No sabía que estaba haciendo. O bueno si sabía lo que estaba haciendo, pero no terminaba de comprender porque lo hacía. Bueno si sabía porque, pero no sabía porque tenía tan repentino impulso.
Está bien, eso también lo sabía. Debía dejar de poner excusas en sus comportamientos, le parecía un muy mal hábito.
Rayos, estaba caminando demasiado rápido, apenas se dio cuenta que ya había subido al elevador y había apretado el botón del piso de sus padres. Va, no había que entrar en pánico. De momento solo estaba en el elevador, pero con las puertas abiertas.
Okey, okey, okey.
Respiró hondo antes de comenzar a caminar por el pasillo. Habitación treinta y nueve, justo al final del pasillo del lado izquierda. El pasillo se le hizo tan corto como el suyo cuando dejó su habitación.
Llamó a la puerta con tres toquecitos y esperó, apenas soportaba los nervios. Estaba a punto de darse media vuelta y volver sobre sus pasos cuando la puerta se abrió y dejó ver a su padre.
-Oh, hola cariño-saludó mientras se hacía a un lado para dejarla entrar.
Ya está, ya había pisado la habitación, ya no había vuelta atrás. Aunque podía decir que había ido a otra cosa...No. Debía tratar lo que había ido a hablar.
-Estábamos por bajar a tomar un café, ¿Quieres venir?-verdaderamente le apetecía un café.
Pero no estaba allí por eso, no. Tenían que hablar, si, tenían que hablar. Se aclaró la garganta porque, francamente, no sabía qué hacer.
-Eh...No, no, yo quería...¿Dónde está mamá?-preguntó.
-Estoy aquí-escuchó su voz detrás de ella-Estaba en el baño.
-¿Estas bien, Sigi? Pareces un poco descompuesta-su padre se acercó y le corrió el cabello del rostro.
¿Qué le sucedía que se le estaba dificultando tanto hablar con sus padres? Santo Dios, no es como si ellos hubieran sido unos monstruos al criarla.
Aunque si se sentía un poco descompuesta.
A decir verdad, sentía que iba a vomitar todo lo que había comido en los últimos tres días.
-Estoy bien, estoy bien-murmuró mientras se apartaba, necesitaba un poco de espacio-Tengo algo de qué hablar con ustedes. ¿Podrían?...¿Podrían venir a sentarse?-con una mano señaló el sofá en el medio de la habitación.
A Sira no le pasó desapercibida la mirada rápida que su madre le echo a su padre antes de obedecerla. Anne Clark siempre había sido una persona cautelosa.
-¿Algo va mal?-preguntó su padre.
-No, claro que no, nada va mal-¿Acaso debía sentarse o quedarse de pie?.
No, se sentaría. No quería que las cosas se pusiera aún más rara de lo que ya eran.
-Bueno, yo sé que nunca he sido muy dada a, bueno, a las relaciones, ustedes lo saben-de repente sus manos le parecían de lo más interesantes.
-¿Esto es por la cita?-preguntó su madre.
-Sí.¡No!.Bueno, sí y no.
-Sigi, no te sigo-admitió su padre. Aunque su madre parecía menos perdida.
-Bueno, mamá me ha dicho de una cita que organizaron para mí y prometo que estaría muy agradecida...Si yo no estuviera saliendo ya con alguien-dejo unos segundos por si alguno contestaba, pero ninguno lo hizo. Se sentía como un pez fuera del agua-¿No quieren preguntarme nada?.
-¿Vas a decirnos quién es?-preguntó su padre alzando las cejas.
-A eso voy sí.
¿Lo decía rápido o lento?¿Tal vez lo podía amortiguar?¿Con que, con las reglas?. No, rápido, rápido era mejor, sí.
-Yo...Es...Bueno-vamos Sira, dilo- Es Niccolo, estoy saliendo con Niccolo -sus padres la veían como si le hubiera salido un tercer ojo, parecía como que su madre estaba conectando los puntos muy lentamente.
-Cariño, Niccolo es un nombre bastante común, tal vez si especificaras...
-Dumontier. Niccolo Dumontier. Con él estoy saliendo-lo había dicho.
Lo había dicho...Y que aliviada se sentía, no se había dado cuenta lo pesada que era esa carga para ella hasta ese momento en el que soltó el aire que había retenido en sus pulmones desde antes de hablar.
Bueno, no estaba completamente aliviada. Sus padres la observaban como dos búhos y ninguna palabra salía de su boca.
-¿Mamá?-preguntó, nada-¿Papá?-nada-Voy a quedarme aquí hasta que se les ocurra algo que decir-murmuró echándose hacia atrás en el sofá individual.
Afortunadamente, aunque no tanto para ella, su madre reaccionó. Aunque quizá hubiera sido preferible que continuara viéndola como un búho.
-¿Con Niccolo Dumontier?-¿Por qué se lo preguntaba tan calmada?-¡¿Con Niccolo Dumontier?!.
Sira procuró no encogerse ante el chillido de su madre. Anne Clark nunca perdía los estribos, jamás, ni siquiera cuando Sira era pequeña y había atravesado su terrible etapa de los ocho años.
-Cariño...
-¡Cariño, nada!¡Mierda!-su madre se había levantado del sofá, demasiado nerviosa como para permanecer sentada.
-¿Recuerdas el contrato que firmaste?¿Lo recuerdas?-Sira inspiró con brusquedad.
Claro que recordaba ese maldito contrato.
-Claro que lo recuerdo, lo tengo muy presente-dijo con sequedad.
-¿Entonces qué diablos se te cruzó por la cabeza al salir con él?-preguntó, su padre parecía estar congelado en su lugar, incapaz de contener a Anne-¡Dime, Sira! Porque tonta no eres, estoy segura que no.
-¡Es suficiente!-interrumpió su padre por fin-No puedes hablarle de esa manera.
-Vaya, te tardaste mucho, ¿No crees?-murmuró Sira con sarcasmo.
-Tu no hables-gruñó su madre.
-Sí, ella habla. Y justamente porque habla me va a decir...¿Qué diablos crees que estás haciendo?-su padre se paró exactamente igual que su madre.
¿Es que siempre habían sido así de parecidos?.
-Eh...
-Es una pregunta directa y sencilla, Sira. Responde.
-No sé cómo responderla, en realidad-admitió.
Observó con terror como su madre se ponía completamente roja e intentó buscar una respuesta rápida antes de que le saliese humo por las orejas.
-¿No sabes?-el tono tranquilo en ella sonaba completamente errático.