Liam salió del estacionamiento de la constructora hacia la escuela St. James. Mientras manejaba se comunicó con Emma.
—Liam, ¿todo bien? —preguntó ella extrañada por su nueva llamada de esa mañana.
—Emma, no salgas de la casa. Por favor, prométeme que no lo harás.
—¿Qué sucede?
—Creo que Marco está cerca. Te pido que te mantengas en la casa, rodeada por los guardaespaldas. Iré en unos minutos.
—Liam, me estás asustando.
—Confía en mí, amor, te lo pido. Voy por los niños y luego me reuniré contigo en la casa, pero no salgas. Promételo, Emma.
—No puedo prometerte eso. ¿Si lanzan una bomba dentro y debo salir? Lo único que voy a prometerte es que seré precavida y no me alejaré por nada del mundo de los guardaespaldas. Es más, les avisaré para que estén alertas.
Él apretó la mandíbula y las manos en el volante.
—No quiero perderte, Emma. Por favor, no te alejes nunca de mí.
—Eso jamás lo haré, confía en mí. Pero dime qué pasa, Liam. ¿Por qué vas a buscar a los niños tan temprano?
—Luego te cuento. Voy a tener que cortar la llamada —dijo, al percatarse que la vía al colegio se encontraba cerrada.
Un cordón policial hacía desviar a los autos. Necesitaba hablar con los oficiales para que lo dejaran pasar.
—No me dejes con la intriga, por favor —rogó Emma.
—Dame unos minutos, tengo que hablar con unas personas. Luego te llamo.
Ella quedó paralizada en medio del pasillo de las habitaciones cuando él cortó. El miedo le subió por el estómago amenazando con desestabilizarla.
Corrió a la entrada para alertar a los vigilantes en caso de que a Marco se le ocurriera invadir la casa. Luego se dirigió a la cocina en busca del chofer/guardaespaldas, para avisarle de la posibilidad de salir si se presentaba una emergencia, pero la cocinera apareció de repente atravesándose en su camino.
—Señora, pasó algo en el colegio de los gemelos.
Aquella noticia que le heló la sangre a la mujer.
—¿Qué sucedió?
—Hubo una amenaza de bomba, la policía está evacuando la escuela. Los del noticiero están trasmitiendo lo que ocurre.
Emma corrió ahora a la sala de estar para encender el televisor. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras veía las imágenes de lo que estaba pasando en la escuela de los gemelos.
«La Unidad de explosivos de la Policía de San Francisco evalúa cada rincón de la instalación con su equipo K9, que cuenta con perros entrenados capaces de detectar aparatos peligrosos hasta en los rincones más apartados».
Emma se cubrió la boca con ambas manos, empalideciendo. Se sintió tan mareada que tuvo que sentarse en el sofá para seguir escuchando lo que narraban los periodistas.
—Señora, ¿será necesario llamar al señor Hamilton para avisarle? —preguntó la cocinera, quien se había acercado a ella acompañada por el chofer.
—Liam ya sabe lo que pasa. Acaba de llamarme, está camino a la escuela.
La mujer se persignó mirando con angustia el televisor. El chofer se mantuvo rígido tras ella, también pendiente de lo que se decía en el noticiero.
Emma recordó en ese instante lo que Liam le había dicho:
«Creo que Marco está cerca».
Sus ojos se abrieron como platos. Allí entendió que él sospechaba que aquella locura la había planificado su expareja.
—No puede ser. No puede ser… —repitió en susurros, cada vez más asustada.
—Señora, no se preocupe, ya están sacando a los niños. Todo estará bien —aseguró la cocinera—. ¿Quiere que le haga un tecito? Eso la ayudará a serenarse.
—No —respondió Emma buscando salir del shock—. Tengo que salir. Debo ir a la escuela.
—¿A la escuela? —preguntó la mujer, confusa.
Emma se puso de pie y se dirigió al chofer.
—Tenemos que ir, pero tienes que estar preparado. Hay un psicópata acosador rondando a los gemelos y a mí. Podría atacarnos.
—Tengo armas, señora, y estoy entrenado para ataques mano a mano —respondió el hombre muy serio.
—Bien, entonces vamos. Es posible que tengas que usar algo de eso que sabes si nos encontramos con ese hombre. Si es así, no tengas piedad. ¿Entendido? —exigió con la furia y el miedo desatándose en su pecho.
Podía soportar que Marco la acorralara, la golpeara y humillara, pero no dejaría que les hiciera algo a los niños. Aquel hombre había llegado demasiado lejos y no debía permitir que eso siguiera sucediendo.
Iría por los gemelos y, si se lo encontraba, lo detendría de alguna manera. No iba a consentir que dañara a su nueva familia. Ella tenía un límite y Marco lo estaba atravesando.
***
Liam tuvo que discutir largo rato con los policías ubicados en el cordón de seguridad para que lo dejaran pasar. Lo ayudó el hecho de que la directora lo llamara en ese momento exigiendo su presencia.
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Editado: 10.04.2026