Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 46. Entre las sombras del bar.

Cuando Liam y Darryl atravesaron la entrada del bar Seven, este hervía por las risas, las conversaciones amenas y el tintineo de las copas y de los vasos de cristal. El ambiente era vibrante.

Darryl lanzó un silbido de aprobación.

—Vaya, este lugar sigue igual de lleno que siempre.

Liam lo ignoró, su mirada ya había localizado la mesa donde Emma estaba con sus amigas. El corazón le dio un vuelco al verla.

El contraste entre la sencillez de su atuendo y el brillo de su sonrisa la hacía la mujer más hermosa del lugar.

Al llegar, Emma se levantó para abrazarlo. Liam la besó sin reparos, con una intensidad que arrancó carcajadas en Carla y un suspiro teatral en Lidia.

—Buenas noches, chicas —saludó Liam cuando se separó de ella, sin soltarle la mano—. Espero que no les moleste que trajera compañía.

Darryl apareció detrás, lanzando una sonrisa encantadora.

—Un gusto de verlas, jovencitas.

—¡Jovencitas! —exclamó Carla, alzando su copa—. Gracias por el halago.

Lidia lo saludó con un movimiento tímido de la cabeza, pero en cuanto sus ojos se cruzaron, algo invisible pareció vibrar en el aire.

Ella, que había estado jugando con su copa vacía algo desanimada, enderezó la postura. Él le devolvió la mirada con un brillo curioso.

Liam, ajeno al intercambio silencioso entre ellos, vio al hombre sentado junto a Carla. Un tipo moreno, de gesto serio y mandíbula marcada, que parecía estar fuera de lugar en ese ambiente festivo.

—Tú debes de ser Jason Graham, ¿no es así? —preguntó tendiéndole la mano.

Felton lo miró desconcertado, aunque igual estrechó su mano.

—¿Jason?

Carla se apresuró a intervenir, riendo nerviosa.

—¡No, no, no! Este no es Jason. Él es Felton, un compañero del restaurante. Es chef. Tuvo un día horrible y lo arrastré hasta aquí para que se relajara.

—Oh, lo siento. Pensé que eras Jason. Un gusto conocerte, Felton.

Miró a Lidia, quien intentó sonreír aunque el gesto le salió torcido.

—No, Jason… no ha llegado aún.

Su voz sonaba cargada de decepción. Ese hilo de tristeza que no pasó desapercibido para Darryl, así que llamó al camarero para solicitar una ronda nueva de tragos y levantar los ánimos.

—¿Qué estabas bebiendo? —le preguntó a Lidia con naturalidad.

Ella lo miró sorprendida por la fijeza de su mirada.

—Eh… un Cosmopolitan.

—Perfecto, tráele a la chicas una ronda nueva de cóctel y a mí también, y a los chicos una botella de whiskey —ordenó al camarero, antes de volver su atención a la mujer con una sonrisa ladeada—. Así ya tenemos algo en común.

Lidia soltó una risita tímida y por primera vez en la noche sus ojos brillaron con algo distinto a la espera frustrada.

Emma los observó con interés desde su sitio mientras Liam se acomodaba a su lado. Agradeció en silencio que Darryl hubiese tomado la iniciativa. Lidia había estado toda la semana hablando de Jason Graham y ahora parecía al borde de la desilusión.

—Así que, Felton, ¿eres chef? —preguntó Liam para cortar el hielo.

El aludido bufó.

—En realidad, soy un esclavo de cocina. Hoy tuve un día de locos. Si Carla no me hubiese traído, quizás estaría lanzando cuchillos al fregadero.

La mujer puso los ojos en blanco.

—No le hagas caso. Es un excelente profesional, pero gruñón por naturaleza.

—Me está presentando como a un perro malhumorado —murmuró él, provocando que Liam y Emma rieran.

Mientras tanto, Darryl y Lidia parecían haber creado una burbuja aparte. Él la escuchaba con atención genuina mientras la interrogaba sobre su trabajo en la clínica odontológica, sobre sus pacientes más curiosos y hasta bromeaba con el cliché de que todos odiaban a los dentistas.

Lidia, que al inicio había contestado con reservas, pronto se encontró riendo con espontaneidad.

—¿Y tú? —preguntó ella con el rubor subiéndole a las mejillas—. ¿A qué te dedicas?

—Soy la mano derecha e izquierda de Liam en la constructora. Sin mí ya se habría ahorcado —contestó Darryl con chanza y arqueó una ceja en dirección a su amigo.

—La verdad, es el encargado de la diversión en la constructora —respondió Liam.

—¿Diversión? —preguntó la mujer, impactada.

—Soy el que organiza fiestas y cenas para los clientes. Con eso los emborrachamos para nos firmen todos los contratos que preparamos para ellos. El alcohol vuelve más placenteras las charlas de negocios.

—Oh, ya veo —opinó Lidia sonriente mientras el resto reía a carcajadas por la ocurrencia.

El camarero llegó con las bebidas y, sin pensarlo, Darryl levantó su copa.

—Por esta noche —dijo mirando a Lidia—. Porque al menos no terminamos solos en casa.

La mujer alzó su copa y la chocó con la suya.




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