Suspiró cuando se apartó de él. Fue un suspiro de total satisfacción. Sosteniendo las sábanas contra su pecho se volteó para verlo.
Tenía los ojos cerrados, pero Sira supo que no estaba dormido porque aún respiraba un poco fuerte.
-Tienes razón. Deberías ganar más seguido, ¿No crees?-murmuró intentando provocarlo.
Niccolo solo rio, aun con los ojos cerrados, y tiró de ella para ponerla sobre su pecho.
-Voy a pasar eso por alto solo porque he tenido un día de lo más excelente-dijo antes de darle un beso en la cabeza.
Estaba tan a gusto en ese momento que la idea que le pasó por la cabeza le dejo un mal sabor. ¿Por qué diablos iba a recordar ello justo ahí?. Bueno, quizá no habría mejor momento, él estaba contento y ella también...
-Niccolo-lo llamó.
-¿Mhm?.
Bueno, se sentía culpable por sacar a relucir el tema justo ahora.
-¿Sabes? Hoy estaba hablando con Cass y me hizo pensar en algo...
-¿Sucede algo?-preguntó Niccolo, ahora un poco más atento a la conversación.
-Si-Sira se aclaró la garganta. ¿Por qué sentía que no debía preguntarlo?-¿Tu manager o Mattia te han dicho algo sobre nosotros?-Sira sintió como el agarre de Niccolo sobre ella se tensaba-A lo que me refiero, es si has tenido algún tipo de consecuencia por, bueno, esto.
Sira podría jurar que sintió como Niccolo tragaba saliva, pero se convenció de que era cosa de ella.
-Ya lo he solucionado.
-Fue hoy en la mañana-murmuró con el ceño fruncido.
-Sí, pero mientras tú has estado todo el día en el trabajo, yo me encargue de hablar con Mattia y...
-Mientes-se levantó para poder mirarlo a los ojos-Sé que mientes porque has pasado todo el día con Garrick y los demás...
Niccolo cerró los ojos una vez más, respiró hondo y los volvió a abrir, esta vez tenía una expresión más suave.
-No quiero que te preocupes por mí, Sira, ya has tenido suficiente con tus padres hoy- Niccolo estiró la mano para atraerla otra vez.
Sira se dejó llevar y volvió a recostarse sobre su pecho. Seguro estaba exagerando.
Aunque debía admitir que le molestaba que su primera intención fuera mentirle. Aun cuando lo hacía para protegerla, a Sira no le gustaban las mentiras.
O bueno, no le gustaba que le mintieran, en realidad.
-Rosso no tiene ninguna cláusula similar, ¿Verdad?-preguntó porque en verdad no sabía.
-No exactamente-respondió él un poco reacio. No le gustaban los interrogatorios.
-¿A qué te refieres con que 'No exactamente?-preguntó con el ceño fruncido, aunque Niccolo no podía ver su expresión, sabía que era así.
-Bueno, amor, es una regla implícita, en cualquier ámbito, que no debes salir con la competencia-explicó, apartándose un poco con disimulo-No se necesita una cláusula para saber que eso está mal, de alguna forma.
-Esto está mal, entonces, ¿Eso fue lo que te dijeron?-preguntó. Niccolo aún no había respondido esa pregunta en particular.
-No. Tuvimos una reunión y me regañaron como un niño como por unos cuarenta minutos y luego...-Sira notó el tono de voz dubitativo al final.
-¿Luego que?.
-Me felicitaron.
-¿Disculpa, que?.
-Bueno, si lo ves desde mi parte, estoy saliendo con la hija de la ceo de uno de los equipos más influyentes de la fórmula uno y, además, es una pasada de bonita-respondió el, con toda la normalidad del mundo.
Pero a Sira se le agitó un poco el corazón al escuchar la última parte.
-¿Qué te parece si esta cara bonita te invita a ir al cine?-preguntó, con los ojos clavados en el techo.
-Tengo un plan un poco mejor-murmuró Niccolo.
La tomó de la nuca y le acercó el rostro hasta que sus alientos chocaron, aunque fue Sira quien rompió el espacio entre ellos. Muy lentamente se colocó encima de él, las sabanas resbalaron dejando su espalda al descubierto. Jadeó cuando Niccolo puso las manos en su cintura y la acomodó encima de él.
Sira notó como la mirada de Niccolo se oscureció por el deseo...
-Estoy casi segura de que así no deberían verse-dijo cuándo Niccolo sostuvo la bandeja frente a ella.
Las galletas que habían hecho que antes tenían forma de corazón, no eran más que grandes manchas muy muy dispersas sobre la bandeja. Aunque se podian distinguir las chispas de chocolate.
-¿Tú crees?-preguntó Niccolo con sarcasmo.
Sira le lanzó una servilleta hecha un bollo al rostro y quedó por completo embobada cuando la sonrisa de él dejó ver un lindo hoyuelo en la mejilla.
-Idiota.
-¿Sabes? El aspecto no es lo importante-murmuró en un intento de subirle el ánimo-Lo importante es que estén ricas, a que sí.
-Tienes razón-coincidió Sira, Niccolo asintió y apoyó la bandeja en la encimera.
Una hermosa encimera de mármol, debía añadir. Fue él quien tomó la primera galleta y le dio un mordisco sin titubear, aunque se arrepintió de ello casi al instante. Sira estalló en una carcajada cuando su rostro comenzó a contorsionarse para finalmente poner una sonrisa sin mostrar los dientes.
-Deliciosas-murmuró asintiendo.
-¿Ah, sí?-preguntó.
-Claro, eres una maestra en esto. Deberías ser chef-propuso ofreciéndole una galleta-Mentí. Vayamos a comprar algo, por favor-rogó.
-¿Qué tal esto? Tú ve a comprar y yo te doy sexo a cambio-bromeó.
Niccolo la observó anodado. Sira podría jurar que si hubiera dicho eso mientras él comía esas horribles galletitas las habría escupido.
-Oye, realmente te pervertí.
-Eres una mala influencia-coincidió.
-Pésima. Salgamos a cenar, vamos-la señal de alerta se encendió en el cerebro de Sira.
No le parecía estar lista aun para salir tan...Libremente.
En realidad, no se sentía lista, por lo que eso en ella, era un sinónimo de que no estaba preparada. ¿Verdad?. Eso debía de ser.
¿Cuándo había pasado de ser tan segura respecto a lo que quería a ni siquiera saber qué es lo que sentía?. Era extremadamente frustrante. Mierda, que lindo desastre se le iba a armar después de lo que iba a decir.