Al hombre no le importó, o tal vez ya sabía las consecuencias, aun así el volvió al día siguiente.
—¿Cómo dormiste?
—Bien ¿Qué quieres ahora?
—Traje mermelada de fresa, vi que tiraste el pan que te di, así que tal vez si le echas esto te guste más ¿Puedo entrar?
—No, este castillo te puede matar, no estas acostumbrado al frio, y aquí es donde más se impreg
—Está bien, comeré pan y mermelada y estoy seguro que no moriré, el dulce cura heridas
El hombre, entró con una sonrisa en su rostro al castillo, y definitivamente hacía un frío que llegaba a los huesos.
—¡Oye detente! Quien te dio permi-
Sus palabras y reclamos fueron callados, con un pan con mermelada que llegó a su boca.
La virgen de las nieves, por primera vez sintió ese sabor dulce… que sus ojos vacíos se llenaron de un brillo irreconocible.
—¿Te gustó?
—Callate y dame más
Entonces la dama de las nieves comió por primera vez algo que curaba las heridas, porque después de tanto tiempo en ella volvió por al menos un momento ese brillo que había perdido. Pero era tan raro para ella poder decir que le había gustado lo que saboreo.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte? —preguntó la dama con el pan en la boca
—Depende de que estemos hablando —Julian se acercó a la dama de forma coqueta
—¡Oye! —exclamó dando un empujón
—Entonces resulta que si te pones nerviosa, no eres tan fría después de todo —río de lado
—Es mejor que te largues y no vuelvas más —alzando la voz, echo a Julian
—Deja de ser así, no siempre fuiste así, ahora eres tan cruel con los que intentan ayudarte. Dime ¿Te hace feliz ver a tu pueblo así de lamentable y destruido por la nieve?
—Si te parece tan lamentable, largate de este lugar, vuelve a tu calor, vuelve a donde fuiste feliz
—Pues lamento decirte que no lo haré, no quiero, no deseo, no me apetece, tanto así que me desagrada tu sugerencia. Mi felicidad eres tú
—¡Qué idioteces estás diciendo! Yo no soy la felicidad de nadie, ni yo misma me puedo hacer feliz, eres solo un tonto que piensa que puede cambiar a una person
Julian se acercó con decisión a ella, con ojos que contenían sollozos, de pronto de su boca salió:
—Ya basta Cassandra, deja de fingir que odias tu vida, que odias a las personas y deja de fingir que me odias a mi
—C-como me acabas de llamar…
Ella tartamudea, mirando los ojos verdes de Julian.
—Cassandra, porque ese es tu verdadero nombre ¿No? la dama de las nieves solo es un apodo que inventaron los pueblerinos, tu vida de ahora es toda una mentira. Y todo por que el amor se fue de tu lado, porque te dejaron de amar y dejaste de sentir, te encerraste todo en tu mundo, pero claro… no recuerdas a ese amor que estuvo desde un inicio, acaso ya se te olvido ranita.
Cassandra puso sus ojos de plato, ese apodo… solo se lo dijo una persona en toda su vida… aquel niño que le enseñó a vivir, aquel niño que un día le robó un primer beso.
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Editado: 12.02.2026