Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 62. La futura cena.

Emma se reunió con sus amigas en un café luego de acompañar esa mañana a los niños a la escuela. Por culpa de la amenaza de Marco, le resultaba difícil dejarlos solos.

Mientras ellas disfrutaban en una mesa, su chofer/guardaespalda se encontraba en las cercanías, atento a los alrededores.

—Te confieso, amiga, que los Holt me dan un poco de miedo —reveló Lidia mientras revolvía el azúcar en su café con una cucharita—. Camila siempre mira con altanería, por encima de su hombro, pareciese que en cualquier momento te escupirá una ofensa, y Julián está en todo momento con el ceño fruncido, como si te juzgara hasta por respirar. Cuando estoy cerca de ellos casi ni me muevo, me intimidan.

Emma mostró una sonrisa algo triste.

—A mí también me dan un poco de miedo y suelo quedarme paralizada cuando ellos van a casa. Sé que no les agrado, me ven como una intrusa, un peligro para sus nietos.

—No tiene que importarte lo que ellos digan o piensen, sino lo que pase entre Liam, los niños y tú —aconsejó Carla luego de darle un trago a su bebida—. Al final de cuentas, vas a vivir con ellos. Los Holt solo serán pasajeros.

—Pasajeros importantes —aclaró Emma—. Liam no quiere borrar la imagen de los abuelos en los niños, desea mantenerla todo lo posible. Ellos son los únicos familiares directos que tienen luego de su padre y para su crianza son imprescindibles.

—Eso es cierto —apoyó Lidia—. Yo tengo recuerdos muy dulces de mis abuelos. Ellos me enseñaron grandes cosas que ahora de adulta me han servido.

—Los Holt tienen un carácter terrible, pero con los niños son puro amor. Los gemelos se alegran cuando los ven y disfrutan en grande cuando pasan tiempo juntos. Es más, algunas veces me piden que les haga las tostadas como se las hace su abuela, o le cuente historias de terror como lo hace su abuelo. Tienen cosas favoritas con ellos que se esfuerzan en conservar.

—Claro, es que esos dos son un par de viejos jubilados que no tienen más distracción que la vigilancia de sus ingresos y compartir con sus nietos. Por eso han acumulado con ellos tantos recuerdos —aportó Carla—. Y por eso también insisten en la custodia. Sin ellos deben aburrirse.

—Liam me contó que con Vanessa, la madre de los gemelos, eran muy sobreprotectores y autoritarios y eso hizo que la mujer se rebelara y se casara joven. Ella encontró en Liam un escape, a pesar de que en ese tiempo le habían diagnosticado su enfermedad y había cosas que no podía hacer porque serían peligrosas, como ser madre. Sin embargo, Vanessa decidió hacerlo porque era su sueño y tenía la esperanza de que todo saliera bien. Camila y Julián sienten que cometieron muchos errores con ella, que fallaron como padres empujándola de alguna manera a la muerte, al no convencerla de que existían otros caminos para cumplir sus sueños sin arriesgarse.

—Que duro, es un escenario muy triste y supongo que el arrepentimiento que queda es difícil de llevar. Podría decir que los entiendo —opinó Lidia.

—Yo no, porque, ¿qué podrías cambiar si lo intentas otra vez con otro hijo, o en este caso, con sus nietos? —agregó Carla—. Esa pareja se ve que es controladora, eso no lo van a cambiar de la noche a la mañana. Si ellos se quedan con la custodia, tendrán a esos niños tan vigilados como tuvieron a su madre, pero los gemelos son diferentes. Porque ellos, además, heredaron la terquedad de su padre, y no están solos, ya que se tienen a ellos mismos y a Liam. Así que, cuando sean adolescentes, les van a generar un sinfín de problemas que podría llevarlos al odio. Lo mejor es que se mantengan como están ahora, como los abuelos consentidores y los dejen crecer en paz y en libertad sin dejar de hacerles llegar su cariño.

Emma suspiró hondo. Ojalá fuese sencillo de hacerles entender esa teoría.

—El tema es que ellos se sienten atacados por la noticia de mi boda con Liam. Si antes desconfiaban de mí, ahora lo hacen el doble, y hasta pienso que están ideando una manera de sacarme del medio por la seguridad de los niños. Ya hasta hablan de sus miedos con terceros, buscando consuelo y apoyo. Por eso, quisiera hacer algo para que me conozcan y confíen en mí, para que no me sigan viendo como una mujer mala que les robará el amor de sus nietos.

—¿Hacer algo? ¿Cómo qué? —preguntó Lidia.

—Ayer fue a la casa Becca. ¿Recuerdan que les hablé de ella?

—¿La examante de Liam? —consultó Carla de mala gana.

Emma apretó los labios antes de hablar.

—Sí, la mujer que conocí en el parque y es muy amiga de los Holt. Ella fue la que me contó que ellos habían estado en su casa hablando del miedo que sienten por la boda y me propuso algo que me pareció interesante.

—¿Qué te propuso? —quiso saber Lidia, con recelo.

—Preparar una cena en honor a los Holt, con comidas que a ellos les gusten y crear un ambiente cálido para conversar y así puedan conocerme. A esa pareja les gusta que los consientan y los halaguen. Buscan siempre el reconocimiento y la aprobación.

—Típicos ricachones, vanidosos y engreídos —se quejó Carla.

—Becca se ofreció a ayudarme a crear una velada única en casa, para ellos.

—¡¿Qué?! —soltaron Lidia y Carla al mismo tiempo.

—La examante, que obviamente está celosa, ¿va a ayudarte a organizar una cena para complacer a tus casi suegros? —consultó Carla con desconfianza—. Porque los Holt vienen siendo algo así como tus suegros en este caso, a quienes tienes que complacer para ganarte su aprobación.




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