Curvas Intrépidas

Trece

Sus pruebas, como para todos los equipos de la parrilla, eran las practicas previas a las carreras; donde se permitían errores y controles, se probaban cubiertas, rendimientos, el asfalto, las estrategias...Esos momentos eran esenciales para el desarrollo del auto, de los pilotos y del equipo.

Gracias a la primera practica los mecánicos pudieron encontrar un defecto en el piso que los estaba haciendo más lentos, pero eso fue todo lo que pudieron avanzar y, para la tercera práctica, todos en el equipo ya habían asumido que no podrían hacer más nada por el auto, por lo menos no para esa carrera.

Ella estaba optimista en cuanto a las posibilidades del equipo ese fin de semana; había hablado personalmente con Lenard y Garrick sobre el auto y, aunque Lenard aún estaba un poco inconforme con el rendimiento del auto, los dos tenían una postura optimista también.

¿Qué mejor que el piloto tenga fe en sus chances de ganar o de subir al podio al menos?.

Nada. Ya habían presenciado momentos en los que los pilotos eran más que el auto y gracias a ello habían ganado. Lenard y Garrick apuntaban hacia el podio y Sira se conformaría incluso si alcanzaran la cuarta y quinta posición.

Había mantenido largas y serias conversaciones con Sean, con su madre, su padre, la junta directiva y...Con Cassidy.

Aunque no se le podía llamar conversación a lo que había tenido con Cassidy, pues se habían limitado a pedirse perdón la una a la otra al menos unas diez veces mientras se abrazaban. Cass se le había pegado como una lapa desde entonces y apenas se había separado de ella.

Sira la amaba por supuesto, pero quería su espacio. Lo que eso la llevaba hasta ese momento en la cafetería del paddock mientras bebía un grandioso milkshake de chocolate y chequeaba sus redes sociales en su teléfono.

La práctica había terminado hacía ya media hora, por lo que el lugar ya tenía bastante movimiento y el bullicio comenzaba a ser cada vez peor.

-Han mejorado, tal vez podría competir con alguno de ellos este fin de semana.

-¿Ya me hablas?-un par de hipnotizantes ojos verdes chocaron con los de ella.

-¿A qué te refieres?-Sira alzó ceja.

-A que me has ignorado desde que pisaste el circuito ayer.

-Eres demasiado frontal, ¿Te lo han dicho?-un matiz molesto se hizo presente en la voz de él.

-Lo considero una cualidad-murmuró encogiéndose de hombros.

-Eso parece.

-¿Vas a responderme?-como alguien que preguntaba las cosas de frente, esperaba que le respondieran de esa misma forma.

-Sí, no sabía que decirte y creí que era más fácil para ambos ignorarte hasta saberlo-se encogió de hombros tratando de restarle importancia a su respuesta.

-¿Tu excusa es que repentinamente te pongo nervioso? Pues lo siento, no tenía idea de que hablaba con un adolescente-respondió con el ceño fruncido.

-De acuerdo, ahora estas siendo muy grosera.

-Considero más grosero que me ignoren y finjan que no ha sucedido nada importante como haría un niño-la sonrisa sarcástica de Sira le terminó de confirmar que estaba enfadada.

-Como yo lo veo, no estoy fingiendo nada.

-Vives en el departamento debajo de mi nuevo apartamento-Niccolo dejó que un pequeño silencio incómodo flotara entre ellos.

-¿Qué puedo hacer para arreglarlo?.

-No hay nada que arreglar, Niccolo, solo quería saber porque me has ignorado desde que llegaste y ya lo sé, por lo tanto, ya puedes dejarme en paz-murmuró.

-¿Qué tal otra apuesta?-tenía una sonrisa encantadora, Sira debía admitirlo.

-No, Niccolo, no quiero otra apuesta...De hecho, creo que no deberíamos cumplir con la cita, ¿Sabes? Ahora vivimos en el mismo edificio y las cosas ya eran complicadas desde antes...

-Te estás echando para atrás-afirmó Niccolo con un sabor amargo en la boca.

-Sí, me estoy echando hacia atrás-admitió Sira en un suspiro.

-¿Esto es por haberte ignorado?.

-En parte, si-admitió.

-Creí que siempre cumplías con tu palabra-Sira arqueó una ceja al escucharlo.

-Hay excepciones, Niccolo.

-De acuerdo, quizás tienes razón-murmuró mientras asentía con la cabeza-Debo irme.

-Oye, Niccolo...

-Nos vemos luego, Sira, suerte en la clasificación.

Se fue. Sin más. Ni siquiera la miró a los ojos al hablarle...¿Pero quién se creía ese idiota?¿La ignoraba, luego le proponía otra apuesta y al final se iba sin más?¿Y la dejaba sentirse mal sin remordimiento alguno?.

De acuerdo, tal vez lo último era solo cosa suya, pero en las demás cosas tenía razón y eso la llevaba a una sola cosa: Niccolo era un redomado y completo idiota...Y ella era una gallina.

Era una gallina por no cumplir con su palabra, pero sentía como si se hubiera sacado un peso de encima...En su lugar sentía que le hubieran pegado un puñetazo en el estómago y no tenía idea de porqué. Aunque claro que se hacía algunas ideas. Además, no se habría echado atrás con la cita si él no se hubiera comportado como un adolescente.

Miró con asco su milkshake y lo apartó antes de levantarse de la silla, ya no le apetecía para nada estar en ese lugar, había demasiado griterío. Caminó hacia la salida más rápido de lo que pretendía y cuando salió el calor la azoro.

Cuarenta y cinco minutos después de la practica el paddock gozaba lleno de vida y dos horas después aún seguía siendo así. Integrantes de todos los equipos caminaban de un lugar a otro guardando y acomodando los equipos. Algunos pilotos también seguían allí.

Con su trabajo hecho y deseando ya volver al hotel, se encaminó hacia el autobús

Cass la despertó cuando llegaron al hotel, Sira no sabía exactamente el momento en el que se había quedado dormida, pero ciertamente sentía como si hubiese dormido diez horas ininterrumpidas.

Se sentía completamente renovada y caminaba por los pasillos como si fueran las once de la mañana y hubiera corrido diez kilómetros mientras tomaba cinco latitas de energizantes. Cassidy, al contrario de ella, parecía como si se fuera a quedar dormida en cualquier momento.




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