Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 6. La propuesta.

Emma llegó puntual al café y se acomodó en la misma mesa donde había estado la vez anterior, junto a la ventana. Desde allí podía ver hacia el exterior y la entrada, para mantenerse en alerta. Seguía sintiendo miedo por la posible aparición de Marco.

Estaba a punto de pedir un café cuando vio a Liam. Su corazón dio un vuelco.

Él vestía un traje oscuro sin corbata y se movía con una seguridad que parecía natural. Al descubrirla, el hombre sonrió con alivio.

—Hola —dijo al acercarse y sentarse frente a ella. Quiso darle un beso, pero Emma estiró una mano para saludarlo de manera formal.

—Hola.

Liam la estrechó algo confuso, aunque no la soltó de inmediato. Disfrutó unos segundos del calor de esa piel que tanto había añorado.

—No sabía si vendrías —reconoció el hombre.

—Yo tampoco —confesó Emma, apenada.

Pidieron café.

—¿Cómo estás hoy? —preguntó evaluándola con la mirada. Recordó que Lidia le había dicho que ella se recuperaba de una situación física, aunque no percibió heridas visibles.

—Mejor —fue sincera. La ilusión de encontrarse con él le permitió serenar sus nervios y dormir un poco más, sintiéndose más relajada.

—Estás algo cambiada, aunque igual de hermosa.

Ella se sonrojó.

—Tú también cambiaste. Te noto más serio y determinado.

—Soy padre, ¿lo sabías?

—Lidia me lo contó.

—Tengo unos gemelos de cuatro años. Son hiperactivos y algo desobedientes, pero muy cariñosos. Se adueñaron por completo de mi vida.

La mujer sonrió y lo miró con mayor atención. Le encantó que hablara con tanta pasión de sus hijos.

—Entonces, podría jurar que son una copia exacta de ti.

Él también mostró una sonrisa.

En ese momento les llevaron los cafés. En silencio le agregaron el azúcar y le dieron un primer trago.

—¿Qué fue de tu vida? ¿Te casaste? ¿Tuviste hijos? —quiso saber el hombre.

El rostro de Emma se ensombreció.

—No. Estuve… en una relación —reveló con su atención puesta en su bebida—, pero no funcionó.

—¿Por eso estás aquí?

La mujer lo observó con nerviosismo.

—No.

Liam pudo notar que ella mentía, era evidente que ocultaba un asunto serio y doloroso y de eso se escondía en San Francisco.

Sintió necesidad de conocer más sobre el tema, pero no quería incordiarla en ese primer encuentro. Además, le urgía contarle su necesidad, no podía dilatar más ese asunto.

—¿Y qué planes tienes para hacer en esta ciudad?

—Por ahora, estoy readaptándome. Tuve varios años afuera y me siento un poco perdida.

—Fueron seis años —recordó él, antes de darle un trago al café.

—Sí, fueron seis años.

Emma sonrió con cierto rastro de pesar.

—Ayer me dijiste que estabas atravesando problemas que te tenían ansioso. ¿Es algo muy serio? —preguntó la mujer para enfocar la conversación en él y no en temas íntimos.

Liam sonrió con poca gracia y apoyó los brazos sobre la mesa para así inclinarse un poco hacia ella y hablarle de forma confidencial.

—Mis suegros quieren quitarme a mis hijos. —La noticia la impactó—. Desde que murió mi esposa me miran como si fuese un intruso en su mundo. Trataron varias veces de pelear la custodia, pero no se los permití. Ahora reiniciaron sus ataques valiéndose del hecho de que dirijo la constructora de mi padre y eso me resta tiempo de calidad con ellos. Usarán todo lo que tienen a su favor para quedárselos.

Emma parpadeó, sorprendida.

—¿Pueden hacer eso?

—Tienen influencias. Conocen a gente en Tribunales, en la policía local y hasta en el sistema social. Si quieren hacerme ver como un padre inestable, lo lograrán.

—¿Por qué inestable? Eres un empresario sólido, no tiene sentido.

—No es un tema de lógica, es de poder. Ellos pueden construir la historia que quieran y para ganar necesitan probar que no soy capaz de estar el tiempo suficiente con mis hijos, dejándolos al cuidado de empleados y niñeras. Los gemelos requieren de figuras familiares, de un padre y de una madre y, aunque me tienen a mí, no he sido capaz de hallar una buena madre que los proteja.

—¿Quieren que te cases de nuevo?

—Quieren que les dé estabilidad a mis hijos o lo harán ellos, por eso te pedí que nos reuniéramos. Necesito a una mujer que pueda estar a mi lado de forma creíble y estable. Alguien que inspire confianza y pueda cuidar de mis hijos como si fuesen suyos.

Ella lo miró largo rato, intentando descifrar su verdadera intención al contarle esa historia.

—¿Me citaste para…?

—Te propongo una alianza —soltó, sin pestañear—. No es un simple arreglo laboral, sino un convenio que impida que mis suegros, o cualquiera, sigan cuestionando mi capacidad como padre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.