El juego avanza pero nadie respira
Las cartas se deslizan sobre el paño verde como si fueran sentencia cada movimiento es lento calculado aquí no se gana por suerte se gana por nervios de acero... o se pierde por un parpadeo de más
Alexander toma asiento sin soltarme del todo no me obliga a sentarme pero su cercanía es una orden muda, me coloco a su lado cruzó las piernas con calma como si no hubiera cinco armas apuntando a distintos destinos bajo la mesa
—Empieza Petrova—dice un de los hombres con una sonrisa que no llega a los ojos
Alexander ni siquiera lo mira toma las cartas sus dedos son firmes, seguros y cómo si todo el mundo estuviera hecho para obedecerle
Yo observó siempre observó en este lugar mirar es sobrevivir, siento las miradas clavadas en mi no por deseo solamente por curiosidad, por calculo, por amenaza quieren saber quien soy, que represento si soy un punto débil o una advertencia
—No deberías traerla aquí—dice otro—las mujeres distraen
Levantó una ceja antes de que Alexander responda
—Tranquilo—digo con voz suave —no muerdo sin motivo
Alguno se tensa, otros sonríen nerviosos
Alexander no dice nada pero su mandíbula se endurece apenas apenas, se leerlo ya aprendí
—Es interesante— continúa él hombre—no parece asustada
Me inclinó un poco hacia adelante apoyando el codo en la mesa
—será... por que no lo estoy—digo sonriendo con sarcasmo
El as de corazones vuelve a aparecer otra ironía, otra señal y el destino insiste
Alexander lanza sus fichas al centro
—Subo—dice con voz grave
El silencio cae como un disparo sin sonido
—¿Tan seguro estas?—pregunta alguien
Alexander gira apenas el rostro hacia mí, sus ojos grises se cruzan con los míos no pregunta no duda
—Siempre —responde
La partida continúa pero algo ha cambiado ya no es solo dinero lo que esta en juego es poder, territorio, respeto y yo lo se por que uno de ellos se inclina hacia mí, demasiado cerca.
—Dime Atenea Russo ¿que eres exactamente para Petrova?—no apartó la mirada
—Lo suficiente —respondo —y demasiado para ti
Alexander apoya su mano sobre la mía no es un gesto tierno es un aviso
—Cuidado —dice con calma letal—hay preguntas que cuestan caro
El hombre se recuesta en su silla derrotado antes de tiempo, la ronda termina
Alexander gana, siempre gana y cuando nos levantamos de la mesa el ambiente sigue cargado no hay aplausos, no hay felicitaciones solo miradas qué prometen cuentas pendientes, caminamos por uno de los pasillos de la mansión lejos del ruido, lejos del juego y la noche sigue viva detrás de las ventanas Alexander se detiene
—Te expusiste —dice
—Era necesario— respondo
Me observa con atención, no como se mira un adorno, no como se mira una posesión es como si mirara algo peligroso
—No todos sobreviven a esa mesa—continúa—y tu... caminaste como si fuera tuya
—porque lo era—le digo —por esta noche
Se acerca un poco más pero no me toca
—¿Quién te enseño a no tener miedo?
Sonrío pero no hay humor en ello
—La vida—respondo—y la falta de opciones
Alexander guarda silencio, ese silencio suyo que pesa más que las palabras
—Esto...—dice al final —apenas empieza
Lo miro, sin bajar la cabeza
—Lo sé
Y por primera vez entiendo algo con absoluta claridad
No soy solo parte de su imagen, no soy solor su la mujer a su lado
Soy la pieza que puede cambiar el juego y el juego... ya esta en marcha
Editado: 18.01.2026