Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 29. El atacante misterioso.

Liam corrió al estacionamiento apenas le informaron lo que había sucedido con su amigo. Darryl se encontraba en el cubículo de descanso de los vigilantes, sentado en una silla sosteniéndose el costado con una mano y con un pómulo hinchado.

—¿Qué sucedió? —preguntó preocupado, y se inclinó frente a su amigo.

Darryl bajó la voz para hablarle en susurros, así los vigilantes no lo escuchaban. Esperaban afuera a la policía y a una ambulancia.

—Apareció un tipo. Era alto y algo musculoso, de ojos azules, y tenía la cabeza cubierta por una capucha. Me atacó, pero no quería robarme. Me confundió contigo —dijo, mirándolo con fijeza.

Liam frunció el ceño.

—¿Qué te dijo?

—Me llamó Hamilton y me advirtió que no iba a quedarme con Emma, porque ella era suya, que iba a pagarlo caro si no me alejaba. Habló con odio, con esa clase de rabia que no viene de un desconocido cualquiera.

Un nudo se formó en el estómago de Liam y apretó los puños para controlar la furia. Ese debía ser Marco, el exnovio violento de Emma, que amenazó con encontrarla y hacerla regresar con él.

—Debió estar en los alrededores de la casa esta mañana, cuando fuiste a visitarme. Al verte salir pensó que serías yo —dedujo.

—Esto fue una advertencia, Liam —insistió Darryl—. Ese hombre sabe dónde estás, aunque no tiene muy claro quién eres, pero no tardará mucho en descubrir su error.

Por un momento reinó el silencio, mientras Liam reflexionaba.

—No le digas a la policía lo que te dijo.

Darryl lo observó con espanto.

—¿Estás loco?

—Déjame resolver este asunto a mi manera.

—Él ya sabe dónde vives, podría atacar a tus hijos.

—Ellos estarán bien. La casa tiene vigilancia.

—¿Acaso ya sabías que esto podría pasar?

Liam respiró hondo e intentó mostrarse sereno.

—Por favor, solo di que el atacante pretendió robarte el auto.

Darryl apretó los labios con fiereza. No le gustaba la idea, pero pronto cedió. Liam lo había salvado de infinidad de situaciones conflictivas, era su hora de darle algo a cambio.

—Está bien, diré que ese tipo pretendió robarme, pero entiende que esto es peligroso. Te dije que tuvieses cuidado con esa exnovia, acabo de confirmar que ella arrastra un problema que podría poner en riesgo tu vida.

—No me preocupo por mí, sino por ella. Ese tipo es un exnovio que la trató con violencia y le hizo mucho daño. Emma escapó de él y se vino a San Francisco en busca de refugio.

Darryl suspiró.

—Ese tipo va en serio, Liam. Es peligroso. ¿Qué piensas hacer?

—Protegerla, reforzar la seguridad en la casa e intentar ubicarlo. Quizás pueda llegar a un acuerdo con él sin que esto llegue a mayores. Emma está muy afectada por lo que él le hizo, por su acoso, quiero liberarla de ese asunto sin que se cree un escándalo. Mis suegros son capaces de usar eso como excusa para quitarme a los niños.

Darryl lo observó con seriedad.

—¿Y vale la pena el esfuerzo?

Liam asumió un semblante determinado.

—Lo vale, y mucho. Apenas estoy recuperando a Emma y mis hijos ya la adoran, no voy a permitir que un enfermo lleno de rencor me la quite. No la dejaré marchar como lo hice una vez.

Darryl entendió que aquella relación iba más allá de un simple reencuentro entre exnovios o de la búsqueda de una madre para sus gemelos. Allí había un sentimiento fuerte que motivaba a su amigo a enfrentarse a lo que fuese necesario con tal de defender lo que consideraba suyo.

No pudieron seguir hablando porque llegó la policía e iniciaron el interrogatorio, así como los paramédicos exigiendo espacio para atender a la víctima.

Una vez que Liam se aseguró que su amigo estaba bien y pudo regresar a casa en un taxi, él fue en busca de Emma. No iba a dejarla sola sabiendo que Marco ya estaba en la ciudad, muy cerca, y la había ubicado.

Se dirigió con rapidez al departamento de las chicas. Se detuvo frente al edificio y le escribió a Emma por móvil para avisarle que la esperaba.

Oteó los alrededores vigilando a las personas y a los autos que se encontraban cerca, no conocía a Marco, pero estaría atento ante cualquier actitud sospechosa.

Su amigo le había dicho que su atacante era alto, de cuerpo ejercitado y ojos azules. Con eso podría comenzar.

A los pocos minutos apareció Emma. La mujer enseguida subió a su auto sorprendida al verlo allí.

—¿Qué haces aquí? ¿No fuiste a cenar con los niños? —preguntó con una sonrisa cálida y aún con las mejillas encendidas por el licor, las risas y la conversación.

Él la abrazó de inmediato, fuerte, como si necesitara comprobar que estaba bien.

—Vine a buscarte. Quiero que volvamos juntos a casa.

Emma se apartó un poco, intrigada.

—¿Pasó algo? Tienes una cara seria que no me gusta.




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