Curvas Intrépidas

Veinte

Amaba el caos. No tenía otra forma de definir el sentimiento que la embargaba cada vez que se hallaba entre medio de cientos de personas y con mucho ruido.

Incluso cuando estaba sola necesitaba tener ruido de fondo para poder concentrarse, no importaba si era el ruido del televisor, si era música o si era el tráfico en la calle. Sira siempre necesitaba caos para concentrarse.

Esa era una de las razones principales por las que trabajar en el paddock le encantaba y si tenía un día no tan bueno, por lo menos era un ambiente en el que se sentía cómoda.

O, mejor dicho, era un ambiente en el que antes se sentía cómoda. Antes de los rumores de acomodo, antes de Niccolo y antes de los rumores de una tal chica con la que salía Niccolo. Sí, últimamente habían sucedido cambios bastante grandes en su vida.

El primer y para nada pequeño cambio fue cuando se recibió de la universidad, tan solo unos meses atrás, cuando apenas estaba poniendo un pie en las puertas del equipo. El sueño de cualquier fanático de la fórmula uno.

El segundo cambio para ella fue cuando en la fiesta de los Jefferson, antes de iniciar la temporada, se percató que había muchas personas nuevas desde que había estado en los boxes por última vez.

El tercer cambio llegó unas semanas después cuando al fin se le presento la oportunidad de comprar su departamento en Monte Carlo, no era nada fácil poder comprar un apartamento allí. Era mucho más exclusivo de lo que parecía.

Y junto con el llegó Niccolo. Tal vez Sira no lo habría contado como un gran cambio de no ser por su casi inexistente vida amorosa previa; durante su adolescencia e inicio en la adultez siempre le había parecido que había algo más importante para hacer que tener citas.

O tal vez esa siempre había sido una excusa, últimamente descubría con facilidad sus propias excusas.

Aunque no sentía que estuviera haciendo las cosas mal, sino tal vez...Un poco caóticas.

Si, esa era la palabra: Caóticas. Se sentía un poco excitante hacer cosas supuestamente "prohibidas" después de haber seguido las reglas toda su vida; y es que siempre se había comportado como un ejemplo a seguir para llegar a donde estaba.

Y ahora que había llegado sentía que se merecía un descanso. Pero no creía que lo que estaba sucediendo en su vida entrase en la definición de descanso en realidad.

-Te ves como si te estuviera por estallar una neurona-escuchó a sus espaldas.

-Vaya, gracias mamá.

-¿Que estás haciendo?-su madre tomó una silla y se sentó a su lado.

-Solo estoy pasando la estrategia principal a escrito, Sean la quiere impresa antes de la carrera-explicó.

-Oh si, tu padre pidió la estrategia principal y la que se termina utilizando en caso de que se cambie por alguna emergencia.

-¿Por qué?-preguntó con el ceño fruncido.

-Está convencido de que el problema del monoplaza está en la distribución de peso o la aerodinámica. Ha estado trabajando con Cassidy y Sean por semanas sin que lo sepa nadie más-Sira notó como su madre inspeccionaba el monitor.

-Sean no tiene nada que ver ni en peso ni en aerodinámica-discutió.

-Es un tipo inteligente, además, mientras más conozca el monoplaza, mejores estrategias puede elaborar.

-Somos un equipo. Un equipo elabora las estrategias, no solo Sean.

-Sabes bien que la palabra final la tiene él. Y no tiene que ser un genio para entender distribución de peso, Sira; y como estrategas sabes muy bien cómo se tiene en cuenta ambas cosas-Anne le explicaba todo con paciencia, pero con determinación.

Toda su vida Sira había lidiado con ese tono que dejaba en claro quien estaba al mando y que las decisiones estaban tomadas.

-Va. Supongo que igual las estrategias impresas se las daré primero a Sean-respondió encogiéndose de hombros; no estaba dispuesta a pelear por algo así.

Además, si tenían suerte podrían descubrir qué diablos sucedía con ese auto esa temporada.

A Sira no le pasó desapercibida la inquietud de su madre, que cambiaba de posición como si no encontrase una forma cómoda. Y ni siquiera estaba sentada.

-¿Que sucede?-preguntó de una vez.

-¿Recuerdas ese amigo de tu padre con el que estuvimos de vacaciones la última vez?-Sira asintió-Bueno, tiene un hijo como de tu edad y...

-No-incluso a Sira le sorprendió la rapidez con la que respondió.

-No he terminado de hablar.

-Pues ya se lo que quieres decir y no me interesa-murmuró.

-Deberías intentar conocerlo. Va a Harvard y está en su último año, tiene veinticuatro años. Estudia derecho-su madre lo presentaba como si fuera el candidato perfecto.

-Bueno, me alegro por él, pero a mí no me interesa conocerlo.

-Solo es una cita-insistió su madre.

-¿No crees que ya estoy grandecita para que me busques un novio?-preguntó con el ceño fruncido, estaba comenzando a enfadarse.

-¿Que hay de malo en que tu madre te busque un novio?-preguntó con un tono que rezumaba inocencia.

-Muchas cosas, comenzando por la parte en la que no deberías meterte en mi vida amorosa.

-¿Y pensaste que, tal vez, solo me parece un buen chico para ser tu amigo?-Sira la observó escéptica.

-¿Es por eso?.

-Pues no, la verdad que no. Pero ya ves, es un buen chico.

-Va, mamá, no me interesa si es un buen chico o no. No deberías meterte en mi vida amorosa y punto-replicó, estaba comenzando a enfadarse.

-No es meterme, es que siento que tal vez deberías…

-Estoy saliendo con alguien-la interrumpió. Se arrepintió tan pronto lo hizo.

Su madre la miraba como si un tercer ojo le hubiera salido en la frente, pero de un momento al otro comenzó a reírse.

-¿Hablas de verdad?-preguntó, Sira supo en ese momento que su madre no le creía.

Titubeó antes de responder.

-Por favor no hagas un escándalo de esto-rogó.

-¿Quién es?-preguntó de sopetón.

-Todavía no-advirtió.

-¿Por qué?.

-Pues porque apenas nos estamos conociendo-ella y su gran bocota. Hubiera sido mucho mejor aceptar tener una cita y luego explicárselo a Niccolo.




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