Niccolo sintió una picazón en la mejilla, corrió la cara, pero la picazón ahora la sintió en la nariz. Se rascó la nariz con la mano resistiéndose a abrir los ojos, aunque esa vez sintió la textura.
¿Acaso eso era pelo?.
Tardó solo un segundo demás después de ello para recordar la noche anterior; y tardó menos de un segundo en recordar cada detalle de esa noche. Solo en ese momento fue totalmente consciente de la presión en su brazo.
Abrió los ojos con lentitud para encontrarse con una cabellera rubia delante de él.
Sira le daba la espalda mientras apoyaba la cabeza en su brazo, tenía el hombro y parte de la espalda descubiertos, fue en ese momento cuando se percató del tatuaje que tenía en gran parte de la columna. Mierda...
Con lentitud trató de quitar el brazo de debajo de su cabeza y lo reemplazó cuando acomodó la almohada en su lugar.
De acuerdo, eran casi las ocho treinta, tenía tiempo y esperaba que mucho, en realidad. Llamó a recepción y pidió que le trajeran un gran ramo de margaritas frescas. En la cocina, comenzó la mezcla para preparar waffles y puso a andar la cafetera.
Quería despertar a Sira con un lindo desayuno en la cama y esperaba poder hacerlo antes de que fuera tarde. Chequeó el reloj en la pared: ocho cuarenta y cinco. Más le valía apurarse. Y las flores, ¿Dónde estaban las flores?.
Golpes en la puerta, ahí estaban las flores.
No, no eran las flores.
-Vaya, es la primera vez que abres la puerta tan rápido-murmuró, Niccolo le tapó el paso.
-Tienes que irte.
-¿Disculpa, que? Creí escuchar a mi hermano echarme de su casa.
-Hablo en serio, Arthur, vete-susurró Niccolo.
-Déjame pasar o le digo a mamá-amenazó.
-¿Que tienes cinco años? No vas a pasar, te lo advierto-en ese momento se abrió el elevador y el recepcionista caminó hasta ellos.
-Señor, le traigo las flores que ordenó-Arthur movió la mirada varias veces entre Niccolo y el recepcionista.
Y justo en ese momento...
-¿Niccolo?-una voz suave lo llamó desde el interior del apartamento, él maldijo para sus adentros y se giró.
Sira lo miraba desde el pasillo con su camisa puesta, se distrajo tanto que no se percató que dejó que la puerta se abriera un poco más hasta que ella abrió los ojos exageradamente. Volvió a girarse, pero ya era tarde, Arthur ya la había visto.
-Yo agarro esto, muchas gracias-se apuró su hermano, el recepcionista sonrió y se dirigió de nuevo hacia el elevador.
Arthur empujó a Niccolo para pasar.
-Eh...Hola-saludó Sira, incomoda, estaba intentando mantener la camisa en su lugar.
-Buenos días-dijo Arthur con una sonrisa, aun tenia las flores en la mano.
Niccolo se estiró para quitárselas de las manos y las llevó hasta el jarrón en el centro de la mesa.
-Sí, buenos días-murmuró malhumorado.
-Yo voy a cambiarme.
-En realidad, te hice el desayuno, si quieres puedes tomar ropa de mi armario-ofreció Niccolo.
Oficialmente la mañana y el desayuno sorpresa se habían arruinado.
-Vale.
En el instante en el que Sira desapareció por el pasillo, Arthur se giró hacia su hermano.
-¡¿Te estas acostando con Sira Marini?!-susurró, aunque mucho más fuerte de lo que Niccolo hubiera preferido.
-Cierra la boca-murmuró antes de precipitarse hacia el pasillo. Sira ya no estaba.
-¿Desde cuándo?.
-Desde anoche y quiero seguir haciéndolo, así que, por favor, vete ya-rogó una vez más.
Arthur rio, pero de igual forma caminó hacia la puerta.
-Quiero los detalles luego.
-Sí, sí, adiós, largo-lo echó.
Sira apareció por el pasillo justo cuando Niccolo le cerraba la puerta en la cara a su hermano. Llevaba puesto un short de futbol del Manchester United y arriba la camisa con la que se había levantado, aunque iba descalza.
Se acercó con cautela hacia la mesa y se sentó delante de una de las tazas de café. Niccolo la observó y Sira solo le sonrió.
-¿Vienes?-preguntó.
-Claro-respondió él sonriendo y se sentó a su lado-¿Cómo dormiste?.
Sira se sonrojó.
-Muy bien, a decir verdad. ¿Tu?
-Llevaba tiempo sin dormir tan bien-lo dijo a propósito, le gustaba ver como ella se sonrojaba.
Le gustaba aún más verla sonrojarse mientras llevaba puesta su camisa y el pelo recogido en un moño desprolijo.
-Me alegro por ti-respondió antes de beber un sorbo de café, Niccolo la imitó.
-Te queda muy linda mi camisa-Sira casi esculpió el pedazo de waffle que estaba masticando.
-Vale, ¿Quieres hablar sobre eso?.
-Solo quería decirte que me gusta cómo te queda mi camisa-se defendió alzando las manos con falsa inocencia.
-De seguro te gusto más sin ella-fue Niccolo quien comenzó a toser esa vez.
-Vale, ganaste, lo admito-dijo riendo.
-Gracias, gracias, un placer competir contigo.
No se mantuvieron callados en todo el desayuno; la conversación fue variando entre bromas e insinuaciones, aunque de vez en cuando alguno hablaba sobre algún tema interesante. Atrasaron de tal forma el terminar el desayuno que el café de Sira se enfrió y lo waffles a Niccolo ya no le apetecían tanto.
Pero estaban disfrutando el tiempo juntos.
Niccolo fue el primero en terminar su desayuno porque se sentía idiota tardando más de cuarenta minutos para terminar de comer un waffle, Sira miraba su propio café con asco y cuando alzó la mirada se encontró un Niccolo con una mueca de disgusto después de tomar un sorbo de su propio café.
-Me gusta esto.
-¿Desayunar café frio?-preguntó Sira alzando la ceja.
-Verte así de relajada conmigo-esa respuesta tan sincera hizo que sonriera.
Estaba sonriendo mucho, demasiado para su gusto, se sentía idiota.
-Es fácil estar así contigo.
Vale, ahora se sentía más idiota aún. Y era cada vez peor porque lo que quería decir no salía de ella. Estaba tan concentrada en ello que no se dio cuenta que Niccolo estaba básicamente en su misma situación.