Sentía las piernas un tanto entumecidas por el viaje cuando estaban saliendo del aeropuerto. Niccolo se encargó de alquilar un auto para moverse por allí. No les había dado tiempo de reservar en ningún hotel, por lo que Sira no tenía ni idea de a donde irían.
Además, eran las cinco de la madrugada y ella no conocía muy bien Irlanda. Con gusto podría dejar que Niccolo se encargase de todo...Si no se le hubiera ocurrido una idea brillante.
-Cariño-lo llamó.
-Dime.
-¿Tú quieres quedarte en Dublín o crees que podríamos ir a alguna parte un poco más reservada?-mientras menos conocido el lugar, menos paparazzis habría.
-¿Hablas de algún pueblo?-preguntó, como si estuviera tratando de comprender.
-Exacto, un lugar menos transitado, con menos personas...
-Y menos fotógrafos-murmuró, por fin comprendiendo lo que Sira en realidad quería decir.
-Más privacidad-simplificó.
Mientras más pensaba la idea, más brillante le parecía. Sus padres mantenían un perfil bajo a pesar de la importancia de sus puestos en el ambiente de la fórmula uno, eran, probablemente, las figuras más públicas del equipo.
Sira fue criada fuera del foco de las cámaras. Sabía que una vez que entrara al equipo siendo la hija de la directora ejecutiva los focos apuntarían a ella sin pensarlo, pero se suponía que eso terminaría cuando su noticia pasase a segundo plano.
En lugar de pasar desapercibida, había comenzado a salir con el piloto más mediático de una de las escuderías leyendarias y ahora era el centro de los focos. Otra vez.
-Me gusta como piensas-murmuró Niccolo-¿Has oído hablar de Westport?-preguntó mientras aparcaba a un costado de la calle.
-Pues no-respondió encogiéndose de hombros.
La verdad era que no tenía ni idea. Sira nunca había sido muy buena en geografía.
-Es un pueblo, está en County Mayo, aquí en Irlanda-explicó, tecleando en su teléfono celular-Espero que seas buena para seguir las instrucciones de google maps-bromeó, dándole el teléfono celular.
-¡Pero si esto está en la otra punta del país!-exclamó.
Las indicaciones marcaban que tardarían exactamente tres horas y diecinueve minutos viajando en coche. Y eso era lo que parecía que Niccolo pensaba hacer.
-¿Acaso piensas conducir tú?-preguntó, ya había arrancado el coche. Sira alzó las manos en señal de inocencia.
-Oye, tranquilo, que conduces tú, lo siento-bromeó.
Bueno, el viaje no había terminado al parecer. La luz del día apenas había comenzado a salir y cuando tomaron la carretera parecían ser los únicos en ella.
Solo en ese momento comenzó a apreciar el bonito paisaje que los rodeaba, ya habían salido de la ciudad cuando se percató de que iban zigzagueando por las colinas, limpias, con apenas algunos árboles separados por varios metros.
El césped era de un verde sorprendentemente brillante y de un largo irregular y, cada ciertos metros, podía distinguir una fugaces flores. Era muy bello, pacífico.
Sira había estado tentada a dormirse durante la primera hora gracias a ello, pero creyó que, si ella estaba cansada, entonces probablemente él también lo estuviera. Así que propuso detenerse en la primera estación de servicio que encontraran para comprar un café muy cargado.
Y no, no consiguieron ningún maldito café.
-Cuéntame algo-pidió Niccolo cuando ya iban a mitad del viaje.
-¿Sobre qué?-preguntó mirándolo.
Mierda, que sexi era cuando conducía.
-Sobre ti, dime algo tuyo que no sepa-murmuró.
-Algo mío que no sepas...Mmm, déjame pensar-dijo poniéndose una mano en la barbilla, Niccolo rio.
-Vamos, cuéntame algo que yo no sepa y yo te contare algo mío que sea vergonzoso-la animó.
-Pero prométeme que no te reirás-dijo, amenazándolo con un dedo-No sé andar en bicicleta.
-¿Qué?-preguntó, una risita se escapó de sus labios.
-¡Que no te rías!-chilló, estaba tratando de evitar reírse ella. Niccolo tenía una risa muy contagiosa.
-¡Pero es que...!¿Manejas como una temeraria aficionada a los coches pero no sabes montar una bicicleta?-preguntó incrédulo.
-Pues eso, me enseñaron a conducir-señaló como si fuera lo más obvio del mundo.
Desde el principio su vida se había basado solo en coches. Nada de bicicletas, excepto que fueran las bicicletas fijas del gimnasio en las que hacia sus entradas en calor.
-Oye, eso es patético-bromeó Niccolo.
-Cuéntame lo tuyo entonces-dijo cruzándose de brazos. Niccolo la observó de reojo-¡No ibas a contarme nada!-lo acusó.
-Bueno, tu decidiste creerme-murmuró con una sonrisa.
-Niccolo Dumontier más te vale contarme una historia vergonzosa...O siempre puedo llamar a Patrick-lo amenazó.
-¿Así quieres jugar?-preguntó alzando una ceja.
-Tu reticencia no me deja alternativa.
-De acuerdo. Te voy a contar, pero...No debe salir de aquí, ¿De acuerdo?-Sira pensó que lo que sea que fuera debía de ser terrible porque Niccolo ya estaba rojo de la vergüenza.
-De acuerdo, tienes mi palabra.
-Antes de que me juzgues quiero que recuerdes que en mi adolescencia yo vivía para llegar a la fórmula uno, así que no tenía mucha experiencia con chicas...
-Oh, mierda...
-Bueno, al contrario de lo que muchos creen, tuve mi primera cita a los dieciséis años con una chica que llevaba gustándome desde los catorce años, la chica era todo lo contrario a mí, tenía una reputación de tener varias "citas" a la semana, ¿Si me entiendes?-había hecho una señal de comillas con las manos al decir cita.
-No sé si me gusta a donde va esto-murmuró Sira con una sonrisa cómplice. Claro que le gustaba a donde iba.
-Lo siguiente que necesitas saber es que mis padres eran bastante tradicionales, así que la "charla" la tuve con mi hermano y el insistió en llamar ratoncito a mi amigo de ahí abajo y cueva a tu ya sabes qué-Niccolo estaba tan avergonzado que su rostro estaba el doble de sonrojado que antes de comenzar a contar la historia.