De regreso en casa, los gemelos estaban agotados y felices. Tras ducharlos y llevarlos al cuarto de juegos a que se distrajeran mientras llegaba Liam, la niñera se acercó para hablarle a Emma con un tono confidencial antes de marcharse.
—Señora, solo quería advertirle que tenga cuidado con Becca. Ella es un poco extraña y muy entrometida. Hace un tiempo tuvo algo con el señor Liam y bueno, ya sabe… Quizás por eso mostró tanto interés en usted hoy. Al saber que ahora vive en esta casa, tal vez piensa que tienen una relación con el señor.
Emma sintió un vuelco en el estómago. Se obligó a sonreír como si la noticia no le hubiese afectado.
—Gracias por decírmelo, Carmen.
La niñera asintió y siguió con su tarea, mientras Emma, en silencio, intentaba procesar aquella información.
Celos, sorpresa y un deje de inseguridad se mezclaron en su interior. ¿Liam había tenido amantes? No sería de extrañar. Llevaba dos años solo luego de la muerte de su esposa, alguna distracción debió tener.
Recordó a la tal Becca y el desafío impreso que tenía en su mirada. ¿Ella aún estaría creyéndose con derechos sobre él? ¿O solo se le acercó para conocer el chisme de primera mano?
Un ardor se produjo en su pecho. Se trataba del miedo por perder un lugar que recién empezaba a sentir como suyo: el corazón de Liam.
Cuando él llegó a casa prefirió no comentarle nada. Cenaron en paz en el comedor mientras escuchaban la charla constante de los gemelos dando detalles de lo sucedido en el parte. Estaban llenos de novedades y querían hacer partícipe a su padre de eso.
—¿Cuándo irás con nosotros para que conozcas a nuestro nuevos amigos? —preguntó Lucas.
—Intentaré venir más temprano una tarde de estas para compartir con ustedes —prometió Liam.
—¿Y podemos llevar las bicicletas? Tommy siempre lleva la suya —exigió Matt, refiriéndose a uno de los chicos que habían conocido.
—Seguro, hace mucho que no las usan.
Ellos se alegraron por la noticia, con el rostro iluminado por la ilusión.
Cuando llegó la hora de ir a la cama, sus risitas apagadas indicaban que todavía se resistían a dormir. Las emociones habían sido tantas ese día, que aún se comportaban con agitación, aunque ya comenzaban a adormilarse.
Liam les leía un cuento sobre una familia de osos que cuidaba a una niña perdida en un bosque, el relato parecía domarlos. Lucas se acomodó bajo las sábanas, aferrando a su osito de peluche, mientras Matt protestaba porque quería escuchar más de la historia, pero los ojos se le cerraban.
Al final, ambos cedieron. Se rindieron al poder del sueño.
Emma apagó la luz principal, dejando solo la tenue lámpara de noche encendida. Al salir al pasillo, se encontró con Liam que la esperaba con los brazos cruzados en el pecho y un semblante que mezclaba cansancio con ansiedad.
—¿Cómo estuvo la salida de hoy? —Sus ojos se clavaron en ella—. ¿Se mantuvieron cerca de los choferes? ¿Viste algo raro?
Emma suspiró, comprendiendo el trasfondo de sus preguntas.
—Todo salió bien, Liam. Los choferes estuvieron cerca todo el tiempo, atentos a nosotras y a los niños. No pasó nada extraño, solo risas y carreras.
Él frunció el ceño, como si no terminara de convencerse.
—No quiero que bajes la guardia.
Ella se aproximó y posó sus manos en sus brazos para descruzarlos y así relajarlo.
—No lo haré, confía en mí. Pero no quiero que te vuelvas paranoico, los niños lo notarán.
Él respiró hondo, procurando serenarse.
—Lo sé —murmuró—. Pero entiéndeme que ellos son mi vida y ahora tú también.
Ese «tú también» la estremeció. Antes de que pudiera responder, él se inclinó en busca de sus labios, pero ella se tensó, retrocediendo apenas.
—Espera, quiero contarte algo.
Liam arqueó una ceja.
—¿Qué pasa?
—Hoy en el parque apareció una mujer. Becca. Se presentó como la hermana de la jefa de Grisel. Dijo que quería conocerme porque había escuchado que vivía aquí.
—¿Becca? Ella no vive en el barrio, debió estar de visita en la casa de su hermana.
—Me hizo muchas preguntas. Quería saber quién era, de dónde venía, qué hacía aquí y si iba a quedarme mucho tiempo. No pude evitar sentirme incómoda.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—No sé, solo… ¿quién es Becca? ¿Fue alguien importante para ti?
Liam suspiró, y se pasó una mano por su cabello.
—No, Emma. No lo fue.
—Pero ustedes tuvieron algo, ¿no es así? —preguntó, mirándolo con ansiedad.
—Sí, aunque fue algo de un par de semanas.
—¿Solo un par de semanas? —insistió ella, incapaz de contener el aguijón de los celos.
Él se acercó, su voz grave y seria.
—Fue un acercamiento momentáneo. Estaba solo y necesitaba sentir a alguien a mi lado, aunque nada profundo.
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Editado: 21.03.2026