Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 14. Insistencia.

A pesar de su turbación, Emma salió de la bañera y se arregló lo mejor que pudo para salir y reunirse con Liam y sus hijos. Ellos la esperaban en el comedor para cenar.

Aunque se esforzaba por mantener la sonrisa y participar en una charla entretenida con los niños sobre dinosaurios, Liam pudo notar que una sombra de tristeza y miedo invadió su semblante. Eso no le gustó.

Quería espantar a todos los molestos fantasmas que coartaban la tranquilidad de la mujer.

Al terminar la comida, él salió a la entrada de la casa para recibir a los vigilantes del turno nocturno y despedir a los otros.

Luego de darles algunas instrucciones, regresó a la sala hallando una escena conmovedora: Emma estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en un sofá y los niños a cada lado, abrazados a ella. Hojeaban un libro ilustrado.

Se apoyó en el marco de la puerta para observarlos en silencio unos segundos, hasta que uno de los pequeños lo descubrió.

—¡Papá! Emma cuenta los cuentos mejor que tú —aseguró Matt.

Él sonrió, entrando.

—Eso ya lo imaginaba.

Emma se ruborizó al verlo, recordando el momento solitario de pasión que había vivido en el baño con su recuerdo, antes de que la imagen de Marco le fastidiara la fantasía.

—Ya terminamos el cuento.

—Entonces, es hora de dormir —ordenó Liam y cargó a Matt para llevarlo a su habitación.

Lucas se abrazó al brazo de Emma, como si no quisiera soltarla.

—Vendrás mañana, ¿cierto? —preguntó el niño con una mezcla de súplica y esperanza.

Ella lo miró enternecida, sin saber qué decir.

—Déjala que descanse, campeón. Así tendrá ganas de volver —intervino Liam tomándolo también entre sus brazos.

Tras llevarlos a la cama, él regresó a la sala encontrando a Emma de pie junto al ventanal, con su mirada perdida en el jardín. Sus brazos cruzados delataban la tensión que aún la acompañaba.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, acercándose despacio.

Ella tardó en responder.

—Extrañamente bien y a la vez, con miedo.

—¿Miedo de qué?

La mujer se giró hacia él con los ojos brillantes.

—De acostumbrarme a esto. De sentir que puedo estar tranquila, reír con esos niños hermosos y sentarme a comer con ellos sin temor, a pesar de que Marco podría aparecer en cualquier momento a destruirlo todo.

Liam se acercó un poco más, con expresión seria aunque suave.

—Él no va a tocarte. No aquí.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque ahora no estás sola —respondió con firmeza—. Yo no voy a permitir que se acerque a ti.

Hubo un silencio cargado entre ellos. Emma lo sostuvo con la mirada buscando algo en sus ojos: certeza, promesas y refugio. Al hallarlo, se sintió aliviada.

—Gracias… —susurró, apenas audible.

—No me agradezcas. Yo también necesitaba esto.

Ella arqueó una ceja, confundida.

—¿Qué?

—Verte aquí, con ellos, y escucharte reír otra vez. Recordar cómo era sentir que todo podía estar bien, aunque fuera por un momento.

Emma sintió que el suelo se movía bajo sus pies. No supo qué responder. Se limitó a bajar la mirada temiendo que sus emociones la delataran.

—Quiero que te quedes esta noche —pidió el hombre.

—¿Quedarme? —preguntó nerviosa.

—Esta casa es el mejor lugar para ti ahora. Tengo a otros vigilantes cuidando los alrededores, podrás descansar sin sentirte acorralada o temerosa.

Ella se lo pensó un instante, poco convencida. Tenía miedo de atraer a Marco a esa casa, donde podía hacerle daño a Liam y a los gemelos.

—No creo que sea buena idea —alegó, asustada.

Él la tomó por el rostro para exigir toda su atención.

—No voy a dejarte a merced de ese sujeto. Quiero protegerte, pero para eso te necesito aquí, a mi lado. No permitiré que nada ni nadie te perturbe esta noche.

En el vientre de Emma revolotearon un sinfín de mariposas que le provocaron un estremecimiento.

—Nunca podré pagarte todo lo que haces por mí.

—Ya lo estás haciendo, preciosa. Créeme que ya lo estás haciendo.

Liam tuvo que esforzarse por no comérsela a besos en ese momento, por reprimir el deseo que sentía por esa mujer, que se avivaba con cada mirada suya y con cada dulce sonrisa.

—Pedí que preparan la habitación que te habíamos cedido esta tarde para que te quedaras a dormir.

—¿Sin saber si aceptaría?

Él sonrió con cierta picardía.

—Estaba dispuesto a convencerte. Sé que aún sigues asustada y, aunque sé que Lidia y Carla están en el departamento ahora y pueden acompañarte, quiero esté lo más segura posible. Solo así podrás descansar bien y sentirte mejor.




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