Si. Era Niccolo.
Sira sabía que existía la posibilidad de que la llamase en cualquier momento, sin embargo, había decidido enfrentar la situación lo más neutra y calmada posible, aun así, Niccolo solo le dijo que aún no tenía planes y que solo quería asegurarse de que ella tuviera su número celular en caso de que quisiera hablarle.
Como si eso fuera a pasar.
La reunión para firmar el contrato de la compra del departamento fluyó tan natural como el rio. Hacía ya varios días que habían pulido los últimos detalles del contrato con su abogado y en cuanto todo ya estuvo listo, Jane la llamó emocionada por cerrar el trato.
Sira estaba extasiada por la situación. Desde pequeña había tenido cierta debilidad por algunas ciudades en particular, amaba su ciudad natal y veía en Verona un hogar pacifico, le encantaban los paisajes de Países Bajos, la paz que hallaba en Bélgica y el interesante clima de Londres, le fascinaba probar las comidas exóticas de Brasil y de Japón y disfrutaba al máximo los lujos en Arabia y en Mónaco.
Ciertamente quería un lindo apartamento en Monte Carlo. Al igual que en cada uno de sus lugares favoritos, pero por el momento solo podía conformarse con su apartamento en Verona y con su nueva adquisición.
Que el apartamento estuviera ya amueblado significaba que no debía estresarse por ocupar el espacio vacío de un apartamento recién comprado, pero el alivio de ello estaba un poco opacado por la decepción, ya que siempre le había gustado la idea de decorar una casa y hacerla su hogar.
Sin embargo, el tiempo que se ahorraba con ello durante todo el día, podía utilizarlo visitando Niza mientras esperaba que su equipaje llegara. Dos días antes de su vuelo programado había pedido a su empleada en Verona que le envíe una maleta llena de su ropa y zapatos, además, había pedido que le enviaran una maleta pequeña con algunos de sus libros favoritos para comenzar a rellenar la biblioteca de la casa.
Antes de partir hacia Niza se hizo de algunos víveres básicos en un supermercado cercano y volvió al apartamento solo para dejarlos, no quería cargar con bolsas cuando era innecesario.
El calor del verano, el sol, la cantidad de gente circulando, además de las bellezas ocultas y las que eran fáciles de percibir. Todo ello le había brindado un día excelente, pero agotador, por lo que cuando dieron las siete de la tarde, ya con sus maletas, subió al tren hacia Mónaco.
Se le dificultó más de lo que pensaba caminar con las dos maletas porque la diferencia de pesos la desequilibraba levemente, sin embargo, se las arregló durante los pequeños tramos que tuvo desde el tren al taxi y desde el taxi hasta el edificio, no estaba mirando hacia arriba cuando entró al elevador y cuando oyó un carraspeo justo detrás de ella saltó en su lugar por el susto.
-Si no fuera porque peleas con dos maletas, podría jurar que esto es acoso- murmuró una voz justo en su oído.
Sira dio media vuelta preparada ya para enfrentarse a quien quiera que fuera el hombre detrás de ella, aunque la confusión la golpeo al instante.
-¿Jake?-preguntó incrédula.
-Así me presente contigo, si-respondió soltando una risita, le parecía aún más lindo con la iluminación apropiada.
-¿Vives aquí?-la curiosidad le picaba.
-Yo no, pero mi hermana si-murmuró encogiéndose de hombros-Pero deduzco que tu si vives aquí ahora-asumió.
-No, la verdad es que solo quería salir a pasear con mis maletas repletas de ropa-bromeó. Jake volteó los ojos.
-¿A qué piso vas?.
-Piso once-respondió un tanto desconfiada, ciertamente no conocía a Jake y la idea de guiar a un desconocido hacia su nuevo hogar la ponía un poco nerviosa.
Jake se precipito hacia el teclado del elevador y presiono el botón correspondiente.
-¿Tu hermana en que piso vive?.
-En el tercero, no lleva bien las alturas-comentó con soltura.
-A mí me fascinan.
Su intento de llenar el silencio fue inútil y durante el tiempo que se demoraron en el elevador se mantuvieron en silencio. A Sira no le pasó desapercibido cuando el elevador paso el tercer piso y Jake no bajó.
Cuando llegaron a su piso Jake empujó levemente a Sira para tomar las maletas él solo y dejó que ella guiara el camino hasta su puerta. La verdadera incomodidad se hizo presente cuando Sira abrió la puerta y no supo si invitarlo a pasar, porque si, Jake había sido un dulce al igual que la noche en que lo conoció, pero aun así no sabía nada de él. Jake pareció notar la duda.
-No tienes que invitarme a pasar si no lo deseas, no voy a ofenderme-dijo con una sincera sonrisa en su rostro.
-Tal vez podría cocinar pasta para la cena-bromeó Sira.
-Y yo podría traer a mi hermana, de esa forma ya conocerías a alguien más del edificio-a Sira le pareció que Jake no había entendido su broma.
-De acuerdo, los veo en una hora entonces-murmuró insegura. Jake sonrió y luego enfiló hacia el elevador.
Tan pronto como entró al apartamento se precipito para poner a fuego lento una olla con agua y buscó en la nevera las dos cajas de pasta que había comprado ese mismo día. En otra olla puso una mezcla de salsa en lata, arrugó la nariz en disgusto, a Sira le gustaba preparar sus propias salsas caceras, pero en esa ocasión no tenía elección. Sin embargo, compenso la salsa cuando comenzó a condimentarla a su gusto.
Mientras la salsa se cocinaba y el agua hervía, llevó las maletas a su habitación y con los pocos elementos de limpieza que había comprado en la mañana comenzó a repasar el piso y los muebles, si había algo que detestaba era sentir el polvo en sus dedos o en los pies al caminar descalza.
Intercaló las dos tareas, la limpieza y la cocina, mientras esperaba a que se hicieran las pastas se puso a barrer y cuando sonó la alarma del teléfono avisándole que ya había alcanzado el tiempo de cocción de las pastas, apagó el fuego de la olla para la salsa.