Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 12. Sensible a sus caricias.

—Emma, no hay discusión —dijo Liam, firme. Trataba de convencerla de que se fuera a su casa con él—. No vas a quedarte aquí, sola, sabiendo que ese tipo está afuera, buscándote.

Ella bajó la mirada, sintiendo el calor de su insistencia como una presión en el pecho.

—No quiero incomodarte. Ya bastante tienes con tus hijos, con tu empresa y con tus suegros, para que encima…

—¡Déjame decidir lo que puedo o no cargar! —la interrumpió—. No voy a permitir es que vuelvas a sentirte sola y acorralada.

El silencio se extendió unos segundos. Emma se mordió el labio inferior mientras escuchaba las palabras amenazantes de Marco retumbar en su mente: «No pararé hasta encontrarte».

Un escalofrío la recorrió entera.

—Está bien. Iré contigo —murmuró con un hilo de voz.

Liam asintió, aliviado.

—Ve por tus cosas. Te prometo que en mi casa estarás segura.

Ella caminó de hombros caídos hacia su habitación, en busca de sus pertenencias.

El trayecto hasta la casa del hombre fue silencioso. Emma miraba por la ventanilla con la sensación de que en cada rincón de la ciudad podía esconderse una amenaza.

Cuando el portón eléctrico de la residencia se abrió y el auto avanzó por el camino grava, sintió una leve descarga de paz.

Al bajar, escucharon las risas de los gemelos desde adentro. Ella sonrió sin querer.

—¡Papááá! —gritaron al unísono al verlo desde una ventana y se oyeron sus pasos correr hacia la puerta, donde se encontraron con ellos.

Se colgaron de las piernas de Liam. Él los levantó con facilidad, primero a uno y luego al otro. Los gemelos se abrazaron a su cuello y rieron felices.

—Niños, traje a Emma. ¿La recuerdan? —preguntó mientras los ponía de nuevo en el suelo.

—¡Sí! —gritaron los dos, emocionados, y se abrazaron a ella.

—¿Vienes a terminar la ciudad con nosotros? —quiso saber Lucas.

—Eso les prometí ayer —respondió ella—. Además, traje helado de chocolate.

A la mujer le calentó el corazón los saltos y gritos de celebración de los gemelos.

Entraron a la casa, guardaron el helado en el refrigerador y se reunieron con Carmen en el cuarto de juegos para continuar con su loable proyecto de construcción.

Liam los acompañó un rato, antes de ir a su despacho. Necesitaba atender unos asuntos de su constructora que no podía dejar de lado.

Sin embargo, apartó unos minutos para llamar a una empresa de seguridad privada y solicitar a dos vigilantes. No iba a descuidar la seguridad de Emma ni de sus hijos.

Disfrutaron la mañana entre risas y juegos y al mediodía, Lidia la llamó como lo había prometido.

Emma se alejó un poco para responderle, dejando a los chicos jugando con unos autitos junto a Carmen.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Lidia.

—Mucho más tranquila, aunque no dejo de asomarme por las ventanas para vigilar el exterior.

—Tonta, si a Marco se le ocurre venir a San Francisco, jamás encontrará la casa de Liam. Nunca se le pasará por la mente que tú estás allí.

—Eso espero —respondió inquieta, hablando bajo para que los niños no la escucharan y así no angustiarlos—. Si llega a enterarse, se pondrá furioso y temo por lo que pueda pasar.

—Confía en Liam. Él no dejará que Marco te lastime de nuevo.

—Puso seguridad en la mansión.

—¿De verdad? —consultó satisfecha.

—Hay dos vigilantes recorriendo la parte delantera y en ocasiones dan una vuelta por el patio.

—Eso está genial.

—No está genial. Liam gasta dinero en un problema que no le corresponde.

—A Liam le sobra el dinero, no te preocupes por eso, y claro que ese problema le corresponde. Si pretende que tú formes parte de su familia, debe protegerte.

Emma comprimió el rostro en una mueca.

—No quiero complicarle más la vida. No es justo ni para él ni para los gemelos.

—Amiga, por favor, entiendo que pasaste por mucho sufrimiento con Marco, pero ¿puedes dejar de pensar que no mereces lo que Liam te ofrece? Ya no le ocultas nada, él conoce tu problema y sigue queriendo que seas su esposa y la madre de sus hijos. ¡Acéptalo!

—Es un hombre bueno, solo quiere ayudar.

—Pues, ¡déjate ayudar!

Emma respiró hondo, con cansancio, aunque tuvo que despedirse de su amiga porque los gemelos exigían su presencia.

Continuaron con sus juegos hasta la hora del almuerzo, en que debieron prepararse para bajar al comedor.

—Esta tarde voy a necesitar salir por un par de horas —informó Liam mientras ambos terminaban de poner la mesa.

Emma empalideció por la noticia.

—¿Te irás? —preguntó aterrada. No quería quedarse sola con los niños.

—Te dije que será por un par de horas y los guardias que contraté se mantendrán vigilantes. No dejaran que ningún extraño entre a la casa. Además, estará Carmen y los otros empleados, no te quedarás sola.




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