Curvas Intrépidas

Veintisiete

La noticia se podría comparar con una bola de nieve pequeña que va creciendo hasta convertirse en una gran avalancha.

O al menos así era como lo percibía Sira. También podía compararse con una pequeña llama en la hoja de un árbol que se expandió hasta convertirse en un gran incendio forestal.

O cualquier maldito desastre natural masivo.

Así se sentía ser parte del equipo del Wexford en ese momento. Sobre todo, si eras el motivo de tal desastre. Tres de los cuatro involucrados en el artículo eran parte del equipo. Uno era un piloto y la otra era hija de la directora ejecutiva.

En resumen, a no ser que su madre tuviera una aventura con Mattia, la situación no podría ser peor.

En las oficinas sus compañeros apenas la miraban o le hablaban, claro, con Garrick y Sarah no sucedía lo mismo.

Tal vez era considerablemente difícil que se le pase el enojo a casi todo el equipo después de que la recién llegada los metiera en un lio mediático por besarse con la competencia. Delante del mundo entero.

Y aunque la situación en el trabajo era terriblemente tensa y desagradable, sus redes sociales eran el doble de caóticas. Los mensajes no paraban de llegar en todas y cada una de ellas. Había fans de Niccolo que incluso comentaban en sus publicaciones viejas. Eran comentarios desagradables y muy denigrantes.

Mientras más días pasaban, los comentarios aumentaban. Tenía paparazzis detrás de ella todo el maldito tiempo.

Ni hablar de Niccolo. Era una especie de acoso masivo, sin lugar a dudas. Estar bajo los reflectores no era nada divertido.

Todo fue peor cuando llegaron al paddock. Creyó que al estar rodeada de todas las malditas figuras de la fórmula uno del momento pasaría lo suficientemente desapercibida. Pero se equivocó por completo.

Una flota de paparazzis la rodeó en cuanto bajo del coche. Agradeció que su madre estacionase cerca de la entrada al paddock porque de otra forma no podría haber llegado. Aun así, una vez dentro fueron los periodistas autorizados quienes la avasallaron.

Esos días serian un completo infierno. Y ni hablar de la junta para determinar las estrategias a la que debía asistir treinta minutos más tarde. Había llegado a la conclusión, en los días previos, de que no importaba que tan certero o lógico fuera lo que ella dijera, todos intentarían rechazarlo. Era algo sistemático. Por supuesto que no se equivocó.

Media hora después, sentada en la sala de juntas, escuchaba con paciencia como todos proponían sus estrategias y apenas la dejaban meter un bocado.

-Deberíamos hacer dos paradas-propuso Cody.

-¿Por qué?-preguntó Sean con el ceño fruncido.

-Nadie lo esperaría. Podríamos comenzar la carrera con neumáticos ligeros, luego poner neumáticos medios y terminar con neumáticos ligeros-explicó.

-Perderíamos mucho tiempo en boxes-apuntó Sira. Sean le dirigió una mirada rápida.

-Por supuesto que no, es una buena estrategia-la contradijo un chico del equipo. No estaba muy segura de como era su nombre.

-No lo es, el tiempo en boxes podría ser contraproducente-explicó Sean.

-Siempre de acuerdo con la favorita-murmuró Cody por lo bajo.

-Siempre diciendo idioteces-alcanzó a escuchar Sira a su lado.

-Aquí no hay favoritismo por nadie, Cody. Sira tiene el mismo respeto que tienen todos por su aporte al equipo. Agradecería mantener esta reunión dentro del ámbito profesional, como tantas veces te he dicho-dijo Sean mientras miraba a Cody directo a los ojos.

-Por supuesto-respondió Cody a regañadientes.

-¿Alguna otra propuesta sobre la mesa?.

-Deberíamos comenzar con neumáticos ligeros y cambiarlos por neumáticos duros-propuso Robbie, una de las personas con las que Sira jamás había hablado desde que se unió al equipo.

-Si Lenard gestiona los neumáticos podríamos estirar la parada y abrir la ventana de boxes entre la vuelta diecisiete a la veintidós-razonó Sean.

- Es una excelente estrategia-dijo Sira.

-Claro que lo es-afirmó Sean-Sira, quiero que transcribas la estrategia y me la entregues en dos horas. Robbie y Cody quiero una segunda propuesta de estrategia para mañana por la mañana. Luego tendremos otra reunión para debatirla.

Sira y Sarah se levantaron casi al mismo tiempo y fueron las primeras en salir de la oficina mientras Sira le seguía el paso apresurado a Sarah.

-¿Que sucede?-preguntó mientras caminaba detrás de ella.

-Cody es un maldito idiota, ¿Es que no te enfada?-preguntó mirando hacia atrás.

-¿Qué es lo que debería enfardarme?-preguntó Sira con un tono más bajo.

-¡Todo lo que sale de su maldita boca!¡Y lo peor es que nadie lo contradice porque están de acuerdo con esas idioteces!-exclamó.

-Baja la voz. Claro que me molesta, pero no puedo hacer nada al respecto. Llevan un poco de razón, ¿Sabes?-murmuró encogiéndose de hombros.

-Sabes perfectamente que tu madre estaba trabajando en esa cláusula desde antes de que le confesaras lo de Niccolo. La habría sacado tarde o temprano, que tu empleo estuviera en riesgo solo aceleró el proceso-dijo con determinación.

-Si. Pero tú misma y Cass lo dijeron cuando Niccolo me besó delante de todo el mundo, ellos no tienen idea de que era así. Creen que mi madre la sacó por mí. Y eso está bien, me ganaré su respeto. En algún momento-dijo arrugando la nariz.

-No es correcto, no está bien que te hagan esto-dijo Sarah con indignación.

-Si rompí las reglas, Sarah, y no tuve ninguna sanción por ello-a Sira no le parecía una locura que la rechazaran.

Sarah bufó.

-No es la primera vez en la vida que alguien rompe unas reglas, Sira, deja de castigarte. No te mereces esto-sentenció.

Vaya, sí que Sarah estaba enfadada.

La entendía. La entendía porque sabía que si la situación fuera al revés ella misma estaría loca por defender a su amiga. Pero la situación, el momento y las personas eran las que eran y a Sira solo le tocaba esperar a que la agitación en el equipo pasase.




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