-¡Amo las calles de aquí, son tan pequeñas y acogedoras!-gritó Sarah al entrar al apartamento, al grito le siguió un portazo.
-¿Y qué culpa tiene mi puerta de que te guste Verona?.
-Lo siento, es que me emociona. Si por mi fuera ya habría comprado una vespa y recorrido toda Italia-confesó en un suspiro soñador.
-Sira tiene una vespa-terció Cassidy desde el sofá.
-Muchas gracias, Cass, ahora tengo que prestársela a la hippie loca.
-Oye-protestó Sarah con las cejas fruncidas-No soy hippie.
Sira la observó con una ceja alzada.
-¿Solo eso te ofendió?-Sarah se encogió de hombros.
-La verdad es que me interesa más recalcar que es la primera vez que Cassidy habla en todo lo que va del día. Y ya es la hora de cenar.
Sarah tenía razón; durante los últimos días Cass había tenido un humor de perros y apenas había hablado más que lo justo y necesario, se había mantenido pegada a su teléfono y su computadora desde antes de tomar su vuelo hasta Verona.
Tanto Sira cómo Sarah habían decidido no inmiscuirse y dejar que Cass les hablase cuando quisiera.
Sira clavó la mirada en su amiga quien lo único que hizo fue revolear los ojos e ignorarlas. Esa había sido Cassidy durante los últimos tres días y a Sira comenzaba a impacientarla. Tal vez no tendría tanto problema con su actitud si supiera la razón.
-Puedes usar mi vespa cuando quieras, siempre y cuando me asegure de que sepas manejarla-accedió, aun con la mirada fija en Cassidy.
Sarah dio unos saltos en su lugar a la vez que aplaudía.
-¿Lo ves? Por eso te quiero-murmuró mientras caminaba hacia la cocina-¡Aún queda un poco de pizza!-gritó. Sira alzó la cabeza para mirar el reloj colgado en la pared.
Ya marcaba las ocho treinta de la noche; y no le apetecía para nada comer pizza.
-Se me antoja una ensalada con carne-dijo al aire.
Sarah, que la había escuchado desde la cocina, se asomó por la puerta.
-Podríamos salir a cenar, yo quiero risotto-sugirió.
-Conmigo no cuenten-terció Cass.
-No contaba contigo.
-¿Salimos o quieres pedir a domicilio?-preguntó Sarah, aunque ella ya se había arrimado al perchero para agarrar su bolso.
Sira bajóo la mirada para verse a sí misma, llevaba puesto un short negro, una remera blanca oversize y unas chancletas negras. Estaba hecha un desastre. Bueno, quizás no un desastre, pero ese no era de sus mejores outfits, aunque tenía demasiada hambre como para ir a cambiarse.
Además, no soportaba más a Cassidy, prefería salir a comer a un restaurante elegante vestida con una bolsa de papas cual Marilyn Monroe que seguir en una habitación con un ente en ese momento.
-Vamos.
Se levantó de un salto del sofá y siguió a Sarah por la puerta, antes de salir tomó su cartera del perchero. Cerró su puerta con llave porque, aunque fuera un edificio y una ciudad segura, este apartamento no tenía mayor seguridad que la puerta de entrada y la puerta de su apartamento.
No le preocupaba Cassidy, pues ella ya tenía una llave de la casa.
Sira conocía esas calles más que las calles de Mónaco, por lo que guio a Sarah con toda la familiaridad del mundo hasta un pequeño restaurante en el que había comido infinidades de veces.
Aunque esa vez fue diferente, era divertido ver a Sarah emocionada con cualquier detalle que viera. Además, era el restaurante más pintoresco al que la podría haber llevado. Escogieron una mesa vista directo a la calle.
-Por alguna razón todo aquí me enamora-murmuró Sarah maravillada.
-Tal vez es porque estas en la ciudad de Romeo y Julieta, todo es exageradamente romántico, ¿No lo crees?-observó.
-Vaya, el ánimo de Cassidy es contagioso, no lo sabía-Sira rio.
-Sabes que no lo veo como algo malo, idiota-Sarah siguió de largo el comentario.
-¿Sabes a donde podríamos ir mañana? A la casa de Julieta-propuso emocionada.
-Es un lindo lugar. Deberías tocarle el pecho a Julieta para tener suerte con Garrick -sugirió.
-Con la suerte que ya tenemos me basta y me sobra, me da no sé qué tocarle el pecho a una estatua de una niña de trece años-comentó arrugando la nariz.
-Tienes un buen punto con lo de niña-concordó-Hablando de eso, ¿Qué tal tu hermana y tu sobrino?.
-Bien, el bastardo del padre apareció hace una semana. Dice que se fue para reflexionar y ser un buen padre-la mirada que Sarah le dio le dejo en claro que no creía ni una palabra de lo que su cuñado decía.
-¿Y tu hermana que dice?.
-Lo perdonó al segundo, lo defiende como si fuera lo mejor y solo es un imbécil mayor que embarazo a una niña.
-¿Y el bebe?-a Sarah se le iluminó el rostro.
-Es un sol, es el bebe más tranquilo que he conocido y, aunque no tengo idea de cómo lo hace, ya sonríe. Tiene tres semanas, mira-tan pronto como termino de hablar comenzó a buscar en su teléfono.
Le mostró una linda foto de un bebe recién nacido. Llevaba un gorrito blanco, una batita de bebe verde manzana y tenía las manos tapándose el rostro, estaba aún un poquito rojo por la fuerza que había hecho al nacer.
-Es una ternura.
-Si. Mi madre dice que es igual a mi hermana cuando nació, está completamente babosa.
-¿Y tú?-preguntó.
-Pues...Estaría más babosa si mi hermana tuviera al menos dieciocho y no siguiera cursando el bachillerato, pero bueno, el bebe ya está aquí y no por eso lo voy a querer menos, ¿No crees?-aunque Sarah hablaba tranquila, Sira pudo notar el matiz molesto en su voz.
Era un tema del que no quería hablar, Sira podía evitarlo.
-¿Sabes? Hoy podríamos salir, me apetece bailar-propuso, el mesero apenas estaba dejando sus platos en la mesa.
-Mmm, tal vez podríamos hacer un rico pastel de chocolate y tomar un vino muy caro.
-¿Hay algo que no me estés contando?-bromeó.
-Oh, sí, estoy hundida en una terrible depresión por ser la tía joven que tiene dinero-respondió irónica.
-Oh, así que primero vamos por la ironía-murmuró Sira antes de alzar su copa para beber un poco de vino tinto.