Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 47. Atrapada.

Las sonrisas se volvieron más amplias a medida que pasaba la noche, las palabras más sueltas y las carcajadas más frecuentes. La mesa en el Seven estaba llena de vasos y copas vacías y restos de aperitivos.

Emma no dejaba de mirar su anillo bajo la luz tenue del bar. Cada destello le recordaba lo que había dicho la mañana anterior: «Sí quiero casarme contigo».

La alegría de que pronto tendría una vida estable con Liam y los gemelos la llenaba de dicha. Lo que siempre había soñado le llegó luego de haber caído en la peor de sus crisis.

¿Lograría superar sus pérdidas junto al hombre que siempre había amado? ¿Podrían ser felices a pesar de que aún quedaban sombras acechándola?

—Ya basta de estar aquí sentados —propuso Carla, la más animada de todas—. Vamos a bailar a Tequila y Limón. ¡Está a dos cuadras!

La idea entusiasmó a todos. Hasta a Darryl, quien había llegado con la tristeza de su ruptura, pero quien ya mostraba un aire renovado. Lidia lo observó con cierta complicidad, sin acordarse por la ausencia de Jason.

Emma y Liam intercambiaron una mirada divertida. Sentían que el grupo tomaba un rumbo despreocupado, lo que les concedía una paz que hacía tiempo no habían experimentado y que tanto necesitaban.

Salieron en tropel hacia la calle, entre bromas y comentarios atolondrados. El aire fresco de la noche les golpeó el rostro trayendo consigo el rumor distante de música proveniente de la discoteca.

—Un momento —dijo Lidia de repente—. Necesito ir al baño o no llego.

Emma y Carla la escoltaron entre risas hacia el interior del bar, aprovechando la ocasión para también usar los servicios. Liam, Darryl y Felton se quedaron afuera. Felton sacó un cigarrillo con un gesto ansioso.

—Necesito uno antes de meterme a bailar —comentó, buscando en sus bolsillos un encendedor. Ya tenía el carácter más relajado gracias a los tragos y las risas.

—¿Y tú qué cocinas? —preguntó Darryl, siempre curioso.

Felton exhaló la primera bocanada y sonrió con ironía.

—De todo un poco, pero la alta cocina me aburre. Soy más de comida tradicional. Me gusta preparar platos que tengan personalidad e historia, que hagan sentir a la gente que está viva.

—Ohhh, yo amo las sopas que me preparaba mi abuela. He comido en infinidad de restaurantes de alto nivel, en varios países del mundo, y nada le gana a las sopas de mi abuela.

—Eso es porque tienes su sabor muy arraigado en tu mente y sin proponértelo, lo buscas en todo lo que comes. Es mágico cuando encuentras a alguien que se acerque a él y te lo trae de vuelta. Me encanta generar ese efecto en mis clientes.

Mientras ellos charlaban, Liam se mantenía al pendiente, no estaba relajado. Una sombra de inquietud se instaló en su pecho desde que salieron. No podía explicarlo del todo, pero algo le decía que debía estar atento.

Repasó el estacionamiento con atención, hasta que vio una camioneta negra estacionada a un lado, oscura, como un animal agazapado. El corazón le dio un vuelco.

Emma le había descrito el vehículo que solía usar Marco y ese era casi idéntico.

Resultó como una premonición. El aire de diversión se evaporó de su ánimo, así que de disculpó con los chicos.

—Voy a ver cómo están las chicas —murmuró, y sin esperar respuesta entró de nuevo al bar.

Darryl lo miró con extrañeza, pero lo dejó ir. Pensó que estaba tan ansioso por estar con Emma que no podía dejarla sola ni in segundo.

***

Dentro del baño de mujeres, Carla aún ocupaba uno de los cubículos y Emma se encontraba frente al espejo. Retocaba un poco su cabello suelto.

A su lado, Lidia repasaba sus labios con un pintalabios rojo mientras su rostro mezclaba la rabia y la coquetería.

—No puedo creer que Jason no haya aparecido ni mandado un mensaje —se quejó, arrastrando las palabras con el tono del alcohol.

—Tal vez pasó algo, no lo juzgues todavía —expuso Emma.

—Bah —bufó Lidia, guardando el labial en su bolso con brusquedad y buscando el rímel—. Estoy furiosa. Pero… —sonrió, dejando que un brillo pícaro iluminara sus ojos— …ese amigo de Liam, Darryl, es muy lindo.

Emma soltó una risita suave.

—Ninguno de los dos se quitan los ojos de encima.

—Imposible hacerlo, es muy atrayente —reveló Lidia con picardía.

Más mujeres comenzaron a entrar, ocupando los espejos y los cubículos. El lugar se llenaba de risas, perfumes intensos y pasos de tacones. Emma, que ya había terminado con su retoque, decidió salir. Anhelaba estar con Liam.

—Las espero afuera —dijo con un gesto distraído y salió al exterior.

El pasillo hacia la salida estaba más vacío que el baño. El murmullo del bar se escuchaba lejano.

Emma caminó con su bolso colgando del hombro tratando de mantener el paso firme pese al mareo del alcohol. Cuando cruzó la puerta hacia el estacionamiento, no tuvo tiempo de reaccionar.

Un brazo fuerte la rodeó desde atrás, inmovilizándola. Una mano áspera se cerró sobre su boca justo antes de que pudiera gritar. El corazón le estalló en el pecho.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.