Curvas Intrépidas

Veintiseis

-Sira-escuchó a lo lejos-Vamos, cariño, despierta-esta vez, al llamado le siguió una sacudida.

Dio un manotazo al aire en respuesta, pero no logró atinarle a nada. Oyó la risa de Niccolo.

-Siempre creí que eras madrugadora-murmuró con una sonrisa que Sira no alcanzó a ver.

-Déjame dormir, dijiste que eran unas vacaciones-se quejó, aun con los ojos cerrados.

-Bueno, pero ya son las diez y, además, tengo una sorpresa esperándote abajo-Sira abrió los ojos.

-Eres un pervertido-murmuró con la voz aun un poco ronca. Niccolo soltó una carcajada.

-Cuando hablo de abajo me refiero a que está en la puerta del hotel-explicó-Pero si quieres puedo darte otra sorpresa-Sira notó el cambio en su tono de voz, así que levantó la cabeza de la almohada por fin.

-¿Puedo cambiarme y maquillarme primero?-ciertamente no le apetecía andar caminando por el hotel en pijama.

-De acuerdo, te espero en el lobby-accedió. Antes de levantarse le dio unas palmaditas en el trasero-Levántate, anda. Ah, y ponte algo cómodo.

Sira esperó a que saliera de la habitación para desperezarse, se levantó y rebuscó en la maleta unas calzas y un top deportivo. Le hubiera gustado tener tiempo para asearse, peinarse bien en lugar de hacerse una coleta desprolija y poder hacer su rutina para el rostro.

En lugar de ello, salió por la puerta diez minutos más tarde, lo suficientemente arreglada para pasar desapercibida por el lobby del hotel. Niccolo la estaba esperando parado a un costado de la puerta, aunque él aun no la había visto. Se veía inquieto, pero sonrió cuando la vio llegar.

-Ya, dame la sorpresa-exigió con una sonrisa.

-Eres muy mandona, ¿No te lo había dicho ya?.

-No, para nada.

-Pues lo eres-afirmó-Ven aquí-ordenó a la vez que tiraba de su brazo para ponerla delante de él-No espíes-dijo mientras le tapaba los ojos con las manos-Camina anda, yo te guío.

Sira comenzó a caminar con un poco de vértigo ya que no podía ver por dónde iba. Aun así, se dio cuenta cuando salió del hotel por la brisa de aire fresco que chocó con ella y el ruido distintivo de los coches. Niccolo frenó en seco junto con ella.

-¿Lista?-Sira asintió y él le sacó las manos de los ojos.

Tardó un segundo en acostumbrarse a la luz, pero cuando distinguió lo que se hallaba delante de ella sintió como se le derretía el corazón. Una linda bicicleta estaba apoyada en un poste de luz. Era roja y tenía una canastita con flores delante del manubrio.

El corazón se le comenzó a acelerar cuando comprendió el gesto de Niccolo, casi se hecha a llorar como una niña en medio de la calle.

-Dijiste que nunca aprendiste a montar en bicicleta, pero toda niña debe aprender a hacerlo-murmuró detrás de ella.

-Oh, cariño-sollozó, sentía las lágrimas a punto de salir-Esto es hermoso-dijo al voltearse. Casi saltó a sus brazos-¿Como la conseguiste?-preguntó con sincera curiosidad.

-Desperté temprano hoy en la mañana, por cierto, antes eras madrugadora-señaló en broma-Hablé con la recepcionista y me dijo que ellos alquilaban bicicletas, así que eso no fue un problema. También me dijo un lugar a donde podemos ir para que practiques.

-¿Dónde es?-preguntó mientras inspeccionaba el canastito delante de la bicicleta, le parecía de lo más bello.

-En las afueras de la ciudad, como a quince minutos en coche, pero creí que podríamos ir caminando-propuso.

Sira asintió, le gustaba caminar. Era una excelente forma de conocer una nueva ciudad. O bueno, un nuevo pueblo en este caso.

-¿No vas a alquilar una para ti?-sabía que a él le encantaba montar en bicicleta, lo había visto hacerlo muchísimas más veces de la que le gustaría admitir. Niccolo nunca fue precisamente desagradable para la vista.

-Pensaba usar la excusa para llevarte en esa a ti-bromeó.

-No necesitas ninguna excusa, puedes llevarme a donde quieras, cuando quieras y como quieras-se acercó para darle un corto beso en los labios, pero Niccolo la tomó por la cintura y tiro de ella para pegarla a él.

-¿Y si quisiera llevarte a Grecia?-preguntó dándole besos en la mejilla.

-Iría contigo.

-¿Que dices si quiero llevarte a Bélgica?.

-Iría contigo.

-¿Que tal si quiero llevarte a Mónaco?-preguntó, esta vez mirándola a los ojos. Sira soltó una pequeña risita.

-Vivo allí Niccolo, ¿Lo recuerdas?.

-Quiero que conozcas a mi familia, Sira-pidió, su rostro estaba cargado de sentimientos sin expresar aún.

Sira enmudeció. Sus palabras se quedaron atascadas en su garganta y sus pensamientos no hallaban manera de escapar. ¿Conocer a su familia? Mierda, pero si tenía todo el sentido del mundo. Él ya conocía a su familia por cuestiones obvias, ¿Pero ella estaba lista?.

Mierda. La miraba tan ilusionado que lo único que podía pensar era "Si, si, si". Al diablo.

-¿Estas...? Bueno, sí, claro que si-dijo.

-¿Si?-preguntó, el rostro se le iluminó.

-Claro que sí, me parece justo-Niccolo apenas la dejó terminar de hablar antes de besarla una vez más-Ya, tenemos una misión que cumplir hoy-ordenó mientras reía.

Les tomo más de treinta minutos llegar a donde les había indicado la recepcionista del hotel. Una verdadera maravilla de lugar.

Era un enorme descampado, apenas podía decirse que tenía malezas, a Sira le recordó al paisaje que vio por la ventana del coche cuando estaban llegando al pueblo. Se respiraba aire puro y poca gente podía verse a lo lejos por la carretera. Le transmitía tanta paz como ese paisaje había logrado transmitirle.

Era el lugar perfecto para pasar un día de campo y se lamentó por no haberse dado por enterada antes porque podría haber pensado en llevar un poco de comida para pasar el día allí.

Decidieron mantenerse lejos de la carretera. Niccolo no quería que Sira aprendiera a montar en bicicleta en una calle en la que los autos pasaban a 200km por hora y Sira, ciertamente, estaba aterrada.




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