
-Tampoco, me gusta este circuito-murmuró.
Durante un buen rato se entretuvieron hablando sobre banalidades y algún que otro tema importante, aunque en realidad ninguno estaba prestando su completa atención al tema. Cuando dieron las nueve treinta de la mañana Niccolo decidió volver a la habitación para darse una ducha y bajar a desayunar al comedor antes de que cerrase el horario del desayuno.
A las once casi en punto estaba esperando que le trajeran el auto a la entrada del hotel. Él mismo comprobó el calor que hacia tras esperar durante diez minutos bajo el rayo del sol, la humedad en el ambiente le hacía transpirar más que algunas otras veces allí y la pesadez se sintió bruscamente cuando salió del hotel.
El auto que le proporcionó Rosso apareció frente a sus ojos, lujoso y llamativo como cada modelo que le habían enviado en los últimos años. Y aún luego de años recibiendo esos autos, se subió con el corazón acelerado por la emoción.
Llegó al paddock en tan solo cuarenta minutos y fue directamente hacia su motorhome para comenzar a prepararse...
Sira se estaba volviendo loca. Esa era la palabra exacta.
Había estado dando vueltas en la cama durante toda la noche sin poder dormir y, una vez que se levantó, no hubo forma de que parara. Hizo ejercicio, caminó por todo el hotel como si estuviera a punto de correr un maratón, apenas probó bocado en lo que iba del día y desde que había pisado el paddock no había parado ni un minuto entre reuniones y mandados.
Estaba tan nerviosa que apenas había cruzado palabra con alguien más que por el trabajo y ciertamente el no haber dormido ni comido nada en horas la ponía de lo más fastidiosa. Como si fuera poco, había tenido que lidiar todo el día con el lívido y el ego de Cody.
El paddock ya se encontraba en su caos natural previo a la carrera ya que faltaban apenas cuarenta minutos para que comenzase, mientras caminaba podía ver a algunos entrenando, otros corriendo por todas partes, algunos dando entrevistas, otros simplemente conversando y algunos pilotos jugando con una pelota.