-¿Has visto The Crown?-Sira escuchó la pregunta de Niccolo aun desde el baño.
-Solo hasta la tercera temporada-respondió.
-¿Vemos la cuarta temporada? Aun no la he visto-Sira salió del baño asintiendo.
Hacia unos minutos que habían vuelto del paddock, aunque básicamente se podría decir que habían escapado, pues los padres de Sira habían intentado hablar con ella según lo que Cass le había dicho.
Así que Sira había tomado la primera posibilidad para huir, atrasar la conversación parecía tonto, pero no le apetecía en nada hablar en ese momento, así que la retrasaría cuanto pudiera.
-¿Crees que haya servicio a la habitación a esta hora?-preguntó Sira mientras se acostaba a un lado de él.
La verdad era que se le antojaba una hamburguesa con papas, si, y después un helado. Aunque dudaba mucho que pudieran conseguirlo, ya eran casi las doce de la noche.
-¿Quieres servicio a la habitación?-Niccolo parecía estar a punto de echarse a reír.
-Se me antoja una hamburguesa-murmuró con un poco de vergüenza.
Niccolo la observó tan solo un segundo y de inmediato se sentó en la cama y se dispuso a ponerse las zapatillas otra vez.
-¿Qué haces?-preguntó Sira, aún seguía acostada.
-Vamos a McDonald.
-¿Qué?-se sentó de sopetón.
-Quieres hamburguesas y no veo porque no, pero yo quiero una de McDonald-respondió con sencillez.
Sira no pudo evitar sonreír, Niccolo la sorprendía cada vez más. Cuando había comenzado a plantearse el darle una oportunidad no se le habría pasado por la cabeza ni de chiste que un mes después estaría en su habitación de hotel por haberle contado a sus padres.
Claro que había sido un impulso y estaba consciente de ello, pero no le habían faltado personas que la impulsaran a hacerlo y, además, ya iba siendo hora.
-Bueno, es una buena idea-murmuró.
Se levantó sin rechistar para ponerse sus zapatillas al mismo tiempo que él se ponía de pie. Sira estaba plenamente consciente de que estaba hecha un desastre porque llevaba puesta la misma ropa desde la mañana y se había ensuciado en el trabajo.
Pero solo había llevado una muda de ropa para las clasificaciones del día siguiente, Niccolo se percató de ello.
-Puedes usar una camiseta mía si así lo quieres-dijo con tono dubitativo. La mayoría de sus camisetas eran de Rosso.
Niccolo decidió omitir ese detalle y rio cuando Sira abrió el armario y volteo a mirarlo a él. Sabía que ella jamás se pondría eso, aunque claro que le agradaría que lo hiciera. En su lugar Sira tomó una camiseta blanca básica.
-Fue un buen intento-murmuró cuando paso por su lado para salir de la habitación.
Detrás de ella escuchó la risita de Niccolo.
-Ya llegara el día en que tengas que usar una-le dio la mano en cuanto la alcanzo-Tu novio es un chico Rosso.
-¿Mi novio?-preguntó.
-No espero menos después de lo que sucedio hoy, ¿No te parece?-él parecía demasiado tranquilo. Y Sira estaba comenzando a hiperventilar-¿Estas bien?.
-No estoy segura-admitió.
-No me voy a ofender solo porque sé que nunca has tenido un novio, pero por favor no te vayas a desmayar-bromeó.
-Prometo intentar no hacerlo, pero me vendrían bien las hamburguesas justo ahora-murmuró mientras subían al elevador.
-¿Crees que a esta hora haya prensa afuera?-preguntó Niccolo volteándose para mirarla.
-Sinceramente espero que no, pero podríamos salir por atrás otra vez si la hay-propuso.
-Si, tal vez sea lo mejor hasta que hables con tus padres.
Sira solo asintió, no tenía voz como para contestarle respecto a ese tema. Era plenamente consciente de que Niccolo había intentado abordar el tema de todas las formas posibles ese día y ella había evitado con éxito cada una de ellas.
Fueron hasta el estacionamiento del hotel porque decidieron que la mejor opción era salir en auto, aunque bueno, un Rosso era llamativo en cualquier lado del mundo a su parecer. Ese fin de semana a Niccolo le habían prestado uno de color negro mate, más discreto que otros.
Y a Sira le habían dado unas renovadas y repentinas ganas de manejarlo cuando llegaron al estacionamiento.
-¿Que tantas probabilidades hay de que me dejes conducir a mí?- Niccolo se quedó totalmente quieto con la mano estirada para abrir la puerta.
-¿Quieres conducir?-preguntó un poco nervioso-Este, en realidad, ¿Sabes Conducir?.
-¿Disculpa?-eso sí que la ofendió, claro que la ofendía-Trabajo con monoplazas, ¿No te parece un poco obvio que se conducir?.
-Pues nunca te he visto hacerlo...
- Niccolo -murmuró entre dientes.
-Espero no arrepentirme de esto-Sira dio unos saltitos de entusiasmo cuando Niccolo le aventó las llaves.
El corazón le estallaba contra las costillas mientras se sentaba en el asiento del conductor y fue aún más rápido cuando encendió el auto. No siempre sentía la necesidad de conducir, pero ese día sentía que eso la ayudaría con el estrés.
Fue por esa misma razón que no quito la sonrisa de su rostro hasta que salieron del estacionamiento y por fin aceleró como a ella le gustaba. No tenía ni la más mínima idea de donde había un Mc Donalds, pero no le importaba en ese momento.
La calle estaba totalmente muerta para la hora que era, pero Sira lo agradeció completamente mientras aceleraba aún más.
Lo de Niccolo ya era otra historia. Se sentía por completo en otro mundo; no estaba para nada acostumbrado a no ser el quien este tras el volante y ciertamente no estaba acostumbrado a que una chica conduciera su auto.
Pero vaya que le gustaba, le encantaba en realidad.
-Mierda...
-¿Qué pasa?-preguntó Sira con preocupación en su voz.
-Es que te ves preciosa-respondió, Sira rio-No te imaginas la cantidad de cosas que me pasan por la cabeza para hacer aquí cont...
-¡Niccolo!-chilló intentando no reír aún más.
-Okey, okey, lo siento, pensé en voz alta-se disculpó-¿Sabes dónde queda...?.