La mansión no duerme, respira
Cada pasillo guarda secretos, cada pared a escuchado gritos qué nunca salieron de aquí vivir en este lugar no es un privilegio, es una advertencia constante.
Camino junto a Alexander Petrova por el ala este los guardias se enderezan al verlo ninguno se atreve a hablar alguna ni siquiera se atreven a mirarme otros lo hacen... y bajan la mirada cuando notan qué no les tengo miedo
—Está será tu habitación —dice abriendo una puerta de madera oscura
Entro sin pedir permiso, la habitación es enorme, ventanales altos, cortinas negras, una cama que parece mas una trampa que un lugar de descanso, todo esta diseñado para el control y para el poder
—No es "nuestra" habitación —aclaro —es la mía
Alexander se apoya en el marco de la puerta, cruzando los brazos
—No dije eso pero.. —responde con una media sonrisa —como prefieras, no invadiré tu espacio sin tu consentimiento
Lo miro desconfiada
—No esperaba eso
—No esperó que confíes —dice—esperó que sobrevivas
Me quito los tacones con calma, sin dejar de observarlo
—¿Y tu?—preguntó —¿donde duermes?
—Al final del pasillo —hace una pausa—esta farsa no necesita cercanía... todavía
Asiento me acerco a la ventana y miro la noche la ciudad brilla a lo lejos, ignorante de lo que ocurre aquí adentro
—Hay reglas —continúa —para ambos
—Empieza tu —le digo
—No te expones sin avisarme
—No me das órdenes —respondo
—No hablas de tu pasado —dice serio
—No lo necesito —replicó
Nos miramos un pulso silencioso ninguno cede
—Una cosa más —dice al final —aquí todos me obedecen
Me giro lentamente hacia el
—Yo no
Por un segundo pienso que se molestará, que su ego reaccionará pero no lo hace
—Lo se —dice y será mejor que nunca lo olviden incluida tu
Se va cerrando la puerta detrás de él, me quedo sola y por primera vez en años estoy bajo un techo donde nadie puede tocarme sin pagar el precio.
Me siento en la cama, respiro hondo no estaré a salvo pero estoy armada
Bajo las escaleras ya vestida correctamente el salón principal está lleno hombres peligrosos, trajes caros, armas ocultas el aire huele a tensión y a respeto forzado,
Nadie habla más de lo necesario, nadie ríe fuerte
Alexander Petrova esta de pie al frente y yo a su lado siento las miradas clavarse en mi como cuchillas, quieren saber quien soy yo, que hago ahí, por que no bajo la cabeza y no lo hago
Alexander levanta una mano, el silencio es inmediato
—Los he reunido porque hay algo que deben saber —dice con voz firme —algo que no está sujeto a discusión
Camina un paso hacia delante yo no me muevo
—A partir de hoy —continua —Atenea Russo es mi esposa
El murmullo estalla... y muere de inmediato cuando Alexander gira apenas la cabeza, nadie se atreve a hablar
—Mi matrimonio no es una estrategia, es un hecho ella esta bajo mi protección absoluta y quien le falte el respeto me lo falta a mi —Hace una pausa —y saben lo que significa eso
Todos asienten, algunos tragan saliva y otros bajan la mirada
Yo sigo mirando al frente Alexander posa su mano sobre mí espalda firme, publica, un gesto clar, posesivo ante el mundo no ante mi
—Mi esposa no es una debilidad —añade —es una advertencia
Siento como el peso de la sala cambia ya no me miran como curiosidad ahora me miran como peligro
Alexander se inclina lentamente hacia mí
—Puedes decir algo —susurra
Sonrió apenas y doy un paso al frente
—Buenas noches —digo con voz firme —Espero que nos llevemos... cordialmente
Algunos hombres se tensan, otros fuerzan una sonrisa
Yo no por que no necesito agradar necesito que entiendan, cuando la reunión termina, se que nada volverá a hacer igual, ahora no solo camino junto al hombre más temido de la mafia rusa, si no que ahora llevó su nombre,su sombra, mi propio fuego y en esta guerra silenciosa de poder y sangre.
Atenea Russo no será la esposa sumisa de nadie
El murmullo todavía flota en el aire cuando, Alexander da un paso más al frente, yo ya estaba lista para irme pero lo siento antes de que hable, ese silencio tenso que solo aparece cuando el decide que aún no ha terminado
Levanta la mano otra vez, nadie se mueve
—Ah... una última cosa —dice, con calma peligrosa
Siento su mano firme en mi espalda, no me mira, mira a todos
—Nadie mira a mi esposa —continúa —ni por curiosidad, ni por deseo y ni por error, quién se atreva a hacerlo... perderá el privilegio de volver a mirar por que yo mismo le sacare los ojos con mi propias manos
Un escalofrío recorre el salón
—Nadie habla de ella —sigue —su nombre no se discute, no se cuestiona, no se menciona a mis espaldas, el que lo haga... no volverá a usar la boca para nada más, por que le cortaré la lengua y le cocere los labios
No alza la voz, no amenaza con gestos exagerados y no necesita hacerlo
—Atenea Russo no es tema de conversación —remata —es una línea que no deben cruzar
Silencio absoluto, puedo sentir como las miradas se apartan de mi al instante, como si mi sola presencia quemara, no por miedo a mi... por miedo a El
Alexander gira por fin y me mira de reojo
—Ahora si —dice —vámonos
Camino a su lado con la espalda recta y el mentón en alto nadie se atreve a mirarme, nadie se atreve a hablar
Las puertas se abren para nosotros y mientras salimos del salón principal, lo entiendo con absoluta claridad, no solo me presentó como su esposa, me declaró intocable y en este mundo eso es más poderoso que cualquier anillo
——————
La cena esta servida en un comedor demasiado grande para solo dos personas, la mesa es larga, elegante, fría, velas encendidas, cristalería impecable, platos que parecen obras de arte y que aún así no despierta hambre.
Nos sentamos frente a frente, Alexander Petrova no quita suchaqueta, yo no me quito el vestido
Editado: 18.01.2026