El tiempo pareció detenerse.
La palabra ranita aún flotaba en el aire.
Cassandra no respiró.
Sus ojos seguían clavados en Julián, pero ya no lo miraban realmente; miraban algo detrás de él, algo que no estaba en el castillo… sino en su memoria. Una colina iluminada. Una piedra tibia por el sol. Un niño riendo.
—No… —susurró.
Retrocedió.
El aire del castillo se volvió más frío. La escarcha comenzó a trepar por el suelo, extendiéndose alrededor de sus pies, la nieve de pronto arrasó con las ventanas, haciendo que estas se azoten.
—Él ya no está—dijo con voz quebrada—. Ese niño… desapareció.
—No desaparecí.
—¡Sí! —alzando la voz—. Nadie vuelve después de tanto tiempo, nadie regresa por alguien como yo, yo no soy nadie, no tengo nada, soy el peor ser humano, acaso no escuchas lo que dicen, hasta tu mismo lo dijiste.
La nieve empezó a arremolinarse afuera, pero de un momento a otro, esta era testigo de aquellas dos almas encontrándose.
—Te esperé —continuó ella, casi sin darse cuenta de lo que confesaba—. Todos los días… al inicio. Tuve tanta ilusión por volverte a tener, a reír otra vez, sentir tus abrazos, tus besos en la frente, espere tanto ese día.
Sus manos temblaron.
—Después entendí… que las promesas no existen, porque nunca llegaste por mi
El hielo cubrió las paredes con un crujido seco.
Julián dio un paso, tomándola de la mano
—Llegué tarde… pero volví.
—¡Cállate! —la temperatura descendió de golpe
Cassandra toscamente safo de su agarre.
—No puedes ser él.
—Mírame, Cassandra.
Ella negó lentamente.
—Él no me habría dejado sola esperando día y noche, mirando desde la ventana de mi habitación, dejando de comer por varios días, él me quería
Silencio.
Julián bajó la mirada un instante.
—No me fui por decisión propia.
Cassandra levantó los ojos.
—La noche siguiente al… —se detuvo— al beso… intenté regresar. Pero el pueblo ya no me dejó entrar. Algo había cambiado aquí. El frío comenzó antes de lo que todos creen.
La tormenta se agitó.
—Pasé años intentando volver —continuó—. Cada invierno lo intentaba otra vez. Siempre terminaba enfermo… siempre me expulsaban.
—Mentira…
Julián respiró hondo.
—Nunca dejé de buscarte.
Cassandra sintió un dolor agudo en el pecho, su corazón latió con fuerza… tan fuerte que le dolió.
Y el hielo a su alrededor se agrietó.
Un pequeño sonido.
Crack.
Ambos lo escucharon.
Miraron al suelo.
Una delgada línea de agua corría entre la escarcha.
Cassandra abrió los ojos.
—No…
Dio otro paso atrás, aterrorizada.
—¡Vete!
—Cassandra —dijo temeroso
—¡VETE!
El viento estalló dentro del castillo. La puerta se abrió de golpe y la nieve entró en espiral. Julián apenas pudo mantenerse en pie.
—No vuelvas… —susurró ella, casi suplicando—. Porque si te quedas…
Sus labios temblaron.
—…voy a recordar.
La puerta se cerró violentamente.
Y por primera vez desde que nació el invierno eterno… la nieve afuera dejó de caer durante unos segundos.
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Editado: 13.02.2026