Curvas Intrépidas

Doce

Niccolo estaba molesto y cansado. No había descansado para nada bien los últimos días, el viaje de vuelta a casa había sido agotador y ciertamente le apetecía pasar una buena noche en su cama sin que nada lo molestase.

Y eso hubiera sido estupendo, si no fuera por los golpeteos y la música que se oían desde el piso de arriba hacía ya tres horas. Desde su punto de vista, había sido más que paciente. Un piso, era solo un maldito piso y, además, era el departamento justo encima del suyo.

Tocó el timbre por lo menos cuatro veces, golpeteó la puerta por lo menos tres y básicamente la aporreó al menos dos veces. Cuando iba a golpear la puerta una tercera vez, aun con más fuerza, se abrió de un tirón.

Aun aturdido podía apreciar lo hermosa que era. Con un moño desprolijo y ropa de casa le parecía aún más bonita.

-Joder...-apenas consiguió escuchar el suave susurro de ella.

-Si. Joder.

-¿Qué haces aquí?.

-Vivo aquí, Sira-él mismo había notado el tono impaciente en su voz.

La euforia con la que Sira había abierto la puerta comenzaba a apaciguarse, poco a poco Niccolo comenzó a vislumbrar la habitual expresión seria en su rostro.

-¿Sucede algo?-aunque la respuesta era más que obvio, ambos sabían que era una pregunta necesaria.

-Pues sí, ya que lo preguntas. Sucede que me apetece mucho pasar una noche relajante en mi casa después de varios días de mucho estrés.

-Va, ¿No deberías haberlo hecho ya? Son como las dos de la madrugada-bromeó Sira, al parecer lo único serio en ella en ese momento era la expresión de su rostro.

-Lo he intentado, pero al parecer tú vives justo en el departamento que está encima del mío...Y no has parado de bailar y mover muebles en toda la noche. Con la música a tope-en ese momento un hombre alto y moreno abrió un poco más la puerta y con una sonrisa bobalicona le preguntó a Sira:

-¿Qué sucede que te demoras tanto? ¡Te estamos esperando!-una fracción de segundo fue lo que tardó Niccolo en reconocerlo como el tipo del Golden Bar que había intentado ligársela.

No estaba muy seguro de si ellos dos lo habían oído, pero Niccolo escuchó perfectamente el crujido de su propia mandíbula.

-Ya, Jake, ya voy-murmuró con una risita nerviosa, parecía incomoda mientras empujaba al tal Jake para que se alejase.

-¿Te importa? Estamos hablando-gruñó. El tipo lo miró durante unos segundos con los ojos empañados y una expresión atontada que se fue convirtiendo en sorpresa.

-¡Joder!¡Pero si eres Niccolo Dumontier!-bramó. Claro que a Jake le hubiera encantado que el tipo al que esperaba ver cada fin de semana le sonriera, pero eso no fue lo que paso.

-Sí, muchas gracias, ya sabía mi nombre.

-Joder, que soy admirador tuyo-Jake estaba tan eufórico que parecía un niño pequeño con una caja llena de dulces.

-No me dijiste que él vivía aquí, Jake-Sira habló intentando relajar un poco el ambiente.

-¿De qué diablos estás hablando?¿A qué te refieres con que vive aquí?-preguntó Jake.

-Niccolo vive justamente en el departamento debajo del mío-lo miró a los ojos mientras hablaba, podía notar el fastidio que Niccolo ni siquiera se molestaba en ocultar.

-Joder...¿Me estás tomando el pelo?-el tono ahogado de Jake le pareció de lo más preocupante.

-¿Estás bien?-preguntó-Si, lo acaba de comentar, ¿Tu no lo sabías?.

-Steph se mudó aquí hace dos días...Santo Dios, mi hermana es vecina de Niccolo Dumontier.

-¿Crees que podrían bajar el volumen de la música?-Niccolo estaba cada vez más irritado...Y celoso.

-Lo siento, bajaré el volumen de la música-accedió.

-¿Por qué no pasas? La estamos pasando increíble-Sira arrugó la nariz al escuchar la propuesta a su lado.

-¡No!.

-No.

Ambos negaron al mismo tiempo, Niccolo porque no le apetecía pasar quién sabe cuánto tiempo mirando mientras Sira y el pelmazo ese coqueteaban. Sira no estaba segura de porqué había negado, pero había seguido un impulso.

-¿Por qué?-Jake parecía completamente ajeno a la silenciosa guerra entre la muchacha a su lado y el piloto monegasco.

-Por qué no, Jake. Bajaremos el volumen, de verdad, lo siento-se disculpó. Niccolo la miró a los ojos y soltó una risita sarcástica, incrédula.

-Claro, como digas-echando chispas se giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia el ascensor nuevamente.

¿Cuál era el problema si el tal Jake lo invitaba a pasar?¿Qué era lo terrible de que conociera si apartamento? Ni que fuera un desconocido. De cualquier forma, ¿De dónde diablos había salido el tal Jake otra vez? Había dicho que una tal Steph se había mudado al edificio unos días atrás, estaba seguro que tenía que ver algo con ella.

¿Podría ser que Sira estuviera enrollada con un hombre con pareja? No, ella no sería capaz...Aunque Niccolo no la conocía en absoluto, claro.

¿Y ahora vivía en el departamento de arriba? La había visto y había fantaseado con la idea de que estuviera viendo departamentos cerca de allí, incluso en el mismo edificio...¿Pero en el departamento de arriba? Eso era demasiada coincidencia.

Joder, como le apetecía acostarse y dormir tres días seguidos.

A Sira la borrachera se le había pasado de la impresión.

Había empujado a Jake dentro del departamento en el mismo momento en el que el elevador cerró sus puertas; respiraba con dificultad por el esfuerzo de cargar con el peso de él.

Con esfuerzo guio a Jake hasta el sofá, la euforia que había tenido mientras hablaba con Niccolo se le había esfumado de un momento a otro y ahora Sira cargaba con el peso muerto de un chico de un metro noventa.

Volvió sobre sus pasos y buscó a tientas sobre la mesa el mando del televisor, cuando lo encontró, pausó el video.

-¡Eh!-protestó Steph que, al parecer, no se había percatado de toda la secuencia en la puerta.

-Suficiente por hoy, Steph, vamos-con un brazo la sujetó de la cadera y con el otro hizo que Steph pasara un su brazo sobre sus hombros para poder sostenerla mejor. Ella parecía estar en mejor estado que su hermano, pero Sira no quería arriesgarse a que caminase por cuenta propia; la guio por el pasillo hacia la habitación de invitados y dejó que se recostase sola.




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