Curvas Intrépidas

Diez

Sira despertó exaltada cuando Cassidy le pego con una almohada en el rostro.

-¡Mierda!-exclamó-¡¿Pero qué diablos sucede contigo?!.

-¡Quiero saberlo todo!-demandó Cass.

-Pues estudia, burra-murmuró Sira sin molestarse siquiera en abrir los ojos. No le gustaba para nada que la hubiera despertado de esa forma.

Recibió el impacto de un segundo almohadón en su trasero y seguido de eso se escuchó el sonido de las pesadas cortinas corriéndose para darle paso a la luz del día, soltó un quejido lastimero antes de poner la cabeza debajo de la almohada.

-Voy a ir a ducharme y para cuando termine te quiero despierta y lista para desembuchar-dijo Cass de mala gana. A Cass siempre se le había hecho difícil contener su entusiasmo.

Sira no respondió. Le hubiera encantado volver a dormir, pero sabía que una vez que se despertaba ya no podía volver a dormirse, le sucedía eso desde que tenía uso de razón. Con fastidio se destapó la cara y tiró la almohada por algún lugar de la habitación, se estiró hasta alcanzar el mando de la televisión encima de la mesita de luz a un lado de la cama.

Sentía la habitación helada por el aire acondicionado, por lo que se tapó hasta el cuello cuando la recorrió un escalofrió, sabía que Cass solía ser muy calurosa, pero esto era pasarse de la raya, desvió la mirada desde el televisor hasta el aire acondicionado para comprobar la temperatura y se le escapó una grosería. ¿Cómo era posible que alguien soportase de esa forma el cambio de clima al entrar a la habitación sin enfermarse?.

Se estiró otra vez hasta la mesita de noche, pero esta vez para recuperar el control del aire acondicionado para apagarlo. Se levantó envuelta en las sábanas y la colcha para abrir las ventanas de par en par y que entrase un poco el calor a la habitación.

Había dormido tan bien que se sentía completamente renovada y lista para un movido día de trabajo o, bueno, un día de viaje. Ya todo estaba en su lugar, por lo que ya cada integrante del equipo debía prepararse para viajar nuevamente. Otra vez tendrían un lapso de dos semanas hasta que fuera la siguiente carrera y Sira debía viajar hacia Australia al final de esta semana para comenzar a trabajar.

Mientras tanto, debía volver a Mónaco. Ya le habían informado que el contrato estaba listo para firmarlo y que podía mudarse apenas se sellara el trato. Había estado toda la semana dividida entre el trabajo y la organización de los papeleos para el departamento, ahora solo restaba viajar, firmar el contrato, transferir el dinero y ya podría decir que era dueña de un departamento nuevo.

En el centro de Monte Carlo, rodeado de lujos y justo en la misma calle por la que pasaba el circuito de Mónaco.

Con paciencia se acercó hasta su maleta y buscó allí por algo de ropa, no le gustaba usar tantas veces el mismo uniforme, por lo que tenía varias camisas, chombas y camisetas además de varios pantalones negros lisos y algunos con el logo de Wexford. Fastidiada se repitió varias veces que solo por un par de horas tendría que usarlo.

Se decantó por una camiseta y un pantalón de vestir suelto, se puso unos mocasines blancos en los pies y se recogió el pelo en una coleta prolija, buscó entre su alhajero de viaje unos aretes largos porque odiaba recogerse el cabello y tener aretes pequeños.

Cuando se volvió a sentar en la cama, Cass salió del baño envuelta en una toalla, su nariz se arrugó en señal de molestia.

-¿Qué pasó con el aire acondicionado?-preguntó.

-Lo apagué, me sentía en invierno otra vez, ¿Es que acaso eres inmune al cambio de clima o qué?.

-Muy chistosa-murmuró mientras tomaba su maleta y la depositaba sobre la cama-Vamos, ya puedes comenzar a desembuchar.

-Pues...¿Qué quieres saber?.

-Para empezar, quiero saber que sucedió anoche y porque estaba dormido a un lado de nuestra puerta-dijo Cass como si fuera obvio.

-Él solo...Vino para asegurarse de que no le negaría la cita que apostamos, fue realmente tierno-murmuró con un suspiro.

-Pues sí, es bastante tierno-admitió Cass.

-Y luego creo que nos peleamos.

-¿Qué?¿Cómo que pelearon?-detuvo lo que estaba haciendo y alzó la cabeza para observar a Sira.

-No lo sé, en un momento estábamos como...Conectados y al otro estábamos discutiendo porque él no confiaba en que yo cumpliera con mi palabra-respondió, parecía cada vez más exasperada con cada palabra.

-Eso es una idiotez.

-¡Claro que lo es!-chilló.

-Relájate, ¿Quieres?¿Que sucedió luego?-preguntó Cass, había dejado por completo lo que estaba haciendo y se había sentado en su cama, de frente a Sira.

-Se fue, nos despedimos y se fue.

-Es una broma, ¿Verdad?-preguntó con incredulidad. Sira frunció los labios.

-Dijo que me llamaría-murmuró en un pobre intento de que la situación sonase mejor.

-¿Y le diste tu numero?.

-A decir verdad, no-admitió-Pero no creo que tenga problemas para conseguirlo-dijo, en un intento de justificarse. Aunque no debía explicarse ante Cass, sintió la necesidad de hacerlo ante la mirada que le dirigió.

Cassidy era probablemente la única persona capaz de intimidarla con una mirada.

-Vamos a ver, ¿Y cómo dices que puede conseguir tu número?-preguntó Cass, parecía como si le estuviera hablando a un niño. Sira rodó los ojos-Solo intento que veas lo verdaderamente imposible que puede resultarle.

-Pues si no lo consigue entonces me habré ahorrado un problema-simplificó.

No estaba segura de querer ahorrarse el problema.

-Bueno...Eres una idiota, lo entiendo-dijo Cass. Se levantó de la cama y siguió con lo que estaba haciendo minutos antes.

-¿Es una broma, verdad?-preguntó, incrédula ante el insulto. Su amiga la ignoró-¿Es en serio, Cassidy?¿Acaso tienes cuatro años?-Cass siguió sin contestar-No lo puedo creer, estas ignorándome porque no quiero salir con un chico.

-Estoy ignorándote porque dices puras idioteces, te ignoro porque sí quieres salir con ese chico y eres una verdadera gallina-dijo con rudeza.




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