Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 44. Una sombra cercana.

Liam y Emma se levantaron la mañana del sábado más temprano que de costumbre, y ambos, entre risas, besos y caricias prepararon el desayuno de los gemelos.

Cuando ellos despertaron, el aroma de los panqueques y del jugo de naranja llenaba el aire. Emma servía la leche en los vasos de los niños mientras Liam acomodaba los alimentos en los platos.

Lucas y Matt se sentaron a la mesa con los muñecos que habían llevado consigo, emocionados por el rico olor de la comida. Balanceaban en la silla sus piernitas demostrando impaciencia.

Esa mañana sentían algo distinto en el ambiente, una expectación que ellos aún no podían descifrar.

—Hoy hay algo especial que queremos contarles —dijo Liam luego de que terminaran de comer su desayuno.

Los gemelos abrieron los ojos llenos de emoción. Amaban las sorpresas.

—¿Qué? —preguntaron al unísono.

—Emma y yo hemos decidido casarnos.

Los niños se quedaron en silencio por unos segundos, como si procesaran la noticia. Lucas fue el primero en reaccionar.

—¿De verdad? ¿Eso significa que Emma va a vivir aquí para siempre?

Emma sonrió, conmovida.

—Sí, mi amor. Para siempre.

—¿Y va a ser nuestra mamá? —preguntó Matt, con los ojitos brillando de ilusión.

Un nudo se formó en la garganta de Emma. Compartió una mirada con Liam y luego con ellos.

—Si ustedes quieren, claro que sí.

—¡Entonces, ¿podemos decirte mamá?! —exclamó Matt sin poder contener la emoción.

Emma no pudo evitar que las lágrimas le humedecieran los ojos.

—Oh, Dios. Creo que sí.

Ellos gritaron llenos de emoción y se bajaron de sus sillitas para abrazarla.

Liam, que había planeado ese momento con cuidado, se levantó de la mesa y metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón deportivo. Sacó una pequeña cajita de terciopelo azul que Emma miró sorprendida.

—¿Qué es eso? —susurró ella.

Los niños lo observaban con la boca abierta.

Liam se arrodilló frente a Emma, abrió la caja y reveló una sortija sencilla aunque elegante, con un diamante que brillaba como si fuese un rayo de sol.

—Emma Bowen —dijo con voz firme y emocionada—, ¿quieres casarte conmigo y con estos dos pequeños terremotos?

La cocina entera pareció contener la respiración. Emma se cubrió la boca con las manos, sus lágrimas ya corriendo sin control.

—Sí, Liam. Sí quiero.

El grito de los gemelos retumbó en toda la casa.

—¡Síííííííííííí!

Luego de que le pusiera la sortija en la mano, ellos saltaron hacia ella para abrazarla de nuevo. Liam se unió en ese abrazo apretado y la besó en los labios por encima de las cabecitas de sus hijos.

—¡Ahora somos una familia de verdad! —dijo Lucas apretando la cintura de Emma.

—¡Y vamos a celebrar! —agregó Matt, con emoción desbordante.

Liam besó a Emma de nuevo, delante de los niños, sin importarle nada más. Por primera vez no había dudas, ni sombras, ni miedos que empañaran ese instante.

—Sí vamos a celebrar. ¡Hoy vamos a ir juntos a un parque acuático!

El griterío fue ensordecedor. Los gemelos salieron disparados a buscar los juguetes que querían llevar a ese paseo repentino mientras Emma veía al hombre con asombro.

—¿Al parque acuático? —preguntó divertida.

—Sí. Les compraremos trajes de baño nuevos, toallas y salvavidas. Hoy será un día inolvidable.

—Por lo que veo, tenías todo un plan hecho. —Observó la sortija con atención—. ¿De dónde sacaste esto?

—La compré hace unos días para ti —dijo con sonrisa pícara—. Sabía que no te negarías —reveló, antes de apresarla entre sus brazos y besarla a profundidad, sintiendo que el pecho tan desbordado de dicha que creía que en algún momento el corazón se le saldría.

Antes de marcharse de casa, Emma y lo gemelos fueron primero al patio a cortar flores frescas y ponerlas frente al retrato de Vanessa en la sala. Mientras lo hacían, los niños le contaban a su mamá que tendrían una nueva mamita, que iba a quererlos mucho.

Emma no pudo evitar llorar por la ternura del momento y los abrazó a ambos con fuerza asegurándoles que iba a amarlos por siempre con todo su corazón.

Un par de horas después, la familia Hamilton llegaba al parque acuático cargada de bolsas de colores. Emma, algo tímida, llevaba puesto un traje de baño nuevo que Liam había elegido para ella en la tienda. Él no dejaba de mirarla con adoración.

—Estás preciosa —le susurró al oído mientras los niños corrían hacia la pileta infantil.

—Deja de decir eso, me vas a sonrojar —replicó ella, aunque en sus labios brillaba una sonrisa que no podía ocultar.

Los gemelos estrenaban salvavidas con figuras de dragones y dinosaurios, compitiendo para ver quién chapoteaba más fuerte. Liam se metió al agua para acompañarlos, cargándolos en sus hombros y lanzándolos al aire entre carcajadas.




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