Benita estaba completamente incrédula.
Giró bruscamente hacia el alcalde y preguntó:
—¿Está usted seguro de que no se ha confundido? ¿Cómo va a ser por Silvina?
El alcalde la miró con una sonrisa entre sarcástica y divertida:
—Todavía no estoy tan ciego como para confundir nombres, hija.
En ese momento, la abuela Torres por fin volvió en sí.
Recordó que la noche anterior Silvina mencionó que iba a casarse.
Al principio, como Benita, pensó que el pretendiente no sería más que un nuevo rico sin clase,
pero jamás se imaginó que la familia del novio fuera tan extraordinariamente adinerada.
Rápidamente tomó de la mano a Silvina y sonrió con una ternura falsa, exclamando:
—¡Ay, sí, sí! ¡Mi Silvina también tiene su buena estrella!
Ni siquiera me lo contaste, niña...
¿¡Desde cuándo tienes un novio tan acaudalado!?
¡De verdad sabes cómo sorprender a tu abuela, eh!
Silvina y su madre, que hasta hacía unos segundos eran invisibles o peor aún, un estorbo a golpear,
de pronto se convirtieron en la nieta y nuera favoritas de la casa.
Benita, de pie a un lado, soltó un comentario venenoso:
—¡Ja! ¿Y qué si es rico?
¿Un hombre con dinero y buena pinta va a fijarse en Silvina?
¡Vamos! Seguro es un viejo calvo, feo y enano que se está muriendo...
Pero no alcanzó a terminar su burla cuando el chófer del Rolls-Royce bajó del auto y, con gran elegancia, abrió la puerta trasera.
Y si ya el chófer vestía con un porte impecable y mirada serena, ¿cómo sería entonces el que estaba dentro?
En ese instante, una pierna larga y firme apareció lentamente ante la mirada atónita de todos.
Y luego... un rostro.
Un rostro de belleza imponente, con rasgos definidos y mirada magnética, tan impactante que todos contuvieron el aliento.
Leonel bajó del coche con calma, y tan solo con alzar la vista, dejó sin palabras a todos los presentes.
Su presencia era majestuosa, su aura, imponente.
El aire mismo pareció detenerse por un momento.
Silvina sabía bien lo impactante que era Leonel, por eso no le sorprendió que todo el pueblo se quedara paralizado como estatuas.
Benita lo miraba con los ojos desorbitados, repitiendo sin control:
—¡No... no puede ser!
La señora Torres también se quedó pasmada.
Aquel hombre lo tenía todo.
Belleza. Estatura. Salud. Dinero. Poder. Clase.
Todo lo que cualquier mujer soñaría.
Leonel, con un gesto cortés, ayudó a bajar del coche a la señora Muñoz, su abuela.
Ambos avanzaron hacia la abuela Torres, y tras ellos venía una larga procesión de criados,
cada uno con una caja de regalo exquisitamente envuelta entre las manos.
La abuela Torres no podía articular palabra.
Ni ella ni nadie en el pueblo había presenciado algo semejante.
La señora Muñoz, al ver a Silvina, notó enseguida que ella y su madre eran las únicas con ropa gastada y mangas remangadas,
claramente acababan de terminar las tareas del hogar.
Frunció el ceño levemente, pero pronto volvió a sonreír.
Y mientras caminaba, dijo con calidez:
—Querida consuegra, hoy he venido personalmente con mi nieto a pedir la mano de Silvina.
Traemos algunos humildes obsequios... espero que no los considere demasiados.
Leonel se adelantó un paso, haciendo una leve inclinación de cabeza:
—Doña Torres, muy buenos días.
En ese momento, los sirvientes comenzaron a abrir una por una las cajas y fueron mostrando su contenido a la abuela Torres.
Cuando ella vio que dentro había ginseng, cuerno de ciervo, pepinos de mar y hasta un juego completo de café hecho de oro puro, los ojos casi se le salieron de las órbitas.
Hasta la madre del prometido de Benita se quedó boquiabierta.
¡Cada uno de esos artículos costaba miles de dólares!
Solo con esos tónicos ya se superaban por mucho los 30 mil dólares de la dote que su familia había traído.
La cara de los familiares de Benita se puso verde.
Hace unos minutos se jactaban de su Santana y de sus 30 mil dólares,
¡pero todo eso junto no alcanzaba ni para comprar el emblema de uno de esos coches de lujo!
La abuela Torres, que se había quedado con la boca abierta todo ese rato, por fin reaccionó y rápidamente invitó a la señora Muñoz y a Leonel a pasar al interior de la casa.
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Editado: 15.01.2026