Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 42. Un plan macabro.

Becca se esmeró por planificar una cena especial en la mansión de sus padres. Aseguró cada detalle con una precisión casi obsesiva, desde el arreglo floral en el centro de la mesa hasta la música suave que flotaba en el aire.

Ese encuentro no era una velada cualquiera, era una estrategia. Su plan para alcanzar un objetivo nacido de una obsesión: Liam Hamilton.

Camila y Julián Holt llegaron poco después de las ocho. Ella los recibió con sonrisas amplias. Una empleada tomó sus abrigos y Frances, la madre de Becca, estrechó sus manos y les dio besos en las mejillas con la elegancia de una anfitriona experimentada.

—¡Camila, Julián! —dijo John, el padre de Becca, con voz cálida—. Qué honor tenerlos en nuestra casa. Bienvenidos.

—El honor es nuestro —respondió Julián, siempre impecable en traje oscuro y con el porte altivo que lo caracterizaba.

Se acomodaron en la sala de estar para tomar un aperitivo. Entre copas de vino y pequeños bocados, la conversación giró en torno a proyectos urbanísticos.

Julián describía con entusiasmo la magnitud de las inversiones que se venían en la ciudad, oportunidades de expandir zonas residenciales de lujo y abrir espacios comerciales exclusivos.

—Con la inyección correcta de capital, esto puede ser el negocio de la década —comentó, gesticulando con su copa en alto.

—Eso es justo lo que más me interesa —dijo el padre de Becca—. Busco mover mi dinero para hacerlo crecer y contar con tu visión me da mucha ventaja.

—Hay un proyecto en especial donde están involucrados unos buenos amigos, yo pienso invertir con ellos. Podría enviarte el folder para que evalúes la propuesta.

—Me encantaría, siempre estoy a la caza de nuevas y excelentes oportunidades.

Becca escuchaba en silencio, interviniendo de tanto en tanto con una observación aguda. Sabía que el plato fuerte de la noche no estaba en los negocios, sino en la conversación que deseaba provocar luego: un estudio minucioso sobre Emma Bowen.

La cena fue servida poco después. Los platos llegaban presentados de forma impecable, acompañados de un vino tinto de cosecha especial.

Cuando ya los alimentos se fueron consumiendo y los ánimos se relajaron con ayuda del licor, ella se atrevió a tocar el tema que le interesaba.

—Esta tarde fui al parque con Grisel para pasar un rato con mi sobrina y me encontré con Liam.

—¿Con Liam? —consultó Camila desconcertada.

—Sí, me dijo que consiguió unas horas libres en la oficina para estar con los gemelos. No imaginan lo felices que estaban los niños jugando alrededor de su padre.

Julián resopló.

—Solo les concede unas horas de diversión y luego una vida de abandono.

—Pero tengo entendido que contrató a esa mujer, Emma Bowen, para que los cuidara y no estuviesen tan solos —pinchó Becca.

Julián se inclinó hacia adelante, con un gesto de molestia.

—Ella es una mujer extraña, desconocida para nosotros. Mandé a investigarla y así supe que vivió en San Francisco antes de mudarse a Seattle seis años atrás. No terminó la universidad porque su madre enfermó de cáncer, en Seattle halló una oportunidad en un hospital para tratarse. En ese tiempo Emma se quedó con sus padres mientras trabajaba como encargada de una tienda de ropa, hasta que su madre se recuperó y luego se fue a vivir con un tal Marco Smith a la ciudad de Salem, en Oregon.

Becca arqueó una ceja con fingida reflexión.

—Curioso, entonces, ¿qué la trajo de regreso a San Francisco?

Camila soltó un suspiro cargado de sospecha.

—Esa pregunta produce interrogantes interesantes. ¿Qué sucedió con el tal Marco? Si Emma terminó su relación con él, ¿por qué no volvió a Seattle con sus padres? ¿Qué hace de nuevo aquí, sola, y sin ningún plan claro? Porque nos dijo que regresó a San Francisco algo perdida y no tenía un lugar a dónde llegar. Por eso le solicitó refugio a Liam.

—Tal vez vino a San Francisco en busca de independencia y para terminar sus estudios —aventuró Becca, aunque su sonrisa delataba que había más detrás de su duda.

—¿Independencia o conveniencia? —replicó Camila, con dureza—. No me parece coincidencia que justo apareciera en la vida de Liam, un hombre viudo, con dinero y solo con dos niños pequeños.

El cuchillo de Julián chocó contra el plato con un golpecito seco.

—Es una aprovechada. No hay otra explicación. ¿Qué mujer se instala en la casa de un hombre con hijos sin la menor prudencia? Para mí es un peligro para mis nietos.

Becca bajó la mirada con un gesto calculado de modestia, aunque por dentro sonreía con triunfo. La conversación tomaba el rumbo que esperaba.

—Quizá deberían investigar a ese tal Marco Smith —sugirió John, oyendo la conversación con el ceño fruncido—. Algo debió de suceder en Salem para que ella lo dejara y se mudara aquí, sola. No sería raro que arrastre un historial complicado. Pudo incluso, haberle hecho daño a ese hombre y vino a esconderse de la policía.

Los ojos de Camila brillaron llenos de temores.




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