Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 53. Por el bien de todos.

Liam hizo pasar a sus suegros al despacho y luego cerró la puerta con firmeza, quedándose unos segundos de espaldas. Respiró hondo, sabía que aquella conversación no iba a resultar sencilla. Julián y Camila no eran fáciles de manejar, pero no dejaría de intentarlo.

Al girarse, notó que Julián lo observaba con los brazos cruzados, el ceño fruncido y una rigidez en la mandíbula que revelaba más de lo que su voz le diría. Camila, en cambio, mantenía una mezcla de preocupación y ofensa. Sus ojos estaban puestos en los moretones que Liam tenía en el rostro, incapaces de apartarse de ellos.

—Quiero saber qué ha pasado —exigió Julián, cortando el silencio con una voz seca.

Liam caminó a su escritorio, pero no se sentó. Solo apoyó las manos en el respaldo del sillón.

—Anoche salí con Emma, Darryl y unos amigos a tomarnos una copa en un bar. Intentaron robarme cuando ya estábamos de salida. Pude defenderme, pero ya ven el resultado.

Camila se llevó una mano a la boca, incrédula.

—¿Un robo? ¿Acaso no había seguridad en ese lugar? ¿Por qué te golpearon solo a ti?

Sus palabras salieron atropelladas, llenas de miedo disfrazado de incredulidad.

—Emma se retrasó por ir al baño con sus amigas y Darryl se dirigió a su auto mientras que yo iba al mío, por eso nos separamos —respondió con serenidad—. Hoy estuve en la comisaría haciendo la denuncia.

Julián, sin embargo, no parecía convencido.

—¿Atraparon al agresor? ¿O logró escapar como siempre sucede?

—Escapó, pero la policía ya maneja los datos del hombre y lo están buscando.

—Aunque lamento lo que te sucedió, al menos me alegra que no haya ocurrido una tragedia. Sin embargo, ¿eso tiene algo que ver con el hecho de que Emma no nos haya permitido salir con nuestros nietos hoy? —reprochó el hombre.

Liam respiró hondo. De camino al despacho había ideado una mentira para convencerlos, sin confesarles nada sobre Marco y su relación con Emma, así ellos no desconfiaban de ella.

—Pienso que el sujeto que me atacó pudo haber sido un antiguo empleado de la constructora que no aceptó bien su despido. No tengo pruebas aún, pero sí muchas sospechas. La policía está investigando.

Julián apretó los labios.

—Dime quién es. Yo también tengo contactos, puedo averiguar por mi cuenta.

La negativa fue inmediata.

—No. No necesito que intervengas. Yo puedo resolverlo.

Un silencio incómodo se apoderó del lugar mientras ellos compartían miradas que parecían desafíos.

Camila rompió la quietud con una voz temblorosa.

—Liam, piensa en los niños. Si hay alguien siguiéndote buscando venganza y existe un riesgo real, ¿no sería mejor que ellos se quedaran con nosotros un tiempo para estar seguros? Tenemos una casa de verano en San Diego. Julián y yo podríamos pasar un par de semanas con ellos en ese lugar, tranquilos, hasta que todo esto se aclare.

Él negó de inmediato.

—No voy a arrancarlos de su hogar ni de su rutina. Los niños necesitan estabilidad, no cambios drásticos y menos por un asunto que no ha sido confirmado. Aquí están seguros, he reforzado la seguridad de la casa.

Camila frunció el ceño, su tono subió apenas un poco.

—¿Seguros? ¿Después de que casi te matan en la calle? ¡No puedes pedirnos que nos quedemos tranquilos!

—Camila tiene razón —agregó Julián—. Es irresponsable tenerlos aquí en casa, solos, mientras tú trabajas. Si tú estás en peligro, ellos también lo están.

Liam enderezó la espalda, firme.

—No están en casa solos. Emma los acompaña y los cuida.

El intercambio dejó un eco amargo en el aire. Camila suspiró, ofendida, y Julián lo miró como si lo estuviera midiendo, aunque decidió cambiar el rumbo de la conversación.

—Entonces, explícame algo, muchacho. ¿Por qué Emma lleva un anillo de compromiso en la mano?

El corazón de Liam dio un vuelco, pero no apartó la mirada.

—Porque le pedí matrimonio y ella aceptó. Vamos a casarnos.

El silencio fue aún más brutal que antes. Camila abrió los ojos de par en par, llevándose una mano al pecho.

—¿Cómo pudiste no decirnos nada? ¿Debiste hablarlo primero con nosotros?

Liam frunció el ceño.

—No es un asunto de ustedes. Es mi vida personal. Mi decisión.

—¡Los gemelos están involucrados! —soltó Camila—. Todo lo que hagas con Emma afectará a esos niños y nosotros tenemos derecho a opinar.

—No, Camila, lo que haga con Emma solo nos concierne a nosotros dos. A los niños ya les contamos sobre la boda y están felices con la idea. Eso es lo que importa.

Julián apretó los puños, conteniendo su enojo.

—Los gemelos son pequeños, no entienden las consecuencias. ¿Crees que su alegría basta para justificar una decisión tan precipitada?

—No es precipitada. Conozco a Emma desde hace años y este tiempo en que hemos convivido juntos descubrimos que somos compatibles en infinidad de sentidos. Ella ama a los niños, y ellos a ella, por eso le propuse matrimonio. Quiero formar con Emma una familia estable. Ustedes deberían alegrarse, no cuestionarlo. Desde hace mucho me han pedido que busque una madre para mis gemelos.




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